Científicos imprimen neuronas artificiales que activan células cerebrales de ratones: las pruebas abren la puerta a implantes que recuperen audición, visión y movimiento
Son capaces de reproducir con gran fidelidad los patrones eléctricos del cerebro.

En plena aceleración de los avances científicos, donde la tecnología empieza a cruzar fronteras que hace apenas una década parecían propias de la ciencia ficción, los laboratorios están logrando que lo artificial y lo biológico no solo convivan, sino que se entiendan. Un terreno en el que cada avance redefine cómo concebimos hoy en día la salud, la inteligencia y los límites del propio cuerpo humano.
En ese contexto, un equipo de la Universidad Northwestern ha dado un paso decisivo en la frontera entre electrónica y biología. Sus investigadores han desarrollado neuronas artificiales impresas capaces de reproducir con gran fidelidad los patrones eléctricos del cerebro y de interactuar directamente con células nerviosas reales, un avance que acerca la posibilidad de dispositivos capaces de integrarse de forma más natural en el sistema nervioso y mejorar tratamientos que hasta ahora dependían de señales mucho más rudimentarias.
El trabajo, publicado en Nature Nanotechnology, apunta tanto a nuevas neuroprótesis como a hardware inspirado en el cerebro más eficiente energéticamente. El experimento ha demostrado su potencial en pruebas con tejido cerebral de ratón, donde estas neuronas artificiales lograron activar células reales y desencadenar respuestas similares a las que se producen de forma natural en el cerebro.
¿Cómo es posible?
Los investigadores usaron tintas electrónicas basadas en disulfuro de molibdeno (MoS₂) y grafeno, depositadas sobre polímeros flexibles mediante impresión por chorro de aerosol. En vez de ver el polímero residual como un defecto, aprovecharon su descomposición parcial para crear filamentos conductores que provocan una respuesta eléctrica parecida a un “disparo” neuronal, con distintos patrones de señalización, desde impulsos únicos hasta ráfagas continuas.
Al aplicar esas señales a cortes de cerebelo de ratón, el equipo observó que coincidían en temporalidad y duración con rasgos biológicos esenciales y lograban desencadenar actividad en neuronas vivas. Según los autores, ese encaje entre la forma del pulso y el ritmo neuronal marca una diferencia frente a intentos previos, que eran demasiado lentos o demasiado rápidos para comunicarse bien con tejido real.
Con este avance científico, Northwestern plantea ahora interfaces cerebro-máquina y de neuroprótesis, incluidas prótesis o implantes que algún día podrían ayudar a recuperar funciones como la audición, la visión o el movimiento. La idea, en términos sencillos, es pasar de “imitar” al sistema nervioso a interactuar con él con mucha más precisión. Así se abre la puerta a terapias más eficaces y personalizadas que respondan al lenguaje real del cerebro.
Más allá de la medicina, el hallazgo también puede ser útil en el campo de la computación neuromórfica, el cual busca diseñar sistemas capaces de procesar información con menos gasto energético que los chips tradicionales. Un enfoque que acerca la tecnología a un modelo más parecido al del cerebro humano: flexible, adaptable y sorprendentemente eficiente en un momento en el que el crecimiento de la inteligencia artificial exige soluciones cada vez más sostenibles.
