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El Terremoto de Lisboa, aniversario de una catástrofe repetible

01/11/2012 09:24 CET | Actualizado 31/12/2012 11:12 CET

El 1 de noviembre de 1755, poco después de las 09.00 de la mañana, la ciudad de Lisboa se ve sacudida por un fortísimo terremoto que hace derrumbarse la ciudad. Este sismo, con una intensidad estimada de 8-9 puntos en la escala de Richter, también se siente fuertemente en España; ciudades como Jaén, Sevilla, Valladolid, Zamora o Ciudad Real entre otras, sufrirían graves desperfectos e incluso muertes debido a los derrumbes.

El terremoto tuvo su epicentro en el Cabo San Vicente, en las profundidades del Atlántico, provocando un tsunami que pocos minutos después del temblor arrasaría completamente la costa portuguesa, causando más de 87.000 muertos en Lisboa, una ciudad que se vería completamente devastada y donde posteriormente los incendios dejarían la ciudad convertida en el más absoluto de los caos, de ahí la denominación de este evento como Terremoto de Lisboa.

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La ciudad de Lisboa siendo arrasada por el Tsunami del 1 de noviembre de 1755.

Colección de Jan Kozak.

Las olas del tsunami llegaron a España. Un complejo de olas de más de 8 metros de altura llegaría a Cádiz, ciudad que blindada con sus murallas no sufría fuertemente la llegada del oleaje, ya que estas se cerraron, aunque se perdieron más de 2.000 vidas humanas. Huelva tampoco se libraría del impacto del mar con más de 800 muertos, la mitad en Lepe, que además sufriría la pérdida casi total de su flota pesquera.

El tsunami se transmitió a lo largo y ancho de todo el océano Atlántico, causando miles de muertos en las costas del norte de África, arrasando puertos de pescadores en la costa inglesa y arremetiendo con virulencia con las islas del Caribe.

Los efectos producidos por el maremoto fueron desastrosos para la Corona española. El Rey Fernando VI, que había vivido el terremoto, ordenó al Consejo de Castilla la elaboración de un informe sobre el terremoto, para analizar los daños y pérdidas que se habían producido en las más 1.200 localidades que habían sido afectadas. Aunque es difícil cuantificar las pérdidas, se calcula que en torno a 5.000 personas perdieron la vida en España.

La manifestación de la fuerza de la naturaleza el Día de todos los Santos fue interpretado por la Iglesia como una manifestación divina, algún tipo de castigo debido a los pecados que cometían sus gentes, aunque otros muchos científicos y pensadores de la época tratarían de dar otro tipo de respuesta, entre ellos el Marqués de Pombal, encargado de realizar un informe sobre el terremoto a partir de datos científicos.

257 años después del Terremoto de Lisboa, poco se sabe de la exposición de las costas españolas y portuguesas a recibir los efectos de un tsunami. Es difícil imaginar unas olas como las del tsunami de Japón del 11 de marzo de 2011 arrasando la capital lusa o las costas españolas como lo hicieron tiempo atrás.

No tenemos que olvidar que una de las leyes básicas de la sismología es que donde antes se ha producido un terremoto, se volverá a producir otro; la pregunta es cuándo. Tres siglos después de este acontecimiento, deberíamos plantearnos si estamos preparados o no para asumir este riesgo. Las costas portuguesas y españolas presentan una construcción y ocupación humana masiva, con mucha más población que en 1775. El mismo evento ocurrido hoy causaría una destrucción muchísimo mayor, arrasaría más ciudades y provocaría una mayor mortandad. La Bahía de Cádiz, por ejemplo, construida hasta sus máximos y mirando a un tranquilo Atlántico, puede ser un ejemplo más que posible, de una zona expuesta a un riesgo oceánico probable.

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Zonas afectadas por el tsunami y tiempo de llegada de las olas a cada parte del Océano Atlántico. Fuente: NOAA's National Geophysical Data Center.

En los últimos meses, la zona del Cabo San Vicente ha sufrido varios terremotos, todos ellos menores a 5,1 grados de intensidad según la Red Sísmica Nacional. Estos pequeños temblores deberían advertirnos de que el riesgo existe y que no lo estamos tomando en serio. Actualmente no existe un sistema de alerta de tsunami ni para Portugal ni para España, de manera que se pueda alertar de forma rápida a la población para llevar a cabo una evacuación del litoral si fuera necesario. Tampoco se cuenta con planes de emergencia o gestión de este riesgo, por lo que sería muy probable, que en caso de suceder, viviéramos una situación de caos y descoordinación total.

Coincidiendo con el aniversario del Terremoto de Lisboa, debemos plantearnos el riesgo que supone no estar preparados, no contar con sistemas de alerta y tener nuestras costas masificadas. El riesgo natural existe, pero está en nuestras manos convertirlo en catástrofe o no.