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La necesidad de establecer un 'fair play' tecnológico en el deporte

08/10/2015 07:08 CEST | Actualizado 15/10/2016 11:12 CEST

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Ilustración: Alfonso Blanco

En los últimos años son continuas las noticias que aparecen en los medios de comunicación sobre las diversas tecnologías de ultimísima hornada que utilizan a los deportistas para mejorar su estado físico o para recuperarse de alguna lesión. Una de estas últimas informaciones es que James, el jugador del Real Madrid, está utilizando para rehabilitarse de una lesión un aparato que la NASA usa con sus astronautas, pues permite una más rápida rehabilitación. Es dudoso que otros equipos de la Primera División de la Liga española puedan permitirse ese lujo.

Pero este no es el último factor que puede estropear la deseada pureza de la competición deportiva, pues también merecen señalarse el dopaje y la desigual potencia económica. Respecto de éstas ya se han tomado medidas más severas en el primer caso y más regulativas en el segundo, destacando en este sentido el denominado Fair Play Financiero. Sin embargo, respecto de los efectos distorsionantes de la tecnología aplicada al deporte no se ha tomado ninguna medida. Y no deja de ser curioso, ya que en los últimos decenios se ha producido un espectacular desarrollo de aquélla, lo cual ha supuesto una revolución en la práctica deportiva.

Los ejemplos que se pueden ofrecer son casi inabarcables: el uso de la fibra de carbono en raquetas, pértigas y otros materiales deportivos, las cámaras hipobáricas y criogénicas, los bañadores de neopreno. Y ello, sin contar con la indirecta influencia de la tecnología a través de los nutrientes y los tratamientos médicos. Uno de los últimos avances tecnológicos aplicados al deporte es el conocido como Big Data. Desde la popularización a través de la película Moneyball, es cada vez más frecuente que los clubes incorporen a su equipo técnico sofisticadas cámaras y ordenadores que captan y procesan millones de datos que se producen en un partido de fútbol y que después pueden utilizar para realizar mejores fichajes o para diseñar estrategias más eficientes. De ahí que también hayan adquirido relevancia los especialistas en análisis de datos.

El uso de la tecnología aplicada al deporte despierta dudas en tanto suponen ayudas externas al propio atleta y de alguna manera pervierten la pureza que debiera regir la competición deportiva. Pero sobre todo, porque no todos los participantes en una prueba o competición tienen la misma posibilidad de acceder a ellas, lo cual genera que se produzca una palpable desigualdad. Y es que la tecnología que se ha implantado en el deporte puede marcar la diferencia entre ser campeón del mundo o quedar en segundo lugar. De ahí que pueda hablarse ya de un dopaje tecnológico.

Resulta obvio que un equipo de fútbol que facilite a sus jugadores cámaras hipobáricas (o criogénicas), que pueda aplicar a sus jugadores lesionados los más eficaces tratamientos médicos reparadores -como el que utiliza James- o que pueda sacar ventaja del Big Data, estará en una posición aventajada respecto de los clubes que no puedan recurrir a ellos. Y dado que los efectos sobre los resultados deportivos pueden ser cada vez mayores y más decisivos, parece necesario abrir un debate acerca de si es necesario -y posible- regular el uso de todos estos dispositivos tecnológicos en el deporte, y eventualmente, establecer medidas que garanticen un Fair Play tecnológico. Porque si bien es cierto que estos avances hacen más atractivo el deporte al mejorar los resultados deportivos, también se convierte en un verdadero reto para los deportistas y países con menos recursos, que se ven incapacitados para adquirir esa tecnología deportiva necesaria para alcanzar esas metas de rendimiento.

No es fácil renunciar a la tecnología aplicada al deporte, pero, un mínimo control se hace necesario sobre este controvertido asunto que habrá de diseñarse de tal forma que sea compatible con los principios del deporte, su ética y su pureza, y respetuoso con otros principios esenciales en materia de competencia y libertad de empresa de las entidades deportivas.

Este post ha sido escrito conjuntamente con Eva Cañizares Rivas, abogada y experta en Derecho Deportivo (@evacanizares)