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Por qué voy a estar 12 meses sin comprar ropa nueva

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CLOTHES
JENNIFER M. RAMOS VIA GETTY IMAGES
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¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que fuiste de compras?

A finales del año pasado, después de comprar por impulso un pichi que no necesitaba, y que no estaba segura de que me quedara bien, empecé a pensar en el impacto que causaban mis prendas de vestir. Me di cuenta de que la moda rápida producida en masa y de fabricación barata que yo estaba comprando fomentaba las condiciones laborales poco éticas y la destrucción del medio ambiente, y además me costaba una fortuna. Decidí que tenía que cambiar drásticamente y me propuse un reto: dejar de comprar ropa durante un año.

Mis reglas eran simples: durante 12 meses no podía comprar ninguna prenda nueva de vestir producida en masa. Podía comprar en tiendas vintage o de segunda mano, podía aceptar ropa como regalo, o podía comprar prendas hechas a mano, de diseñadores independientes o del punto local de intercambio de ropa. Hasta 2017 no entraría en mi armario ninguna prenda de las típicas tiendas en las que solemos comprar todos.

Después de nueve meses de experimento, me he dado cuenta de que no solo soy más consciente de la ropa que llevo y de cómo ha sido fabricada, sino que he reevaluado mi forma de comprar ¡e incluso me veo a mí misma de otra manera!

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¿Qué he aprendido?

En primer lugar, que la talla que marca la etiqueta está abierta a interpretación. Al comprar prendas de segunda mano, me he visto obligada a ser mucho más creativa con las cosas que me pruebo: si solo hay una prenda, no vale de nada preocuparse por la talla que marque la etiqueta. Me he probado cosas desastrosas (y he tenido que pedir ayuda para sacarme algunas en las que me había intentado embutir, con las consecuentes risas del personal de la tienda de segunda mano) pero he encontrado verdaderas joyas que nunca me habría probado si hubiera ido mirando únicamente por tallas.

En segundo lugar, salir de la zona de confort no da tanto miedo como parece. Evitar la moda rápida te hace pensar con originalidad para poder seguir comprando ropa. He rebuscado en mercadillos vintage y pedido ropa prestada a mis amigos. Le encargué a una diseñadora local que me hiciera un vestido de materiales sostenibles después de ver su trabajo en una feria de artesanía e incluso me ofrecí como voluntaria para ayudar a vender merchandising de un grupo de música a cambio de una de sus camisetas. Los intercambios de ropa también han desempeñado un papel revolucionario en este proceso y han sido mi principal fuente de vestimenta desde que empecé el desafío. Evitar las tiendas en las que todos solemos comprar a veces me hacía más difícil encontrar la indumentaria perfecta, pero también significa que la ropa que tengo tiene una historia mucho más interesante. Como consecuencia, mi estilo se ha vuelto mucho más ecléctico, y ahora suelo llevar prendas de los noventa, colores muy vivos y estampados llamativos que nunca me habría planteado llevar cuando compraba de manera convencional.

Otra de las principales cosas que han cambiado es la manera que tengo de enfocar las compras. Ahora me centro mucho más en lo que necesito en vez de comprar ropa solo porque me guste. Después del verano hice una escapada a la playa y me di cuenta de que no tenía ropa adecuada ni sombrero ni gafas de sol. Después de un par de días de pánico y de pensar que iba a tener que comprar algo nuevo, me calmé y seguí las reglas. Encontré un caftán y un sombrero para el sol por menos de 2 libras en una tienda de segunda mano y llevé un par de gafas viejas a la óptica para que les cambiaran los cristales. No necesité comprar nada nuevo y conseguí reunir todo lo imprescindible para unas vacaciones.

El hecho de no poder comprar nada nuevo me hizo fijarme más en la ropa que ya tenía. En vez de buscar prendas nuevas, recurrí a lo que ya había en el armario. Puse parches de diseñadores independientes a camisas vaqueras que tenía sin estrenar, acorté algunos vestidos para que fueran más ponibles y encontré prendas a las que podía dar una nueva vida. Llevé todo lo que ya no era de mi estilo al intercambio de ropa y lo cambié por cosas nuevas: es el ciclo sin fin de la moda.

Y, por último, ¡he ahorrado una fortuna!

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Pero no todo ha sido fácil. He tenido que ver cómo mis amigos llenaban cestas y cestas en Primark y he archivado los correos electrónicos de ASOS en la carpeta de spam para no caer en la tentación. Pero cada vez que he estado a punto de rendirme he pensado en lo lejos que había llegado, y eso me ha dado fuerzas para seguir. Esta adicta de la moda rápida ahora es más dura que una piedra.

A medida que me acerco al final del reto, me siento mucho más segura de mis decisiones con respecto a la moda y mucho más feliz de la huella que está dejando mi colección de prendas. Aprecio más la ropa que tengo y soy una consumidora mucho más considerada y ética con una cuenta bancaria mucho más sana.

¡Súmate al reto! Busca un punto de intercambio de ropa, organiza un intercambio con tus amigos o localiza las tiendas de segunda mano de tu zona. Te sorprenderá lo que puedes encontrar y lo que puede llegar a cambiarte la vida.

Este artículo forma parte de Reclaim, la iniciativa global del HuffPost del mes de septiembre que busca concienciar y educar a los ciudadanos para transformarnos en mejores consumidores.

Este artículo fue publicado originalmente en la edición británica de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Lara Eleno Romero.