18 de julio de 2026, 90 años después de un golpe de Estado, no del inicio de una guerra: primer paso para la memoria
En julio de 1936 no comenzó una guerra entre dos bandos enfrentados, sino que un grupo de generales del Ejército intentó dar un golpe de Estado y fracasó. En lugar de asumir su derrota, decidieron someter a España a una guerra de larga duración.

18 de julio de 2026. Han pasado 90 años del golpe de Estado franquista. Días antes, el martes 14 de julio, uno de los creadores de contenido más famosos de España, el Xokas, celebra la victoria de España contra Francia durante las semifinales del Mundial publicando en sus redes sociales la fotografía de Adolf Hitler frente a la Torre Eiffel, cambiando, eso sí, su rostro por el del delantero español Mikel Oyarzabal. "Arriba España", escribe. Antes, el sábado 11 de julio, la organización ultra Núcleo Nacional, que une a "franquistas, falangistas y nazis", presenta en su sede en Madrid el partido Noviembre Nacional. Antes, el jueves 2 de julio, Partido Popular y Vox firman un nuevo acuerdo de Gobierno, esta vez en Andalucía, en el que se comprometen a derogar la ley de Memoria Democrática. Antes, el lunes 22 de junio, el militante antifranquista Carlos Serrano se convierte en tan solo la segunda persona que logra sentarse ante un juez en España para relatar las torturas que sufrió durante el franquismo.
A 90 años del 18 de julio de 1936, acaso la primera disputa a resolver sea la de explicar qué pasó con exactitud aquel día. ¿90 años del inicio de la guerra civil o 90 años de un golpe de Estado? La Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), que ha solicitado sin éxito al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, una declaración institucional de condena al franquismo, lo expone así: "El 18 de julio se cumple el 90 aniversario del golpe de Estado del año 1936. Quienes lo llevaron a cabo fracasaron en su intento de dominar todo el país, pero en vez de renunciar a su asalto violento del poder prefirieron llevar a cabo una guerra que con ayuda de los ejércitos de Hitler y Mussolini terminó con la construcción de una dictadura fascista que durante casi cuatro décadas fue responsable de terribles violaciones de derechos humanos, obligó a morir en el exilio a decenas de miles de personas, saqueó los bienes de miles de familias y torturó a los que consideraba disidentes políticos y morales".
Esto es, por tanto, lo que sucedió, algo que todavía conviene recordar pese a que hayan pasado ya nueve décadas: el 18 de julio de 1936 una parte del Ejército español, liderada por los generales Emilio Mola y José Sanjurjo, intentó dar un golpe de Estado contra el legítimo Gobierno de la II República española, conformado tras la victoria del Frente Popular en las elecciones generales de febrero de ese mismo año. El golpe fracasó, pero los militares sublevados decidieron iniciar una guerra con el objetivo de tumbar la República, algo que lograron de manera definitiva en 1939. La guerra civil, el conflicto, enfrentó de este modo a una parte sublevada del Ejército con un Gobierno que no puede si no defenderse ante los golpistas que querían derrocar la democracia.
90 años después de aquel golpe, la tercera fuerza política con más presencia en el Congreso es un partido de extrema derecha cuyo líder se atreve a afirmar que el Gobierno actual "es el peor" de España en 80 años, o lo que es lo mismo, que la dictadura franquista fue mejor; un partido, Vox, que gobierna junto al PP en cuatro comunidades autónomas, donde han acordado derogar cualquier tipo de normativa memorialista para sustituirla por leyes que llaman de Concordia, pero que hasta la ONU ha censurado por "transgredir la obligación" de "garantizar la preservación de la memoria histórica de graves violaciones de derechos humanos cometidas durante el régimen dictatorial franquista, y/o omiten nombrar o condenar dicho régimen".
Estas leyes, que los de Alberto Núñez Feijóo, presidente del PP, han asumido como propias, buscan escribir una versión de la historia que equipare, una vez más, al bando sublevado con los defensores de una República votada de manera democrática; PP y Vox quieren convenir, de nuevo, en que lo que ocurrió en España fue una guerra fratricida entre dos sectores de la población que pensaban diferente, algo histórica y objetivamente falso. Es un mimbre más en un relato que acostumbran a usar la derecha y la extrema derecha, eso de que la memoria solo sirve para "reabrir viejas heridas ya cerradas", como si el golpe de Estado y la posterior represión franquista hubieran sacudido por igual a todos los españoles, lucharan en esta o aquella trinchera, obviando así que una de ellas lo hacía para defender a un Gobierno salido de las urnas.
Tal y como explica Emilio Silva, presidente de la ARMH, "a la derecha que legitima el franquismo le interesa hablar de guerra porque es el contexto en el que pueden sacar a pasear su teoría de los dos demonios, pero lo que ocurrió realmente fue un golpe de Estado que fracasó en los centros de poder y quienes lo organizaron, en vez de aceptar que no habían conseguido su objetivo, prefirieron someter a este país a una guerra de tres años con el fin de hacer una conquista violenta del poder". Hablar de golpe, explica Silva, también es más "inclusivo". "Hubo territorios en los que sí triunfó el golpe y nunca hubo una guerra, sino la limpieza política que habían reseñado los fascistas. Curiosamente, en lo que era la Nacional seis, desde el lugar de nacimiento de Franco hasta la sierra de Madrid, no hubo jamás dos trincheras enfrentadas. La guerra también se usa para esconder que hubo muchos lugares donde nunca tuvo lugar y en los que la violencia política comenzó como meses antes había escrito el general Mola", señala.
Para el presidente de la asociación memorialista, los 18 de julio deberían ser como los 24 de marzo en Argentina. Esa fecha está señalada en el país como el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia, ya que fue un 24 de marzo, el de 1976, cuando se produjo el golpe de Estado que puso fin a la democracia e inició una dictadura. "Las administraciones deberían clamar '18 de julio nunca más', como hace Argentina, pero en este país no se ha construido una hegemonía que sentencie históricamente lo que hizo Franco", reclama Emilio Silva. Eso es justamente lo que han pedido a Pedro Sánchez, que realice en La Moncloa "una declaración institucional de condena del golpe de Estado de 1936, de reconocimiento a los hombres y mujeres que se enfrentaron a los fascistas, que condene la violencia y las violaciones de derechos humanos de la dictadura y que proclame '18 de julio Nunca Más', como un clamor de defensa de los valores democráticos y como una forma de pedagogía en tiempos en los que las democracias son acechadas por quienes las rechazan como una forma de organización política y de gobierno".
Asumir que en España hubo un golpe y no una batalla entre dos opiniones enfrentadas no supone la reapertura de heridas, sino una primera sutura para comenzar a sellar una hendidura todavía abierta. Para ello, y según apunta también Emilio Silva, es importante entender que la propia Transición supuso una suerte de cierre en falso. "La Transición — asegura Silva — se hizo a la medida de las élites de la dictadura, incluso la propia palabra transición oculta que ya hubo un periodo democrático con elecciones generales durante la Segunda República; la transición a la democracia la hicieron hombres y mujeres en los años 30". De manera habitual, "cuando alguien piensa en la amnistía, se imagina a policías franquistas chusqueros que torturaban en sótanos, pero la amnistía de 1977 beneficia a gente que está en lo más alto de nuestra estructura social, como Juan Carlos de Borbón, que fue dictador en dos ocasiones por baja de enfermedad de Franco, pero también a empresarios y grandes familias con mucho poder político, económico, cultural y académico de este país. Esa impunidad que protege a las élites y desprotege a las víctimas es un producto político que explica que las relaciones de poder de la dictadura hayan seguido vigentes en la democracia a pesar de los cambios", denuncia Silva.
90 años después del golpe de Estado, no solo la memoria es todavía una asignatura pendiente, sino también la verdad, la justicia y la reparación, todos ellos aspectos fundamentales para evitar que, por ejemplo, se celebren victorias de la selección con imágenes de Hitler, se funden partidos políticos con ideología nazi o que haya quien se atreva a abogar por leyes de desmemoria colectiva. Para conseguir, también, que deje de haber todavía en España decenas de miles de víctimas desaparecidas en fosas.
