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Los 'castellers' y los leones del Congreso de los Diputados

10/10/2017 07:09 CEST | Actualizado 10/10/2017 13:37 CEST
Getty Images/iStockphoto

Conviene recordar la Historia en momentos en que se usa para promover las desafecciones nacionalistas. Sabemos que los leones del Palacio de las Cortes, todo un símbolo del Congreso de los Diputados, proceden del hierro de unos cañones capturados en las guerras de África de mediados del siglo XIX. Lo que se sabe menos – probablemente también lo ignora el vicepresidente de la Generalitat que es historiador– es el papel que jugaron los "voluntarios" catalanes en que esto ocurriera y, sobre todo, demostrando con orgullo su catalanidad.

Tras una serie de incursiones armadas de los cabileños de Anyera contra el perímetro defensivo de Ceuta, y la nula respuesta del sultán Mohamed IV a las protestas españolas, el 22 de octubre de 1859 el Gobierno de O´Donnell declara la guerra. Se forma un contigente de 40.000 hombres, casi todos procedentes de la recluta obligatoria, entre los que hay más de medio millar de voluntarios de los llamados "tercios vascongados", casi todos veteranos carlistas, y otros tantos catalanes, ya que Cataluña y el País Vasco estaban exentos de la recluta militar.

Rápidamente destaca en los choques armados contra los rifeños un joven general catalán, natural de Reus, que ha hecho una brillante carrera en las guerras carlistas, Joan Prim. Se hace muy popular en la península después de su gesta en la batalla de Castillejos cargando al frente de sus hombres con un sable en una mano y la bandera en la otra. Acción por la que recibió el título de marqués de Castillejos con grandeza de España.

Los catalanes optaron por hacer un castell y de esta forma los improvisados castellets lograron sortear la muralla de la alcazaba y acceder al interior.

En su avance hacia Tetuán, se encuentran con que los rifeños les cierran el paso en Uad-el-Jelú. Acababan de incorporarse al contingente español los voluntarios catalanes bajo las órdenes del general Victoriano Sugranés. Prim los recibió con una arenga en catalán cuya exaltación patriótica fue destacada por toda la prensa. Tras recordarles que debían corresponder con su valor a los honores recibidos por el ejército "del bravo O´Donnell, que ha resucitado a España y reverdecido los laureles patrios", les dijo: "Pensad en que representáis aquí el honor y la gloria de Cataluña (...) Uno solo de vosotros que sea cobarde, labrará la desgracia y la mengua de Cataluña (...) Recordad las glorias de nuestros mayores, de aquellos aventureros que lucharon en Oriente con reyes y emperadores, que vencieron en Palestina, en Grecia y en Constantinopla. A vosotros os toca imitar sus hechos y demostrar que los catalanes son en la lid los mismos que fueron siempre". La arenga terminaba con un enardecido "Tú eres un bravo catalán", frase con la que serían recibidos en sus casas por sus familiares y paisanos.

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'La batalla de Wad-Ras' (Mariano Fortuny, 1860). Museo del Prado.

Según cuenta en Diario de un testigo de la guerra de África Pedro Antonio de Alarcón, que cubrió la guerra como periodista, uniformados con el traje tradicional catalán, incluida la barretina, con Prim a la cabeza, se lanzaron el 3 de febrero de 1860 contra las posiciones rifeñas. Estuvieron a punto de ser diezmados en una zona pantanosa, pero salieron airosos. Superada la línea defensiva, el 4 de febrero O´Donnell se plantó a las puertas de Tetuán, apoyado en cada flanco por las columnas del los generales Prim y Ros de Olano, hijo también de una saga de militares catalanes. La resistencia fue enconada, librándose duros combates cuerpo a cuerpo. Ante la dificultad de tomar la plaza, se ideó un plan. El 6 de febrero se produjo una maniobra de distracción por uno de los flancos para permitir que los catalanes se posicionaran en la parte menos vigilada de la alcazaba. Pero era imposible superar sus murallas. Para ello, los catalanes optaron por hacer un castell, una torre humana, y de esta forma los improvisados castellers, lograron sortear la muralla de la alcazaba y acceder al interior. Nada más tomar la parte alta de la alcazaba, los castellers izaron la bandera española. Tras capturar los dos cañones que había en la misma, los giraron hacia el interior abriendo fuego contra los defensores. Ello permitió abrir las puertas de la ciudad y que entraran el resto de las tropas españolas. Estos cañones son hoy los leones del Congreso de los Diputados.

Las compañías catalanas sufrieron cuantiosas bajas en la toma de Tetuán. Entre ellos el propio general Sugranés. Pero no sería su única gesta. Los rifeños se reorganizaron y les cortaron el paso a los españoles en Uad-Ras (Wad-Ras) en su marcha hacia Tánger. Allí se libró el 23 de marzo la más dura y sangrienta batalla de la llamada Guerra de África. Fue una lucha salvaje cuerpo a cuerpo en un terreno agreste y accidentado. En determinado momento, varios batallones fueron rodeados por los rifeños. Prim y los voluntarios catalanes nuevamente fueron determinantes: agrupó a los 250 supervivientes y, bayoneta calada, cargó con ellos rompiendo el cerco rifeño.

Las hazañas de los voluntarios catalanes, además de por Pedro Antonio de Alarcón, fueron inmortalizadas por el escritor y periodista catalán Víctor Balaguer. También por el pintor catalán Mariano Fortuny quien recibió el encargo de la Diputación de Barcelona de hacer un cuadro que reflejara la gesta de Prim y de los catalanes en la batalla de Wad-Ras. Y por Francesc Sans i Cabot en un no menos conocido cuadro épico de Prim espada en ristre, rodeado de combatientes catalanes y una ondeante bandera española al fondo. Un episodio histórico que, como tantos otros, no se quiere recordar hoy en día.

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Detalle de 'La batalla de Wad-Ras' de Mariano Fortuny (Museo del Prado)

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