Bernie Sanders propone que cada persona reciba 1.000 dólares al año por la IA: por qué España ni sueña con algo parecido
El veterano senador de EEUU esboza en una propuesta de ley su plan para repartir la riqueza de la inteligencia artificial, pero el debate no llega ni a Europa.

Bernie Sanders, el veterano senador independiente por Vermont, ha presentado formalmente un proyecto de ley con el que cada ciudadano cobraría 1.000 dólares al año en compensación por el auge de la inteligencia artificial. Sanders ya venía hablando desde hacía un tiempo de la necesidad de redistribuir la riqueza que estaba acumulando la industria de la inteligencia artificial. Con esta propuesta concreta su plan.
Es improbable que su iniciativa salga adelante, aunque medios como The New York Times han destacado que él y el presidente de EEUU, Donald Trump, no están tan alejados en este tema como cabría esperar. Por supuesto, parten de enfoques diferentes: Sanders es socialista democrático mientras que Trump se ha convertido en el mayor aliado de la oligarquía de las grandes tecnológicas en el Despacho Oval. Pero también al magnate republicano se le ha escuchado hablar de la desigualdad que podría generar la IA.
Lo que propone Sanders es crear un fondo soberano estadounidense, algo de lo que ya habló Trump en el pasado. Plantea que este fondo soberano nazca de un impuesto del 50% sobre el capital de las grandes empresas tecnológicas que impulsan la inteligencia artificial, como es el caso de OpenAI (ChatGPT) o Anthropic (Claude). De este modo el fondo soberano resultante tendría un valor de unos siete billones (sí, billones) de dólares.
Por esa razón, Sanders desgrana en su propuesta que un dividendo del 5% del total de este nuevo fondo podría emplearse para pagar un cheque de 1.000 dólares anuales a todos los ciudadanos de EEUU. La inteligencia artificial supone "una enorme explosión de riqueza y poder que se basa directamente en nuestra productividad colectiva como seres humanos". "Con el actual statu quo, solo un puñado de multimillonarios controlarán esta tecnología", advierte en su preámbulo la oficina del senador de Vermont.
EEUU debate esto porque puede; España no
En España existen preocupaciones similares por el impacto que tendrá la inteligencia artificial en el mundo del trabajo. Una de las voces más autorizadas que habló de ello recientemente fue la vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, que en una intervención durante una jornada parlamentaria en el Congreso de los Diputados pidió no caer en el "ludismo" y apostar por la regulación de una tecnología que "ya está" impactando en el mundo del trabajo.
Pese a que Sanders y Trump coinciden en la pertinencia de crear un fondo soberano para EEUU, es muy poco probable que la iniciativa del senador salga adelante. Más allá de eso, también plantea un desafío para toda la Unión Europea y para España. Si EEUU debate la necesidad de gravar impositivamente la inteligencia artificial para ponerla al servicio de los ciudadanos es porque puede. Ni la Unión Europea ni España tienen potestad por el momento para jugar a ese juego.

Un ejemplo es la fiscalidad de las grandes tecnológicas. A finales de la década pasada varios países (entre ellos España) estrenaron su tasa Google, ante la idea de que las grandes tecnológicas como la propia Google, Amazon, Facebook (ahora Meta), Apple o Microsoft estaban generando un sustancioso negocio que no estaba repercutiendo en las arcas públicas de los mercados en los que operan. En 2021 se alcanzó un acuerdo histórico en el seno de la OCDE para fijar un tipo mínimo a grandes tecnológicas que sin embargo no ha terminado de concretarse cinco años después.
Un problema del presente
Otro punto a tener en cuenta es la naturaleza de estos fondos soberanos. Solían ser vehículos de inversión para países que tenían materias primas como petróleo, gas o metales preciosos y contaban con un superávit en sus cuentas públicas. Esas ganancias se destinan a un fondo soberano con el que los estados tratan de maximizar sus inversiones para crear un colchón con el que suavizar el impacto de futuras crisis (económicas, medioambientales, pandémicas).
Los fondos soberanos más grandes del mundo (el noruego, el saudí, el catarí) han tenido la vista puesta en "inversiones" como el agua, ante la futura escasez del líquido elemento. Pero, ¿qué haces cuando tienes un país sin capacidad de generar superávit gracias a las materias primas? Fiscalizas. Sanders propone gravar a las empresas tecnológicas. Trump quería que el fondo soberano naciese, sin embargo, de los ingresos que percibiera el país por los aranceles que levantó contra el resto del mundo ya el año pasado.
España no puede permitirse hacer ese mismo ejercicio por varias razones, pero las más evidentes tienen que ver con que por el momento no dispone de un fondo soberano (el Consejo de Ministros aprobó el mes pasado una inyección de 13.300 millones de euros al Instituto de Crédito Oficial para poner en marcha el nuevo fondo España Crece). El objetivo del Gobierno es tener en marcha este nuevo fondo antes de julio, en cuestión de unos días.
Que España tenga un fondo soberano cambiará levemente las reglas de juego, aunque no lo suficiente. Las dimensiones de este instrumento inversor no serán nunca las suficientes como para poder emplearlo para "redistribuir la riqueza" de la IA. Por otro lado, España sigue sin tener potestad fiscal o institucional para gravar de esa manera empresas extranjeras: la propuesta de Sanders plantea redistribuir la riqueza, pero agrava una brecha entre EEUU y el resto del mundo. Eso Trump lo sabe: por eso sigue amenazando al planeta con más barreras comerciales y represalias si se le rechista.
