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Crecer y despertar: el punto de encuentro entre Occidente y Oriente

01/04/2015 06:55 CEST | Actualizado 31/05/2015 11:12 CEST
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En una época tan interconectada como la nuestra, cada vez más estamos abocados a unificar dos sistemas culturales de desarrollo humano muy diferentes entre sí: la liberación occidental y la liberación oriental. Son dos perspectivas incomparables -en mi opinión, ambas muy válidas-de las que todos nos podemos beneficiar si en lugar de verlas como enfrentadas, sabemos aceptar su complementariedad. Cada una cuenta con sus propios objetivos y resultados.

Cada una de ellas nos ofrece su propia forma y fórmula para incrementar consciencia, libertad, compasión, y un mayor bien global. La occidental se centra en la transformación de las instituciones, las estructuras de poder, las relaciones sociales y el proceso individual de crecer, dejando atrás posiciones más narcisistas y centradas en el propio grupo, moviéndose hacia una mayor madurez de la identidad que incluya a todos los seres humanos, con una mayor solidaridad hacia los desfavorecidos y una mayor inclusión de todos los miembros de la sociedad. En las tradiciones asiáticas contemplativas se hace sobre todo hincapié en el despertar, en trascender las condiciones mundanas cultivando la compasión, domesticando la mente y diluyendo el ego para llegar a la iluminación.

Poco a poco nos vamos percatando de que, aunque la mayoría de las prácticas en el camino al despertar producen profundos beneficios, en sí mismas no promueven los tipos de madurez psicológica y comportamientos éticos asociados a los valores contemporáneos de justicia social y ecológica. De igual modo, algunas personas desarrollan gran respeto cultural y sensibilidad hacia las diferencias de privilegios, educación, justicia y ética, y sin embargo están machacadas por el estrés y atrapadas sin saberlo en la prisión de la mente y del ego. En resumen, estamos aprendiendo que despertar y crecer son sendas diferentes que llevan a resultados diferentes.

La capacidad de crecer verdaderamente en este mundo contemporáneo que nos ha tocado vivir ha de incluir consciencia ecológica, ética y respeto hacia lo diferente, sostenibilidad de las acciones presentes y unos valores de justicia firmes e inequívocos. Y a nivel de desarrollo psicológico, no se trata solo de entender ideas complejas en materias de física, matemáticas o teoría musical, sino salir de las oposiciones, contradicciones y absolutismos ideológicos, para integrar desde la comprensión y la compasión.

El camino de despertar en las tradiciones asiáticas se refiere al proceso psicoespiritual de desarrollo de la compasión y la sabiduría, a irse percatando de la relatividad de todos los fenómenos, y a percibir la fuente final de paz y libertad gracias al estudio, la meditación y al análisis sistemático (y deconstrucción) de la mente y del ego como entidades separadas.

Tal y como las investigaciones han venido demostrando, no importa cuánto tiempo pases sentado meditando, así solo no lograrás comprender el racismo o la opresión de género. No importa cuánto entiendas el poder, la falta de justicia y la marginalización, eso no te hará liberarte de la opresión de tu propia mente. Cada uno de los enfoques puede ayudar al otro debido a su complementariedad y riqueza intrínseca.

El futuro del desarrollo, expansión y evolución de los seres humanos se verá enormemente beneficiado si somos capaces de aunar la perspectiva occidental y la oriental, crecer y despertar. Estamos en una época en la que ambas puertas pueden y deben ser abiertas.