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¿Has probado a vivir sin miedo?

07/10/2012 10:10 CEST | Actualizado 06/12/2012 11:12 CET

Dicen las anarquistas que nuestro problema no es la crisis, ni el paro, ni la hipoteca... Es la obediencia. Es una cosa curiosa, la obediencia. ¿Qué es lo que nos hace actuar contra nuestra voluntad, sólo porque alguien nos lo ordena? ¿Por qué aceptamos tan a menudo que coarten nuestra libertad individual? ¿Es una conducta innata o aprendida? ¿Es racional?

En el mundo animal, la obediencia proviene de la sumisión y la aceptación de la jerarquía, y tiene un único combustible: el miedo.

En el mundo humano, complejo, superpoblado, y enormemente social, hemos aprendido a poner la cultura por encima de los instintos, la razón por encima del impulso. Sin embargo, el instinto del miedo sigue casi intacto, y es el motor de la mayoría (sí, la mayoría) de las acciones que realizamos. Miedo al despido, a la soledad, a la pobreza, al dolor, al desorden...

Una de las expresiones más conspicuas y palpables del miedo se observa en los ataques de la UIP, un peligroso grupo de violentos armados, organizados y anónimos, al que algunas llaman 'antidisturbios' (¿?). En los vídeos vemos cómo una gigantesca masa de personas adultas corre despavorida, huyendo de... ¡una porra! ¿De verdad? ¿Así pretendemos cambiar algo?

Cualquier manual de activismo te lo dirá claramente: si los violentos sacan las porras, lo último que debes hacer es correr. Lo que sea, menos correr. Correr es legitimar la violencia como método disuasivo. Si corres, les das la razón. En sus pequeñas mentes lineales solo cabe un pensamiento: "Si huye de la Policía, algo malo habrá hecho". Si, en vez de eso, nos sentamos en el suelo tranquilamente y nos abrazamos, en unos segundos dejarán de pegarnos (ojo: esto sólo vale para masas de cientos o miles de personas; no lo intentes si sois menos), y buscarán otros métodos. Es así como se pasa al siguiente nivel (pregúntale a Gandhi). Si no, quedaremos estancadas en este hasta la desesperación y la depresión. Y todo seguirá igual.

Si de verdad quieres cambiar las cosas, tienes que vencer al miedo. Es más fácil de lo que parece, solo tienes que tener claro que se puede vivir sin él. Sí, se puede. Y saber también que el miedo es hijo de otro gran monstruo: el ego.

Una medicina muy buena para el miedo es la información (otra mejor aún es el hambre, pero esta la recomiendo menos). Por ejemplo, ¿sabías que...

...los porrazos duelen bastante poco? Lo peor que te puede pasar es estar unos días con moratones y un leve dolor, parecido a las agujetas. Me parece un precio minúsculo a cambio de todo lo que podemos conseguir.

...aunque no siempre lo cumplen, los UIP tienen orden de no pegar por encima de la cintura?

...si no tienes dinero en el banco eres inmune a las multas? Además, estamos ganando casi todos los recursos que ponemos. Es difícil que una multa de estas se llegue a cobrar.

...pase lo que pase, no vas a ir a la cárcel? Por encima de todo, no quieren que haya prisioneros. No van a encerrar a nadie, porque se volvería en su contra. Eso sí, si te detienen pasarás uno o dos días horribles, posiblemente los peores de tu vida. Según Amnistía Internacional, la ONU o la propia Justicia española, en España se tortura de manera demasiado habitual, así que no te dejes detener. Por cierto, mira lo que opinan futuros policías sobre la tortura.

...los manuales de autodefensa civil, como éste, te pueden ayudar mucho?

Sin miedo, ya no hay motivo para la obediencia. Sin miedo serás más libre, más feliz, y podrás por fin desplegar tu superpoder, que de no usarlo, se te está olvidando que lo tienes. Eres mucho más fuerte que tu enemigo. No olvides que una sola persona puede cambiar el mundo. Eso sí, siempre que no corra.

Pero ¡atención! El miedo no es sólo un lastre que nos impide avanzar. También es un gran peligro. Porque, como ya sabes, lleva al odio, el odio a la ira, y la ira lleva al lado oscuro.

Vamos a derrocar este régimen explotador y parásito. Lo vamos a hacer. La fuerza nos acompaña.