Patricia Ramírez

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Agosto, vacaciones, relax y sexo... ¿o sexo no?

Publicado: 09/08/2012 08:10

A pesar de que agosto es el mes de las vacaciones por excelencia, nuestras costumbres en relación a los días de descanso están cambiando. En parte por el tipo de estructura familiar, o porque la mujer trabaja fuera de casa y ya no se va dos meses con los niños a la playa (desapareciendo así la figura del famoso "Rodríguez") y en parte porque apetece repartirse los días festivos a los largo del año. A pesar de estas cambios, AGOSTO sigue sonando a playa, chiringuito, descanso, "pescaíto" y relax.

El verano es una época del año en el que muchas parejas terminan por decidir su ruptura. Tener que pasar más horas juntos les confirma que la mejor opción es la de que cada uno tome su camino. Durante el año no son conscientes, por la prisa con la que viven, el estrés del trabajo, los niños, la organización de la casa... de que ya no tienen en nada en común. No hay tiempo para hablar, ni para dedicárselo el uno al otro, y tampoco hay tiempo para certificar que el paciente no tiene cura.

Pero muchas otras parejas aprovechan las vacaciones para "recomponerse". Necesitan compartir, buscar momentos de placer y romanticismo que vuelvan a encender la llama que no se ha apagado. Una de las actividades que más une, que se disfruta de forma plena y que te diferencia de la relación que estableces con los amigos, es la actividad sexual. Para disfrutar del sexo lo primero que necesitas es TIEMPO. Y en los días de verano tienes tiempo, tienes ganas porque te sientes descansado, te encuentras hasta más atractivo con el morenito y mejora tu autoestima, y también tienes una oportunidad para volver a recrearte en lo que tanto te atrajo al principio de la relación.

Pero a pesar del interés de muchas parejas por "hacer funcionar" el elixir del amor, se encuentran con barreras, como las famosas disfunciones sexuales, a las que no saben cómo "meterles mano"... nunca mejor dicho. Las disfunciones sexuales son alteraciones en la respuesta sexual, en cualquiera de sus fases (deseo, excitación y orgasmo), y las causas pueden ser psicológicas, biológicas o educativas. La mayoría de ellas, sobre todo las relacionadas con los factores psicológicos y sociales, tienen solución.

Seguro que te suenan conceptos como disfunción eréctil (problemas con la erección... ¿quién no ha sufrido alguna vez un gatillazo?), falta de deseo sexual, vaginismo, coito doloroso y eyaculación precoz. Estas son las más comunes, y la falta de deseo sexual probablemente la culpable de esa desidia y dejadez que afecta más a las mujeres que a los hombres.

Las personas que sufren algún tipo de disfunción evitan pedir ayuda porque les da vergüenza reconocer el problema y optan por seguir conviviendo con él, a pesar de que les afecta en la calidad, frecuencia e intensidad de sus relaciones sexuales. Hablar de sexo, aunque sea con el terapeuta, todavía es incómodo y ridículo... pero es altamente efectivo, porque tan solo con recibir información y reducir el nivel de ansiedad de la persona afectada, tienes medio tratamiento hecho.

Hablemos hoy de la falta de deseo...

El bajo deseo sexual no significa que tu pareja no te atraiga, que no estés enamorado de ella, sino que tu apetencia sexual es menor que la de tu compañero o compañera. Surge cuando las ganas de mantener relaciones de tu pareja son mayores que las tuyas. Las mujeres sufren esta disfunción con un porcentaje muy superior al de los hombres.

Podéis identificar el problema cuando un miembro de la pareja casi nunca tiene ganas de mantener relaciones, cuando evita la situación de caricias, abrazos, besos porque intuye que después viene "el siguiente paso", pone excusas y dice que tiene sueño y/o dolor de cabeza... incluso puede tener relaciones sexuales y alcanzar el orgasmo... pero sin ganas.

La persona que sufre este problema evita dar señales de amor y afecto que el otro pueda interpretar como "deseo tener relaciones contigo". La pareja se distancia emocionalmente porque desaparecen las muestras que disparaban la pasión y que se relacionan con "estamos enamorados".

Las dos partes sufren, el uno por el sentimiento de "tengo que cumplir, hace mucho tiempo que no mantenemos relaciones y mi pareja me las va a demandar", y la otra persona, por el sentimiento de rechazo y el ataque a su autoestima, que puede generarse por no conocer las causas de esta disfunción. La parte de la pareja que sí quiere seguir manteniendo relaciones sexuales y ve continuamente rechazadas sus muestras de cariño, se sentirá minusvalorado, tenderá a pensar que es el responsable e intentará buscar explicaciones de por qué es rechazado, como pensar que "qué tengo yo que no le atrae de mi", e irá reduciendo cada vez más sus aproximaciones por el temor a ser rechazado una vez más.

Las causas son múltiples: ansiedad ante las relaciones sexuales, tener unas expectativas que no se cumplen, problemas para llegar simultáneamente al orgasmo o ni siquiera llegar, falta de fantasías sexuales e imaginación, comportamientos estereotipados que llevan a la rutina y al aburrimiento, ideas y educación moralistas que impiden disfrutar y vivir el sexo de forma plena, trastornos psicológicos como la depresión o la ansiedad, baja experiencia sexual y temor al fracaso, y otros problemas de pareja.

La mayoría de las causas tienen tratamiento y solución. Busca ayuda, sin miedo, sin complejos y no renuncies a una de las fuentes de placer más saludables, tanto física como mental.

 

Seguir a Patricia Ramírez en Twitter: www.twitter.com/Patri_Psicologa

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