"No haberte conocido hubiera sido como vivir en la sombra... pensar que era feliz sin saber lo feliz que podría haber sido". Al escribir estas palabras en un mensaje a mi amor, me di cuenta lo triste que sería vivir en la cueva de Platón, ¡me da vértigo sólo de pensarlo! ¿Cuántas personas viven en la sombra, cuántas tienen miedo a entregarse por completo y vivir con todos los sentidos?
Muchos son los que tratan de evitar el sufrimiento y las emociones negativas a toda costa. Pero evitar tiene un precio demasiado alto: vivir de forma gris, vivir a medias o pasar de puntillas, sin hacer ruido. Quien se entrega al amor, a los amigos, al trabajo, incluso a sí mismo, corre un riesgo mayor que quien no lo hace... pero merece la pena. Porque la otra alternativa, la de esconderte, protegerte y poner el escudo "anti dolor" no es la solución. Nadie consigue aislarse del sufrimiento, porque no es algo que solo dependa de ti. Puedes ser cauto y no ser apasionado en el amor por miedo a que te abandonen, puedes ser comedido y no cambiar nunca de trabajo a pesar de no sentirte realizado, por miedo a no encontrar nada mejor; o puedes ser protector y no permitir que tus hijos vayan de excursión por miedo a que se caigan o tengan un accidente. Pero nada de esto será suficiente, porque la vida es caprichosa y te depara situaciones y momentos que no puedes controlar, por mucho que tú te lo propongas.
Las personas con miedo a sufrir viven en su burbuja, en la zona de confort. En esa zona tu mundo es controlable, ahí te sientes seguro y a gusto... pero es un lugar limitante, en el que cuesta evolucionar y dar un paso al frente. En la zona de confort no existe el peligro y te sientes como pez en el agua.
La única forma de superarnos y crecer es salir de la zona, enfrentarte a lo que te da miedo, atreverte, ser valiente. Hay una incompatibilidad entre la idea de "en dónde estamos" y "en dónde tenemos que estar". Estar en la zona de confort no significa estar confortable.
Cuando decides salir de la zona y buscar otra oportunidad en la vida que te enriquezca más, al principio tendrás la sensación de pérdida o de dar un paso hacia atrás. Dejarás de tener ese trabajo cómodo en el que todo es predecible, o te sentirás solo hasta que superes el duelo de esa pareja con la que te sentías marchito, incluso puede que tengas agujetas porque empezaste a hacer ejercicio. No te preocupes, esta sensación es pasajera, forma parte del cambio. Porque quien se atreve a cambiar cuenta con que tiene que sufrir, aprender a andar solo, formarse o luchar por lo que anhela... A nadie nos regalan nada, y si decides ir a por algo, porque piensas que esta opción te hará feliz a corto, medio o largo plazo, tienes que contar con que todo no va a ser un camino de flores, sino que te encontrarás con el bache del esfuerzo, el de la soledad y del cansancio... pero al final del camino te sentirás orgulloso por lo que invertiste en alcanzar el premio.
Si interpretas que las emociones negativas forman parte de la evolución y de la naturaleza humana, y que aprender a lidiar con ellas es signo de madurez y fortaleza, entonces serán mucho más llevaderas... porque sabes que son parte del proceso.
La vida pasa mientras tú sigues en tu zona de confort. Necesitas observarte como alguien sin límites, con potencial, capaz de ir más allá del lugar en el que estás ahora. Seguro que tienes mucha más capacidad de la que tú percibes. ¿Quién te está limitando, tú?
Las personas emocionalmente valientes no piensan en protegerse de los demás, ni de tomar decisiones con riesgo (como todas las decisiones), ni de las consecuencias catastróficas de actuar... porque sobre todo valoran lo que les aporta el amor, la amistad, crecer y superarse, innovar y reinventarse. Saben que siempre pueden perder, pero valoran más lo que pueden ganar. Y en el caso de que las cosas no salgan como desean, se quedan con el aprendizaje y la experiencia.
Como dice Sabina en El Joven Aprendiz de Pintor: "Si no hubiera arriesgado tal vez me acusaría de quedarme colgado en Calle Melancolía, y eso sí que no... no, no, no, no, no, no..."
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La finalidad es salir de la costumbre para encontrar aquello que realmente quieres. Es decir, salir de la zona de confort y lanzarse a ese estado de transición merece la pena cuando aquello que se logrará motive a la persona. Por eso es tan importante definir qué quieres alcanzar y para qué lo quieres. Con unas premisas como estas bien asentadas entonces el salto se dará más fácilmente, durante un tiempo puedes sentir que todavía estás en estado transitorio.
Ahora bien, cuando hayas alcanzado tu objetivo, cuando ese nuevo estado forme parte de tu vida, volverás a sentir la misma seguridad que anteriormente. ¿Por qué? Porque tu zona de confort se habrá agrandado. Ahora dispondrás de más habilidades, de nuevas experiencias y habrá aumentado tu lista de logros. Puedes moverte en la vida bajo más variables.
Después de un tiempo, vuelves al principio, porque “lo inmutable es el cambio”. Un nuevo reto y tendrás delante la oportunidad de ampliar nuevamente tu zona de confort. Y así sucede cada vez que salimos de las reglas que teníamos marcadas. Es un camino sin fin.
¿Pero eres de las personas dispuestas a salir de esa zona de comodidad?
C. Marco
http://reflexionesdecarlosmarco.blogspot.com.es/
Al final se trata de ser sincero con uno mismo, la vida son 4 días y llevamos 3...
No sabéis lo difícil que es abrazar cuando no te abrazaron...... Es muy difícil domar la mente pero por supuesto que se puede hacer.... Para ello, tienes que querer, estar dispuesto a mirar dentro de ti y de tu entorno...... Y yo prefiero vivir conscientemente........ A simplemente solo vivir. No puedo hacer nada frente a mi vejez y muerte... La felicidad plena no existe, lo que existen son pequeños destellos de felicidad..... Y son por los que para mi merce vivir mi vida y ser quien soy.
y si, teniendo una relación y gozando del amor que te da otra persona, te das cuenta de que tus sentimientos hacia esa persona han cambiado, ¿dejarla sería salir de la zona de confort? Es duro dejar a una persona que se porta bien contigo...
Gracias y un saludo,
Miriam