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Un meteorito de 100 kilos, en un bar de pueblo

27/03/2013 13:37 CET | Actualizado 06/06/2013 16:10 CEST

Apenas tenía 15 años cuando Ramón Asensio López, mientras buscaba bichos en una finca familiar, se topó con una extraña piedra, de color negruzco, que fue incapaz de mover del sitio.

Treinta años después, científicos del CSIC y del Instituto Geológico Minero de España (IGME) acaban de descubrir que se trata de un extraordinario meteorito metálico (siderito) de casi 100 kilos de peso, que cayó hace miles de años en la comarca y permaneció enterrado hasta que se topó con Ramón.

En España, sólo se habían encontrado tres auténticos meteoritos metálicos antes que éste y en todo el mundo tan sólo se conocen 84.

En la familia Asensio López no tenían ni idea del tesoro extraterrestre que tenía en sus manos, hasta que hace unos meses vieron una noticia en televisión. Debajo de la encina donde lo encontraron, junto al Parque Nacional de Cabañeros, Ramón va relatando los avatares del bautizado como Meteorito de Retuerta de Bullaque, el municipio manchego al que pertenece la finca. "Al principio lo usamos para hacer apuestas sobre su peso con la gente del pueblo, pero luego decidimos darlo una utilidad y lo poníamos encima de los jamones para prensarlos. Un día, al ver una noticia sobre la subasta de un meteorito pensamos en contactar con un geólogo por si también lo era. Ha sido una gran sorpresa descubrirlo 30 años después de tenerlo en casa".

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En los extremos, los dos hermanos propietarios del meteorito, junto a los investigadores Juan Carlos Gutiérrez Marco, Rafael Lozano y Eleuterio Baena. Foto: Rosa M. Tristán

DE PRENSA DE JAMONES A ROCA EXTRATERRETRE

Fue así como la existencia de este pedazo de material extraterrestre llegó a manos del geólogo y paleontólogo Juan Carlos Gutiérrez Marco, del Instituto de Geociencias del CSIC, que estudia la geología de Cabañero. Enseguida comprobó que no se trataba de uno de tantos pedruscos que pretenden ser del espacio sideral. Su densidad superior a 8 gramos por centímetro cúbico y su morfología externa eran pruebas evidentes de su procedencia cósmica, así que contactó con Rafael Lozano, Jesús Reyes y Eleuterio Baena, del IGME, que en una localidad cercana a Retuerta lograron partir un trozo para analizarlo. El mecánico que lo cortó no daba crédito a la dureza del aquel extraño hierro que le llevaban y era de pequeño tamaño: 45 x 31 x 20 centímetros.

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El meteorito. Foto: Rosa M. Tristán

"Comprobamos que se trataba de una octaedrita gruesa. En el corte se distinguen aleaciones de hierro y níquel (taenita y kamacita) y carburo (cohenita) que cristalizaron a una elevada presión y temperatura. Forman las llamadas figuras de Widmanstätten. También contiene minerales raros como es la troilita y un fosfuro de hierro y níquel. En la corteza de fusión, que es la parte que se quemó al pasar la atmósfera terrestre, detectamos cloruro de hierro y níquel, pero ese cloro procede de los jamones que se prensaron con el meteorito", explica Lozano mostrando el pedazo que tiene en sus manos. Los numerosos regmaglifos (oquedades superficiales) añade que son fruto del rozamiento con el aire.

EL PRIMER METEORITO PREHISTÓRICO CONOCIDO EN ESPAÑA

La encina bajo la que rebuscaba Ramón, hoy copropietario del bar familiar, se encuentra en un antiguo abanico torrencial. Los estudios geológicos han revelado que el meteorito cayó en el Pleistoceno Medio o Superior, aunque Gutiérrez Marco reconoce que es imposible saber con cierta precisión una fecha. "Esta planicie -explica señalando el horizonte- tiene un asiento geológico de 800.000 años máximo, pero no tenemos constancia de la mínima. Lo que sabemos es que estuvo enterrado durante los tiempos en los que el hierro ha sido muy importante, es decir, desde el Neolítico en adelante, porque en otro caso los habitantes de estas tierras lo hubieran fundido", argumenta. "Podría haber caído hace unos 100.000 años", se atreve a aventurar.

¿Y de dónde vino? Como otros meteoritos metálicos, se cree que es un pedazo del núcleo de un planetoide del Cinturón de Asteroides, situado entre Marte y Júpiter, que chocó con un cometa, u otro objeto celeste, desprendiéndose el pedazo que acabó contra la Tierra.

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Los dos propietarios del meteorito. Foto: Rosa M. Tristán

¿Y adónde irá? Pues la Ley de Patrimonio Natural, aprobaba en 2007, reconoce los meteoritos como patrimonio geológico, pero en su articulado no se mencionan, ni tampoco se especifican sanciones por apropiación indebida, por lo que hoy por hoy es legal su propiedad privada y su compra-venta al mejor postor. Antes de la aprobación de la ley , desde el IGME se enviaron al Congreso de los Diputados varios folios con las medidas de protección para meteoritos que los científicos creían necesarias. Pero sólo lograron una mención en el capítulo de definiciones de Patrimonio, ni una en el articulado. Hoy, cualquier persona que encuentre material extraterrestre puede hacer un buen negocio con él, dado que se cotiza en internet a precios elevados.

Así que, un buen negocio es lo que está esperando la familia Asensio López: sacar algo dinero vendiéndolo al mejor postor, ya sea en España o fuera. "Tenemos ya algunos interesados", responde misterioso el hermano de Ramón, Faustino, mientras mete el meteorito en una caja de fruta y lo guarda de nuevo en el almacén del bar Las Terrazas.

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Ramón Asensio, con una réplica del meteorito junto a la encina donde lo encontró. Foto: Rosa M. Tristán

Afortunadamente, a cambio del estudio geológico, los investigadores del IGME se quedaron con el pedazo que cortaron para analizarlo, un holotipo que ha sido pulido, que ya se expone en el Museo Geominero de Madrid y que ha servido para inscribirlo en el registro como el meteorito número 29 confirmado en España. Es ahí donde todo el mundo podrá ir a verlo. Pero de metal es el cuarto porque antes que éste, sólo se conocen fragmentos del de Colomera (Granada, 1912), Quesa (Valencia,1898) y La Almunia (Zaragoza, 1950), si bien este último está en Alemania, que es adonde se lo llevó un investigador alemán tras comprárselo a su descubridor.

Por otro lado, Eleuterio Baena, experto restaurador y conservador del IGME, aplicando una técnica propia, que ha sido patentada por este Instituto, ha realizado varias copias totalmente idénticas al meteorito, una de las cuales se expondrá en un museo del Parque Nacional de Cabañeros, otra en el Museo Geominero junto al pedazo original (para que los visitantes conozcan de donde proviene) y la tercera en el Bar Las Terrazas de Retuerta de Bullaque, donde esperan que sea un reclamo de clientes cuando ya no tengan el que se escondía en sus tierras.

De vuelta de Cabañeros, y como postre, una visita a la casa rural Boquerón de Estena, cuyos propietarios tienen un pequeño museo geológico en cuyos muros sorprende la reproducción de crucianas (huellas fosilizadas de trilobites de hace 500 millones de años) más grande del mundo. Todo lo que hay allí son piedras terrestres, pero como el meteorito del Bar Las Terrazas, están llenas de historias.

Lee aquí el blog de Rosa M. Tristán, Laboratorio para Sapiens.