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Daniel Verdú, autor de 'La Bola', el libro sobre la misteriosa directora de 'Jot Down': "Cierta picaresca española es propicia para que haya este tipo de personajes"

Daniel Verdú, autor de 'La Bola', el libro sobre la misteriosa directora de 'Jot Down': "Cierta picaresca española es propicia para que haya este tipo de personajes"

El periodista de 'El País' presenta 'La bola' (Alfaguara) en el que narra cómo se forjó la revista 'Jot Down' y cómo evolucionó el personaje de Mar de Marchis.

Daniel Verdú, en una imagen promocional.
Daniel Verdú, en una imagen promocional.© Raquel Celma

Los años 2010 supusieron, tras la crisis de 2008, todo un terremoto en el panorama mediático español e internacional. Distintos EREs llevaron a miles periodistas a la calle en plena reformulación de una profesión en los albores de lo digital. Por aquel entonces, en uno de los múltiples foros donde reinaba el anonimato en internet se encontraba Shizuka. 

Bajo este alias se encontraba una misteriosa mujer que, bajo el nombre de Mar de Marchis, en cuestión de años, se colaría entre los contactos de lo más granado del panorama mediático y cultural de una España que libraba su propia batalla contra el bipartidismo, la casta y, sobre todo, la crisis económica. Ella, fallecida en 2022, fue la que fundaría, en blanco y negro, la revista Jot Down.

Ahora, la misteriosa Mar de Marchis, cuyo nombre real era María Jesús Marhuenda, se convierte en la protagonista de La bola (Alfaguara), una crónica o narrativa basada en hechos reales, a cargo del periodista y actual corresponsal en París de El País Daniel Verdú. 

En ella, haciendo un símil entre la bola de un creciente engaño y el logo de la revista con una bola negra de billar, narra de primera mano y, sobre todo, tras un importante trabajo de investigación, contactos y entrevistas, la realidad de esos años y lo que se ocultaba tras esta misteriosa mujer con la que personas contadas pudieron reunirse cara a cara.

Ha llamado la atención que se defina como “narrativa basada en hechos reales”, ¿qué querías decir con esto?

Es una cosa que no entiendo porque me parece muy claro. Una narrativa basada en hechos reales es una narración construida con hechos reales. Es una manera de decir no ficción, novelas sin ficción, unas crónicas literarias... Simplemente una historia construida con una vocación literaria para la cual se utiliza información procedente de fuentes reales, ya sean grabaciones, documentos o testigos, generalmente directos de situaciones en las que ellos mismos estaban y que describen.

Cuando yo en el libro digo "esa mañana tal persona se sentía mal y quiso hacer esa cosa". Es porque eso o me lo ha dicho esa persona, o está grabado porque se lo ha contado a alguien. Yo he escuchado en una grabación a esa persona decirlo, es decir, no hay pensamientos atribuidos.

Otra cosa, como digo siempre, es que yo me pueda haber equivocado, que en algunas cosas me hayan engañado o que haya imprecisiones, cosa que nos ocurre a menudo, por desgracia, a los periodistas. Pero no hay una voluntad de ficcionar ni de rellenar espacios o agujeros narrativos con ficción.

Además, una persona como Mar de Marchis de la que se puede entrever que contaba un poco a cada uno lo que interesaba.

Claro, eso añade mucha dificultad a la construcción. Entonces, ahí muchas veces sí que tengo reservas y, de alguna manera, también el hecho de aparecer yo mismo en el libro no tiene una voluntad vanidosa, sino que lo hago para exponer mis propias dudas ante algunas situaciones que me generan un conflicto. Es decir, que yo no estoy seguro de que eso sea así, me lo cuenta esta persona, o no estoy seguro de que yo pueda llegar al fondo de esa realidad, pero lo expongo.

Justamente tengo un capítulo que se llama La tramoya en el que digo eso. En el que también aparece Cercas, quien dice eso, que si tienes dudas lo más honesto es expresarlas y decir que a ti también te genera conflicto ese pasaje de la historia.

A la hora de construir este personaje, ¿cuánto hay de María Jesús de Santa Pola en Mar de Marchis y viceversa?

Por supuesto, hay mucho de la persona real en el personaje. Por supuesto, es el creador y el autor de esa obra, con lo cual todo lo que hay en él es suyo, pero yo creo que, como ocurre siempre, la ficción te permite darle mucho más vuelo a determinadas ideas o potenciales que tú puedes tener y que la realidad probablemente te impide desarrollar.

Justamente por eso a veces en el libro cuento un poco esos pasajes de la verdad y las mentiras de Vargas-Llosa en los que él dice que hay algunas verdades que solo es posible explicar o desarrollar a través de una ficción. Eso es lo que cuento en el libro de alguna manera. Cómo esos personajes novelescos a veces permiten contar cosas mucho más reales que una relación de hechos concretos. 

En su caso, lo que explica el personaje sobre sí mismo no es tan interesante como lo que explica sobre todos nosotros y sobre la época en la que vivió, que fue la de de crisis tremenda, habitada por una gente muy desorientada y aterrada con los cambios que llegaban al mundo, que éramos nosotros.

"Lo que explica el personaje sobre sí mismo no es tan interesante como lo que explica sobre todos nosotros y sobre la época en la que vivió"

Una parte importante de la relación de Mar de Marchis con muchos hombres poderosos o grandes nombres de la esfera mediática se deja entrever como una maniobra de seducción a través de fotos. ¿Sería posible eso hoy en día? ¿Ha cambiado la forma en la que vemos este tipo de relaciones?

Ha cambiado muchísimo. Creo que justamente una de las ideas del libro es que todo lo que ocurrió y, especialmente, lo que ocurrió alrededor de ella, lo hizo en ese momento porque no podía haber sucedido ni antes ni después probablemente. Era un síntoma claro de ese tiempo y también de una cierta ingenuidad en esas relaciones virtuales que se mantenían.

Mandábamos fotos a veces de una forma inconsciente o exponíamos a nuestros hijos en redes sociales... Creo que se ha tomado mucha conciencia de, entre otras cosas, la huella digital, por ejemplo, y de esa paranoia que genera pensar "joder, estoy ahí y mi foto exponiendo una parte de mi cuerpo o yo diciendo tonterías que se queda para los anales".

Además, creo que el juicio que se hace ante ese tipo de engaños es mucho más severo ahora que entonces, que se podía ver más como una picaresca o como un divertimento. Aún así, creo que también parte de la gracia de la historia es que adelantó muchas de las cosas que ocurrían. Hablamos muchas veces del catfish, por ejemplo, ahora con las apps de citas, que la gente cuenta que, en un gran número de ocasiones, cuando se presenta la realidad de golpe, no tiene nada que ver con esa ficción, que es el mundo digital y virtual.

A veces también lo comparo con la historia esta del timo este del hombre que se hizo pasar por Brad Pitt y logró que una señora le pagara 300.000 euros. Piensas “joder, qué tonta es esta señora”. Pues yo no lo tengo tan claro. Hay que encontrarse en esa situación de soledad, de desesperación... A veces ese tipo de ficciones, aunque uno crea o tenga la intuición de que no son reales, producen un consuelo superior a la violencia que implica desenmascararlas.

Claro, pero en este caso los “engañados” no eran una pobre señora mayor sola, sino que eran grandes nombres de la comunicación, el periodismo o la literatura.

Pero creo que también, de alguna manera, había una cierta soledad en esas personas. Muchas veces pensamos que la gente que manda o que tiene poder está muy bien acompañada y tiene una vida emocional muy plena. Pero, a veces, justamente esas posiciones implican una soledad y una aridez emocional en la toma de decisiones que, cuando encuentran ese tipo de consuelos, son presas bastante fáciles.

Luego, por supuesto, hay un componente altísimo de vanidad masculina, que es un material suficientemente blando como para entrar como un cuchillo si el material narrativo con el que tratas es la fantasía.

"Hay un componente altísimo de vanidad masculina, que es un material suficientemente blando como para entrar como un cuchillo"

¿Has podido hablar con Aurora de Santa Pola, esa peluquera de la que Mar de Marchis usaba las fotos?

Sí. Toda la gente cuya historia está narrada en tercera persona, es porque he podido hablar con esa persona. Luego, a nivel estilístico, el libro no tiene comillas porque también era una oportunidad para un periodista que está acostumbrado a atribuir todas las citas, hacer algo un poco más libre. De mezclar a veces los pensamientos con la narración.

Eso no significa que los personajes no hayan aportado todo su testimonio para construir esa narración. Hay muchos de ellos que leyeron incluso la parte que les atribuía antes de que se publicara.

Portada de 'La bola' de Daniel Verdú.
  Portada de 'La bola' de Daniel Verdú.Alfaguara

Al final del libro cuentas que ella estaba preparando su autobiografía de la mano de Anagrama para la que quería contar con Laura Ferrero, pero también una ficción audiovisual con Isabel Coixet, ¿qué has podido saber de eso? ¿Te sirvió como referencia?

Bueno, hablé con todas personas que aparecen allí. Pero no tenían claro hasta dónde había llegado ese proyecto, como tantas otras cosas que no quedaban nunca claras con ella, porque todo transitaba un poco en esa frontera, que es también en cierta forma la tesis del libro, de que este tiempo nuestro se ha convertido en una bisagra entre la realidad y la ficción. Esta idea de posverdad, de los hechos alternativos, etc. 

El libro al final no es una biografía como tal, sino es un retrato de un tiempo que empieza en 2011, que probablemente abre la puerta a toda esta idea del simulacro y a muchas mentiras que nos hemos ido creyendo, y desemboca actualmente hoy ya en el epítome exagerado que es la inteligencia artificial.

¿Cómo se puede llegar a rechazar un texto de Mario Vargas-Llosa, además, sobre literatura? ¿Qué te contó Juan Cruz?

Juan Cruz me dijo que simplemente no le había gustado, que no le parecía adecuado, que no tenía... No sé si habló de calidad, pero que no le encajaba. Creo que también había algo contradictorio, porque lo había pedido ella, pero esa cosa de no querer a veces asociarse a grandes nombres.

Esa lucha, ese conflicto permanente entre formar parte del establishment y, al mismo tiempo, rechazarlo, que tenían ese tipo de cabeceras. Ese afán de “queremos sustituir a grandes símbolos del periodismo”, pero al mismo tiempo no queremos que nos asocien a ese establishment, porque en esa época era muy tóxico: era la época de la casta y de Podemos y todo lo que sonaba a modelo institucional de representación de cualquier cosa era el demonio. Creo que ella vivía también ese conflicto.

Pero es curioso ese capítulo porque, justamente, el artículo que escribió Vargas-Llosa, que le pidieron que hablara de sus lecturas preferidas. Él hablaba principalmente de Guerra y paz y del general Kutúzov, que es este general que le daba la victoria frente a Francia, a través de una cosa que Vargas-Llosa describía como “la victoria por incomparecencia”, que es irse retirando y, a través de esa ausencia, ganar las batallas. 

A mí me llamó mucho la atención, porque pensé "joder, es un artículo que no ha publicado y que, de alguna manera, hablaba de su estrategia para ganar las batallas, que era no presentándose a ellas básicamente".

¿Crees que ahora con esta nueva crisis del periodismo y la IA, Discover, el algoritmo de Google, etc. puede aparecer otro personaje así?

Bueno, hoy por desgracia no sería tan creativo, ni tendría tantos rasgos humanos porque yo creo que la gracia o lo interesante de este personaje es que explica muchas cosas. Creo que uno se puede identificar en muchas cosas, incluso también se habla de la idea de la mentira, que luego se convierte en una bola, que es el título del libro.

También cito mucho esa idea de El adversario, de Carrère, que también tiene esa virtud. Te cuenta una cosa horrorosa, que es un crimen tremendo del protagonista, pero el origen de ese crimen es una pequeña mentira que se va haciendo grande y luego ya uno no sabe salir de ella sin pensar en la vergüenza que va a provocar o la decepción, prácticamente solo son sustituibles por un asesinato masivo.

Entonces, si hoy hubiera un personaje de este tipo, por desgracia creo que sería demasiado sintético y artificial sería un personaje más tipo Her, la de la película.

Primer número en papel de 'Jot Down', publicado en junio de 2012.
  Primer número en papel de 'Jot Down', publicado en junio de 2012.Jot Down

Sí, porque Twitter, o ya X, tampoco es el mismo de entonces. Como bien señalas en el libro, desde que entró Elon Musk, o antes, el algoritmo es otro. ¿Qué captó entonces Jot Down en esta red social?

Era más orgánico, el timeline era cronológico, se primaban las conversaciones, no había evolucionado tanto el algoritmo y, además, estaba toda la profesión ahí, porque se descubrió que era una herramienta increíble. Primero, para promocionar tus artículos y luego, para distribuirlos. Era una furgoneta supersónica capaz de llegar a cualquier lector. También era un espacio increíble para columnistas que no tenían columna, para cronistas que no tenían espacio para sus crónicas.

Incluso lo fue para los grandes medios que llegaron tarde a esa pelea y, por eso, la perdieron. Luego además se creyeron la ensoñación del algoritmo. Pero fue fundamental para la época y para el propio personaje, que se convirtió en una especie de community manager avant lettre. Como en tantas otras cosas que anticipó, creo que esa fue una de ellas, una profesión que prácticamente no existía en ese momento.

"Entiendo que si tú no quieres que se publique un libro, cuando aparece, tienes que criticarlo. Eso forma parte de un mecanismo lógico y legítimo"

¿Cómo has recibido las críticas y las respuestas de la revista o del socio sevillano, que también escribió un artículo?

Bueno, yo lo entiendo. Entiendo que si tú no quieres que se publique un libro, cuando aparece, tienes que criticarlo. Eso forma parte de un mecanismo lógico y legítimo. No comparto muchas de las críticas, prácticamente todas las iniciales que se hicieron sin haber leído el libro. Es inconsciente hacerlas. Pero me parece muy bien, es una conversación.

Escribir es discutir y me parece muy bien. Pero también tener en cuenta que la revista la forma mucha gente, es muy amplia, y que también han hablado para el libro para contar su experiencia.

¿De dónde te nació la idea, de los perfiles que publicaron en El Confidencial o la entrevista enVanity Fair?

Creo que yo, como mucha gente, pensó en un primer momento que era un personaje de libro porque ella misma era un libro andante. Quiero decir, el narrador de esa ficción de sí misma era ella.

Es verdad que cuando falleció, como muchas veces pasa, crees que las historias de alguna manera son más perfectas cuando eso sucede porque son más redondas y están cerradas. Pero sí que llevaba mucho tiempo dándole vueltas a cómo contar ese periodo que me pareció tan fascinante. Eso que decíamos del momento de los entretiempos, del cambio de era.

Probablemente, al no tener la cierta complicidad del socio o de la familia, pensé que más que una biografía o un ensayo, era interesante tomar al personaje como un hilo conductor de esa crónica, que es en realidad lo que yo creo que es este libro, un híbrido.

¿Cómo te gestionaste introducirte a ti mismo? Los periodistas evitamos el yo y estamos acostumbrados a narrar lo que ocurre alrededor.

A veces te da un poco de pudor. Creo que pertenecemos también a una generación de periodistas que nos enseñaron que el yo no había que incluirlo, que eso era arrogancia, era vanidad, distorsionaba... Pero es una historia de fondo tan personal y es una visión parcial de esta historia, de la época e incluso del personaje, que me parecía honesto subrayar que esto es como lo veo yo, que no es como tiene que ser, ni hay una barrera absoluta.

Además esas dudas que yo tenía como qué derecho tienes tú a escribir determinadas historias, a quién pertenecen las historias... Había que irlas transmitiendo porque fueron parte del proceso de narración.

Esto también lo cuento ahí en un capítulo cuando fui a ver a Javier Cercas para hablar de esa idea, y él me decía “si no estás seguro de las cosas que tienes que escribir, la única manera es poniéndote a ti”.

Luego, además, la historia se entrelazaba un poco también personalmente conmigo. Mar vivió los últimos años de su vida en Roma a 100 metros de mi casa y nació en Santa Pola, pasaba los veranos en una casa que estaba a 100 metros de la mía. Entonces, me parecía ridículo omitir esa parte, ese vínculo con el personaje. De forma prudente, también creo que aparezco poco pero en algunos momentos me parecía un timo, justamente, como una forma de mostrar mis propias miserias.

"Es una historia de fondo tan personal y es una visión parcial de esta historia, de la época e incluso del personaje, que me parecía honesto subrayar que esto es como lo veo yo"

Como corresponsal en Roma durante varios años, ahora en París, ¿crees que el personaje de Mar habría surgido en otro ecosistema mediático de otro país o tenemos una serie de personajes como, salvando las distancias el Pequeño Nicolás o Leire Díez, propios de España?

Bueno, es verdad que aquí hay cierta picaresca española que es bastante propicia para que haya este tipo de personajes. Es verdad que hay algo... Leire es como la versión cutre de todo esto, pero son mediums entre la realidad y la ficción. Es gente que es capaz de poner un pie en un lado y en otro con una facilidad increíble.

Precisamente, creo que donde he sido corresponsal más tiempo, que es en Italia, también podría haber existido porque no hay un lugar más idóneo para esas medias verdades que Italia. Lo ves también en sus autores, en Elena Ferrante o este tipo de pseudónimos, es un poco el paradigma en la literatura, de alguien que construye una identidad que no es la suya para poder desarrollar su obra con toda libertad.

¿Estabas tú en la redacción de El País cuando llevaron los patos aquellos para anunciar el acuerdo con Jot Down?

No, no, yo no estaba. Me lo contaron los compañeros y las personas que los llevaron ese día.

La portada filtrada de Juan Luis Cebrián como Darth Vader en 'Jot Down'.
  La portada filtrada de Juan Luis Cebrián como Darth Vader en 'Jot Down'.Jot Down

¿Cuál fue la reacción ante la portada de Juan Luis Cebrián con ese casco de Darth Vader, que salió años después?

Salió tarde, sí. Hubo un rumor. Como todo lo que ocurría en torno a ella, empezó a circular que existían esas fotos y muchos se preguntaban "cómo puede ser". Era un momento muy crítico también para la empresa, en un cambio de régimen, de alguna manera.

La gente estaba como flipando de que eso hubiera ocurrido, pero no había pruebas hasta que salieron en un confidencial. Porque la historia es que, como sabes, se hicieron las fotos, pero luego no se publicaron en la revista Jot Down que se distribuía con El País porque la empresa no lo consideró oportuno. Cosa que, bueno, es discutible porque nunca está mal reírse de uno mismo. Además, te da grandeza, ¿no? Pero fue la decisión que se tomó y luego acabaron apareciendo en un confidencial y, finalmente, en la revista trimestral que hacían. Pero la gente alucinó.

Agrandó un poco esa mitología en torno al personaje, de cómo demonios habría logrado convencer a Cebrián para aquello. Pero yo creo que justamente fue de las cosas más fáciles que le debieron pasar, porque a Cebrián le apetecía pasárselo bien.

¿Enriqueció Jot Down el panorama periodístico y cultural que había entonces en esa situación de crisis?

Sí, sin duda. Yo creo que sí. Aportó muchas cosas, algunas han perdurado, otras fueron fogonazos del momento. Algunas fueron accidentales y creo que se convirtieron en canon a base de repetirlas. Pero, desde luego, fue un proyecto que aportó aire fresco. Sobre todo, sirvió a mucha gente que tenía mucho talento y no tenía un lugar donde publicar para poder imprimir ahí sus crónicas, sus pensamiento, sus reportajes. Eso fue una cosa muy útil.

No solo a esa generación joven. Siempre lo cuento, creo que hubo dos generaciones en las antípodas: toda una generación de viejos rockeros del periodismo, digamos, que habían sido despedidos en los multiplísimos EREs de esos días y que necesitaban también un sitio donde reivindicar que todavía eran útiles para esta profesión, que todavía tenían ideas brillantes que podían lucir en un sitio como aquel. Creo que uno de los méritos fue hacer bien esa mezcla entre lo viejo y lo nuevo.

Enric González, uno de ellos, que tiene gran importancia en el proyecto y en el libro, ¿no?

Digamos que el planeta de los medios tradicionales explotó y de todos aquellos asteroides que habían sido despedidos, el de Enric era el más rutilante.

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Redactora de Life en El HuffPost. Graduada en Periodismo por la Universidad de Málaga (UMA) y Máster en Periodismo Cultural por la Universidad CEU San Pablo, ha colaborado con diversas webs culturales y ha trabajado como coordinadora de proyecto en la VII Bienal de Arte Contemporáneo de Fundación ONCE. Desde 2017, en la sección de Life (antes Tendencias) de El HuffPost escribe sobre música, cultura y entretenimiento, pero también sobre feminismo y sobre el colectivo LGTBIQ+.

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