El japonés de 18 años que ha ganado 92.000 euros demostrando que el origami puede salvar vidas: "Una mariquita pliega sus alas con esos mismos patrones"
Una afición que puede crear soluciones globales.
Lo que empezó con unas hojas de papel (https://www.huffingtonpost.es/sociedad/unno-14nos-gana-25000-euros-figuras-origami-mas-llamativo.html ) terminó convirtiéndose en una investigación capaz de convencer a un jurado internacional. Hikaru Kuribayashi, un estudiante japonés de 18 años, ha ganado 100.000 dólares (unos 92.000 euros) en la Feria Internacional de Ciencia e Ingeniería Regeneron de 2026 gracias a un proyecto que une dos de sus grandes pasiones: el origami y la ciencia.
Criado en Hokkaido, la isla más septentrional de Japón (https://www.huffingtonpost.es/sociedad/comunidades-enteras-convirtiendo-pueblos-fantasma-cara-turismo-japon-f202606.html ), Kuribayashi encontró inspiración en los bosques y montañas que le rodeaban. Allí observaba cómo las hojas, los pétalos y las alas de los insectos adoptaban formas complejas. "Imaginen una pequeña mariquita. Esa mariquita usa patrones de origami para plegar y desplegar sus alas", explicó a Business Insider.
De una hoja de papel a una investigación científica
Kuribayashi se aficionó al origami (https://www.huffingtonpost.es/life/viajes/no-esta-japon-mayor-museo-origami-mundo-encuentra-ciudad-espana.html ) gracias a su abuela cuando era pequeño. Años después empezó a preguntarse si los mecanismos de plegado que veía en la naturaleza podían tener aplicaciones mucho más allá de las figuras de papel.
Durante unos seis meses desarrolló un programa de simulación utilizando Julia, un lenguaje de programación similar a Python. Su objetivo era predecir resultados de plegados complejos mediante algoritmos matemáticos, un trabajo que le obligó a enfrentarse a numerosos errores de programación.
El joven incluso trabajó con material académico de la Universidad de Tokio y decidió programar el proyecto por sí mismo, en lugar de depender de herramientas de inteligencia artificial. Para él, estudiar los patrones naturales permite descubrir diseños eficientes que después pueden trasladarse a la ingeniería.
Refugios para terremotos y paneles solares
Y ahí es donde su investigación adquiere una dimensión de otro nivel. Kuribayashi cree que los nuevos patrones de plegado podrían utilizarse para fabricar objetos capaces de ocupar muy poco espacio y desplegarse rápidamente cuando sea necesario.
Uno de los ejemplos que menciona son los refugios de emergencia. En Japón, un país acostumbrado a terremotos y tsunamis (https://www.huffingtonpost.es/planeta/un-fuerte-terremoto-magnitud-71-sacude-sur-japon-provoca-alerta-tsunamibr-f202607.html ), disponer de estructuras compactas que puedan desplegarse rápidamente podría resultar especialmente útil. También plantea aplicaciones para paneles solares diseñados para adaptarse a espacios reducidos.
El proyecto le valió el primer premio de la feria internacional, en la que participaron más de 1.700 estudiantes de secundaria de todo el mundo. "Todavía no me lo creo", reconoció el joven, que llevaba soñando con participar en esta competición desde que estaba en octavo curso.
Y además del premio económico, se llevó algo que considera igual de importante: conocer a otros jóvenes investigadores y descubrir nuevas formas de abordar la ciencia.