Paula Aristizabal, 29 años, bioquímica, fabrica hasta 300 réplicas 3D de tumores de mama para probar fármacos en días en vez de meses: "En cáncer, ese tiempo puede ser la diferencia entre la vida y la muerte"
La investigadora impulsa Onkoreplika, un proyecto que crea minitumores en laboratorio a partir de células de pacientes para acelerar las pruebas de tratamientos y ayudar a los oncólogos a decidir terapias más rápido.
En la investigación contra el cáncer, el tiempo lo es todo. Cada semana cuenta. Cada día puede marcar la diferencia entre que un tratamiento funcione o no. Con esa idea en mente trabaja Paula Aristizabal, bioquímica de 29 años que ha desarrollado una tecnología capaz de fabricar hasta 300 réplicas en miniatura de tumores de mama mediante impresión 3D para probar fármacos en cuestión de días.
"En cáncer, ese tiempo puede ser la diferencia entre la vida y la muerte", explica. Su proyecto se llama Onkoreplika, un spin-off del centro de investigación CIC BiomaGUNE, y acaba de ser seleccionado en Ekinn+, un programa de aceleración de proyectos innovadores impulsado por la Sociedad de Fomento.
La idea es tan sencilla como ambiciosa: replicar el tumor de un paciente en laboratorio para probar distintas terapias antes de decidir el tratamiento real.
Hasta 300 minitumores de un mismo paciente
El sistema desarrollado por Aristizabal permite crear cientos de versiones del mismo tumor en miniatura para experimentar con diferentes medicamentos o combinaciones de tratamientos.
"Fabricamos réplicas del tumor del paciente, principalmente de mama, mediante impresoras 3D. Así conseguimos hasta 300 minitumores en los que probar terapias distintas y ver cuáles funcionan y cuáles no", explica la investigadora.
De esta forma, los oncólogos podrían contar con información mucho más precisa sobre qué tratamiento tiene más posibilidades de éxito antes de administrarlo al paciente. La diferencia de tiempo es clave: las pruebas pueden realizarse en entre cinco y diez días, cuando en métodos tradicionales los procesos pueden alargarse durante meses.
Cómo se fabrica un tumor en laboratorio
La tecnología utiliza biomaterial obtenido de tejidos humanos sanos que normalmente se descartan en intervenciones médicas, como operaciones de reducción mamaria realizadas en hospitales.
A partir de esos tejidos, el equipo elimina las células originales y conserva las proteínas que forman la estructura del tejido. "Lo que obtenemos es una especie de gelatina", explica Aristizabal.
En ese material se inyectan las células tumorales del paciente, que comienzan a crecer formando una réplica tridimensional del tumor. El resultado es un modelo mucho más parecido a lo que ocurre dentro del cuerpo humano que los cultivos celulares tradicionales.
Además, este sistema tiene otra ventaja importante: reduce la necesidad de utilizar animales en experimentación, algo que cada vez busca más la investigación biomédica.
Validado en laboratorio
La tecnología ya ha alcanzado un nivel de madurez tecnológica TRL4, lo que significa que ha sido validada con éxito en laboratorio. El siguiente paso será comprobar su eficacia en entornos reales con los primeros clientes potenciales.
Entre ellos están, por un lado, las compañías farmacéuticas, que podrían usar estos modelos para descartar antes los medicamentos que no funcionan y ahorrar tiempo y recursos en el desarrollo de nuevos tratamientos. Por otro, también los oncólogos, que podrían utilizar estas réplicas para tomar decisiones terapéuticas más rápidas y personalizadas para cada paciente.
De la investigación al emprendimiento
El proyecto Onkoreplika nació en 2023 dentro de CIC BiomaGUNE, a partir de una investigación del grupo liderado por el científico Luis Liz-Marzán, en la que también participa la investigadora danesa Malou Henriksen como codesarrolladora de la tecnología.
Aristizabal lleva casi seis años trabajando en el centro de investigación ubicado en el parque científico de Miramon, en San Sebastián, y los últimos tres se ha centrado en desarrollar este proyecto.
Convertir una investigación científica en una empresa es otro desafío completamente distinto. Ahí es donde entra el apoyo del programa Ekinn+, que ayuda a proyectos innovadores a dar el salto al mercado.
"Yo lo que sé es hacer ciencia", reconoce Aristizabal. "Allí nos ayudan con todo lo demás: cómo crear una empresa, aspectos fiscales, marketing o estrategia".
Un acompañamiento que, asegura, está siendo clave para convertir una idea de laboratorio en una tecnología capaz de cambiar la forma en la que se prueban los tratamientos contra el cáncer.
Porque si algo ha aprendido en estos años investigando tumores es que ganar tiempo puede significar salvar vidas.