El bulo es adictivo. En momentos especialmente dramáticos, como en la tragedia de Adamuz, ya hemos visto que es un lamentable modus operandi que suele venir siempre de los mismos sitios. Aprovechando los tiempos de una investigación rigurosa hay prisas por ser el lumbreras que descubra qué pasó pasándose por el forro el dolor de las víctimas que necesitan certezas.