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Un estudio desmonta los mitos de la vasectomía: es más reversible y fiable de lo que se piensa

22/11/2013 11:46 CET | Actualizado 22/11/2013 11:47 CET
TUREK CLINIC / MORPHIC 3D MODELING

A muchos hombres, la mayoría, les asalta una mezcla de escalofríos, miedo y un punto de machismo cuando piensan en la vasectomía. Esto ha convertido esta técnica de anticoncepción en la menos usada, dejando toda la responsabilidad a las mujeres. Ahora, un estudio desmonta los principales mitos que la rodean y la convierten en una alternativa real al preservativo. Es más segura, no estropea una buena noche con eso de tener que ponérselo en el mejor momento y, salvo raras excepciones, se puede deshacer.

El primer gran mito a desmontar es que la reversibilidad de una vasectomía se complica con cada año que se realizó, es decir, desde el momento en que se seccionaron y ligaron los conductos deferentes que elevan los espermatozoides desde los testículos en la eyaculación. Si sólo han pasado unos años desde la ligadura, se realiza una vasovasostomía, en la que los conductos vuelven a conectarse. Pero, con el tiempo, la obstrucción puede obligar a realizar una de las operaciones más complejas que existen en la cirugía: la epididimovasostomía o EV.

“Realizar una epididimovasostomía para revertir una vasectomía con éxito es verdadero arte y artesanía”, dice el doctor estadounidense Paul Turek. “Es mucho más difícil que una vasovasostomía y es todo un reto a la coordinación y límites de movilidad de la mano de un cirujano. Posiblemente se trata de la operación de microcirugía más exigente técnicamente que se pueda realizar en el cuerpo humano”, añade.

Buena parte de esa complejidad viene del epidídimo. Este conducto es el que conecta cada testículo con los conductos deferentes. Mide hasta siete metros (no cinco centímetros, como dice la edición española de la Wikipedia) enrollados en un espacio tan reducido como es el escroto. Su diámetro es de apenas 300 micras, lo que lo convierte en el tubo más pequeño del cuerpo humano. Tras una vasectomía, llega a obstruirse y la obstrucción aumenta con el paso del tiempo. Por eso, para recuperar su permeabilidad, se hacía necesaria una EV. Hasta ahora, había consenso en la comunidad médica de que, a medida que pasaba el tiempo, la necesidad de hacer esta operación aumentaba, llegando hasta el 100% de los casos en los que la vasectomía se había realizado hacía 35 años o más.

REVERSIBLE HASTA 40 AÑOS DESPUÉS

Pero el doctor Turek y otros cuatro colegas suyos han desmontado este otro mito. Entre todos han realizado cerca de 1.700 reversiones de vasectomías durante su carrera. Sobre la base de más de 1.200 de ellas, han realizado ahora un estudio que demuestra que la permeabilidad del hombre se puede recuperar aún habiendo pasado 40 años desde la vasectomía.

Y no sólo eso, los espermatozoides vuelven a viajar en cantidad y calidad. Aunque un tercio de sus pacientes tuvieron que recurrir a una EV, en especial los que llevaban más tiempo vasectomizados, a partir de los 22 años desde la intervención, la necesidad de aquella complicada operación apenas crece. En cuanto a la recuperación de la permeabilidad, la media recuperada era del 84%, un porcentaje que aumenta cuanto más cerca están en el tiempo la vasectomía y su reversión.

La peor calidad del semen es otro mito que se cae. El estudio, publicado en Andrology, recoge los resultados de los análisis del semen de los estudiados tras revertir su vasectomía. Midieron tanto el total de espermatozoides (volumen por cada eyaculación y la concentración espermática) como su motilidad, su capacidad para moverse y dirigirse a su objetivo. “El total de espermatozoides fue excelente en todos los intervalos temporales desde la vasectomía, yendo desde los 60 millones por eyaculación hasta los 114”, escriben en el estudio.

Lo que si han comprobado es que, cuanto más tiempo ha pasado desde la vasectomía, menor motilidad entre los espermatozoides. Se produce una perdida lineal de 1,3 millones de gametos masculinos móviles por año. De media, los vasectomizados hacía menos de 15 años tenían 49 millones de espermatoizoides que conservaban su movilidad, frente a los 22 millones de las vasectomías de más de 40 años. Son más que suficientes para proseguir su misión fertilizadora.

MIEDO "VISCERAL"

“Las principales razones de los hombres para ser reacios a la vasectomía son de hecho viscerales: Miedo a una operación en sus partes íntimas, miedo a sufrir un dolor crónico tras la operación y miedo a hacer algo que sea irreversible para su hombría”, comenta el doctor Turek. Su estudio muestra que son tres miedos sin base científica.

Sin embargo, por cada tres mujeres que se han sometido a alguna técnica de anticoncepción, como la ligadura de trompas, sólo hay un hombre vasectomizado. Y eso es en Estados Unidos, donde alrededor del 10% de los hombres se ha realizado una vasectomía. Puede que aquel triple miedo esconda algo de machismo.

Turek lo niega y señala más a algo atávico relacionado con la biología y con el supremo mandato evolutivo de perpetuar la especie. “No hay nada oculto aquí. Los genitales del hombre pasan todo el día fuera del cuerpo, expuestos al peligro y son constantemente, y recalco lo de constatemente, y diligentemente protegidos por su propietario. No hay ningún organo así en la mujer. Créanme, es un área difícil, incluso para los hombres más duros, para que alguien les opere ahí”.

Está claro que para un relación ocasional, el preservativo sigue siendo la mejor opción. Pero Turek cree llegado el momento de pensar en la vasectomía como una alternativa real. Y hace una rápida comparación. Mientras la ratio de fallos del condón se acerca al 20%, el de la vasectomías es del 1%. La calidad del sexo, con el primero, pierde todo lo que conserva la segunda. Por último, mientras la reversibilidad del preservativo es lógicamente de un 100%, la de la vasectomía ronda entre unos más que aceptables 84%-99%. “Básicamente, el preservativo con su alta tasa de fallos, no es tampoco un juego de niños”, mantiene.