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¿Qué andarán haciendo las monjas?: el mensaje en el contestador del papa Francisco a las monjas de Lucena (AUDIO)

04/01/2014 10:57 CET | Actualizado 04/01/2014 11:00 CET

Las seis monjas del convento de las Madres Carmelitas Descalzas de Lucena (Córdoba) se llevaron una gran sorpresa al mirar el contestador telefónico la mañana del 31 de diciembre. Había un mensaje que decía:

- ¿Qué andarán haciendo las monjas que no pueden atender? Soy el Papa Francisco, las quería saludar en este fin de año, voy a ver si más tarde las puedo llamar. Que Dios les bendiga.

Y efectivamente, volvió a llamar después, sobre las 19,15 horas, momento en el que sí logró conversar con la comunidad de religiosas durante 15 minutos. La priora, Sor Adriana de Jesús Resucitado, ha explicado que en la primera llamada estaban rezando, ya que siguen "la vida de observancia" y fue a parar al contestador. "Nos dio mucha pena, pero como dijo que lo iba a volver a intentar, en cualquier instante esperábamos un llamado de él", ha comentado.

La llamada fue de unos 15 minutos. "Como siempre, nos preguntó cómo estábamos, vino toda la comunidad -tres argentinas, una venezolana y una española- y le pedí licencia para que toda la comunidad lo escuchara a través del sin manos, a lo que él respondió que sí, por favor", según el relato de la madre Adriana.

Durante la llamada, Francisco les pidió que "a todo el mundo, que de una manera u otra se relacione con el monasterio, le digan que el Papa les manda un saludo". Especialmente, "se acordó de los que lo están pasando mal y extendió su saludo, su bendición y el deseo de un feliz año a todo el pueblo de Lucena", precisa la priora.

"Jamás pensamos que nos podría llamar, aunque sabíamos que estábamos en su corazón porque nos conocíamos desde hace muchos años, pero no nos imaginábamos que le robaríamos el más mínimo tiempo. Es una alegría inmensa", resume.

La priora ha explicado que la relación con las tres monjas argentinas que residen en el convento de Lucena empezó hace 15 años, cuando Jorge Mario Bergoglio era arzobispo de Buenos Aires. "Siempre llamaba al convento pidiendo oraciones y se interesaba por nosotras, aunque nunca hubo un trato directo y personal", asevera.

Desde entonces surgió una amistad cimentada con el paso de los años a través de llamadas, alguna misiva y alguna felicitación navideña. Además, ha precisado que ellas tres se vinieron a España "cuando Su Santidad ocupaba el cargo de obispo auxiliar de Buenos Aires".