POLÍTICA

Alertan contra las trampas para ciclistas: "Si las pones, eres un asesino en potencia" (FOTOS)

01/03/2015 10:20 CET | Actualizado 01/03/2015 10:22 CET

Borja Serantes tenía ocho años cuando sufrió las consecuencias de una trampa para ciclistas. Iba con su bicicleta por los alrededores de su pueblo, en Asturias, cuando cayó al suelo sin razón aparente. Tenía una herida, casi una quemadura, que le atravesaba la cara de oreja a oreja. Alguien había puesto un hilo de nylon atado de un árbol a otro y atravesando el camino a la altura de su cuello.

Eso, que hace tiempo era algo casi anecdótico, se está multiplicando y convirtiendo en los últimos años en una peligrosa práctica que pone en riesgo las vidas de los ciclistas, motoristas y senderistas que salen a pasear por caminos forestales.

Tanto que la Guardia Civil alertó recientemente en Twitter de los riesgos que tienen esas trampas: piedras de grandes dimensiones puestas en lugares estratégicos de los caminos para que no se vean y produzcan caídas; cables de nylon o acero que atraviesan las sendas y que pueden producir graves cortes a la altura del cuello; tablas con clavos que, además de la inevitable caída, pueden producir lesiones de importancia a los ciclistas…

De momento no ha habido ninguna muerte como consecuencia de estas prácticas, pero sí varias desgracias. Diego, un joven de Vigo, sufre una lesión medular irreversible tras chocar en septiembre con una piedra enorme colocada en un punto estratégico de un camino. Le dejó sin sensibilidad de hombros para abajo. La Guardia Civil confirma que la piedra era una trampa.

“Era como una mesa camilla y se necesitaban tres hombres para moverla. No cayó ahí porque sí. Estaba puesta tras un salto, en el lugar donde las ruedas de la bici vuelven a tocar el suelo”, explica Víctor Tarodo, vicepresidente de Imba (Internacional Mountain Bicycling Association). Más consecuencias: en Oviedo, a Manuel un alambre de espino le arrancó el labio. “Se le cayó la parte de arriba. Se le veían la encía y los dientes. Daba miedo”, afirman quienes vieron la lesión.

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piedra

El mensaje de la Guardia Civil alertando de los peligros de las trampas tuvo un gran eco en Twitter: más de 3.500 retuits e indignación y muchas preguntas en las redes sociales. ¿Qué mueve a alguien a colocarlas en medio de un camino?

Valentí San Juan, ironman que ha subido a YouTube vídeos denunciado esas prácticas, advierte de que “parece” que quienes ponen esas trampas son “cazadores molestos porque los ciclistas, corredores o senderistas les espantan las presas”. “Eso cuando sucede en zonas donde se suele cazar. En otras ocasiones son dueños de terrenos o de propiedades privadas cerca de las que pasan caminos o rutas utilizadas por gente que anda en bici de montaña”, explica, a la vez que subraya que quien pone esas trampas es “un asesino en potencia”.

Fuentes de la Guardia Civil no se atreven a señalar a nadie y admiten a El Huffington Post que “la pregunta del millón es quién y por qué” ponen las trampas. “El Seprona lo está investigando, pero de momento no tienen resultados positivos. En el monte es muy difícil investigar porque es muy amplio”, reconocen.

Víctor Tarodo, de la Internacional Mountain Bicycling Association, advierte de que no quieren culpar a ningún colectivo porque las trampas las colocan “personas que en un determinado momento se les va la cabeza y no se dan cuenta de que están haciendo una barbaridad”. Sí admite que cazadores o quienes organizan cacerías las ponen porque “les molesta que haya un camino de uso público en medio de un coto”.

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trampas

Ángel López, responsable de comunicación de la Real Federación Española de Caza, rechaza todas las acusaciones. “Desconocemos absolutamente que eso exista y menos para poner en riesgo la integridad física de nadie. Cualquier hecho de ese tipo es un absoluto disparate. Cualquier persona, sea cazador o no, que haga eso está cometiendo una falta y no lo admitimos”, afirma.

Una vez dicho eso, subraya que si los cazadores respetan a los ciclistas, los ciclistas tienen que respetar a los cazadores. “El ciclista circula libre y gratuitamente por esa vía por la que se puede ejercer el derecho a cazar. Y los cazadores pagamos por ejercer el derecho de caza. Eso el ciclista lo tiene que entender y, si no, que pague un permiso de circulación por esa vía porque nosotros pagamos un permiso por cazar ahí”. Por eso, dice que es “lógico y normal” que el día de caza se ponga un cartel de ‘prohibido el paso’ porque el ciclista “corre el riesgo” de recibir un tiro accidentalmente.

¿CONSECUENCIAS PENALES?

Víctor Tarodo asegura que algún fiscal les ha reconocido que poner una trampa para ciclistas no se puede considerar ni homicidio en grado de tentativa ni nada similar, pero sí puede calificarse como lesiones imprudentes con el resultado que tengan. “El que lo pone no lo hace pensando que va a matar a alguien”, explica.

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Andrés Arroyo, otro ciclista que se ha encontrado trampas en el camino, también quiere pensar eso. “Si realmente existe gente capaz de poner estas trampas por el mero hecho de hacer daño e incluso quitar una vida… me replantearía el hecho de salir de mi casa”, asegura.

Todos los ciclistas coinciden en alertar de que, si alguien se encuentra una de esas trampas en el monte, debe permanecer en el lugar, señalizarlas para que nadie se lesione y llamar a la Guardia Civil. Insisten en que no se deben tocar los objetos para que las autoridades vean cómo y dónde estaba y, sobre todo, se debe denunciar: “Es una denuncia innominada, pero sirve para que se investigue quién puede ser el autor”.

Trampas para ciclistas

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