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80 años de 'Muerte de un miliciano' de Robert Capa: historia de una foto

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"De repente, su avance fue interrumpido, una bala silbó y su sangre fue derramada en su suelo nativo". Así rezaba la publicación de la revista Vu el 23 de septiembre de 1936. El texto acompañaba a la icónica fotografía de Robert Capa, Muerte de un miliciano o Miliciano abatido, que era publicada por primera vez, sin saber que acabaría convirtiendose el símbolo de la Guerra Civil Española y del fotoperiodismo de guerra.

La instantánea había sido tomada 18 días antes, exactamente el 5 de septiembre de 1936. El fotógrafo húngaro acompañaba a un grupo de soldados anarquistas un día que parecía tranquilo, juntos salieron por los alrededores de Espejo, un municipio cordobés, a simular carreras y saltos entre los barrancos. Todo transcurría sin sobresaltos hasta que comenzaron los disparos del bando nacional. "Estábamos haciendo el tonto. Entonces, de repente, se convirtió en algo real", contaba Capa en una entrevista en 1937 como recoge el libro Sangre y Champán de Alex Kershaw al New York World-Telegram. El resultado de ese día fue una serie de fotos en la que destacó la muerte de un soldado anarquista de 24 años llamado Federico Borrell García, alias El Taino.

EL PROTAGONISTA

Procedente de una familia alicantina humilde, El Taino era el quinto de seis hermanos. Como muchos de sus conocidos, se hizo anarquista muy joven. Según lo ha descrito el historiador Miguel Pascual, tenía unos rasgos muy parecidos a su padre, un labrador que murió cuando Borrell tenía seis años. Las circunstancias hizo que la familia se desplazase a la ciudad alicantina de Alcoy, donde su madre empezó a trabajar de criada.

"Mi abuelo le conoció y me contaba que Taino era algo alocado" explica Miguel Pascual. Cuando se tomó la foto, El Taino tenía novia y se iba a casar. En esa época, decidió junto a una milicia anarquista asaltar el cuartel de Infantería de Alcoy para coger armamento. El grupo, compuesto por 300 hombres, entre los que se encontraba su hermano, Evaristo, partió a Córdoba para frenar el avance de las tropas nacionales del general Valera. Pero la milicia no se trataba de un ejército bien organizado, era un grupo de ciudadanos armados frente a un ejercito muy bien preparado.

EL AUTOR

Capa había viajado a España con su pareja Gerda Taro para documentar la Guerra Civil Española. Tenía 24 años cuando captó con su Leica III un momento único que ha pasado a la Historia de la Fotografía debido a su carga simbólica. El autor retrató la caída en el aire de Borrell, atravesado por una bala, con la mano agarrando su fusil y las piernas en escorzo. Su rostro aparece difuminado, aunque permite ver que tiene los ojos cerrados.

A pesar de su juventud, Capa ya había hecho historia en el mundo de la fotografía. En 1932 retrató a Leon Trotsky para la revista Regards durante unas movilizaciones del Frente Popular en Copenhague. Fue el único miembro de la publicación que consiguió una instantánea del soldado ruso.

LA POLÉMICA

Esta imagen, por la perfección del momento preciso y la técnica, ha suscitado muchas dudas acerca de su autenticidad. En 1975 el periodista británico Philip Knightley aseguraba que Muerte de un miliciano era un montaje. En su argumento utilizaba la poca actividad bélica de esos días y que Capa había salido para hacerle una sesión de fotos a la milicia. Para él no había dudas de que la imagen de Borrell era un posado.

A Robert Capa nunca le gustó hablar de ese momento, la muerte de Borrell le impactó tanto que se le quedó grabada en la memoria, y le molestaba que le preguntasen acerca de ello. Lo que sí dijo en la entrevista concedida en 1937 al New York World-Telegram es que no le hizo falta trucar nada en España a la hora de tomar las fotos: los instantes estaban ahí y él los inmortalizaba.

La imagen tardó un año en hacerse famosa: lo fue gracias a la publicación de la revista LIFE. A España llegaría mucho tiempo después, debido a la censura. Muerte de un miliciano sirvió para llamar la atención a los países aliados sobre la situación que se estaba viviendo en España, se convirtió en un documento histórico único por la fuerza del instante.

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