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'El Rey León' cumple cinco años: una visita al 'backstage' del musical en Madrid (FOTOS)

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Las luces se apagan. Se hace el silencio. Y entonces suena El ciclo de la vida. Comienza El Rey León.

La escena se produjo por primera vez en la Gran Vía madrileña el 20 de octubre de 2011. Han pasado cinco años desde entonces y el Teatro Lope de Vega ha acogido más de 2.000 representaciones (ese hito se logró el 7 de septiembre de 2016). Sin embargo, hoy aún afloran los nervios cuando se acerca la hora de la representación. Todo tiene que estar listo para dar lo mejor al público que llena día tras día las 1.456 butacas de la sala. En las primeras 500 funciones hubo 100% de ocupación en todas y, según cuentan desde la productora teatral Stage Entertainment, el aforo no ha bajado nunca del 90%. Un dato curioso: sólo un 5% de los espectadores que se han sentado en las butacas durante este tiempo, y que llegarán a los tres millones en enero, eran niños.

rey leon

Dos horas antes de arrancar la función, empieza a llegar el equipo al teatro. A partir de las 18:30 horas comienza a comprobarse que todo fluya en la selva de Simba y Nala. Es el momento de la pasada técnica, del calentamiento de los actores, de las pruebas de voz... El Huffington Post ha estado en uno de esas previas para conocer cómo son los preparativos, ver cómo es el backstage del Lope de Vega y desvelar algunas de las cifras más llamativas de la creación de Julie Taymor.

  • CARLOS PINA
    Antes de llegar al estreno del 20 de octubre de 2011 hubo mucho trabajo previo. Dos años antes comenzaron a hacerse los castings para seccionar a los 55 actores que trabajan en el musical, que vio la luz en Nueva York en 1997 y que en la Gran Manzana sobrepasa la recaudación del millón de dólares semanales. Muchos de esos intérpretes seleccionados para el debut de la obra continúan hoy en escena, es el caso de Scar (Sergi Albert), Zazu (Esteba Oliver), Mufasa (David Comrie) o la hiena Shenzi (Damaris Martínez).
  • CARLOS PINA
    Los que han variado mucho son los niños que interpretan a Simba y Nala de pequeños, ya que en este tiempo muchos han dado el estirón y han cambiado la voz. Para interpretar a estos dos personajes hay actualmente once actores (seis niñas y cinco niños). La legislación no permite que hagan más de dos funciones semanales y tienen que ir rotando. Además, ellos, como los adultos, tienen que contar con un cover en los camerinos del Lope de Vega que les sustituya si pasa algo durante la representación.
  • CARLOS PINA
    Los niños, como los adultos protagonistas, tienen un camerino especial. El resto de actores se cambian en el llamado búnker, situado justo detrás del escenario y dividido en dos partes, una para ellos y otra para ellas. El espacio lo comparten con 17 personas de vestuario que les ayudan a hacer los cambios de ropa durante la función (entre 10 y 12 por actor).
  • CARLOS PINA
    Por las perchas del búnker se distribuyen la ropa que saldrá al escenario durante la función. Todos los looks están hechos a medida, teniendo en cuenta tanto el cuerpo como la piel del actor. Se trata de que no haya diferencias entre ésta y las mallas o zapatos que luzcan los intérpretes. Los corsés de las leonas (en la imagen) son todos diferentes y están cosidos a mano. Las cuentas se repasan dos veces por semana, para evitar que puedan desprenderse durante la función.
  • CARLOS PINA
    En total 140 personas trabajan para hacer posible El Rey León: se incluyen desde los propios actores hasta personal técnico, maquillaje, vestuario o los veterinarios de la selva. Ellos trabajan por turnos en la sala de lo que llaman puppets (marionetas) arreglando los desperfectos que pueda haber en los animales que participan en la función. La mayoría de los arreglos se hacen durante la mañana, pero siempre hay algún veterinario de guardia por si surge algún imprevisto en plena representación. Luego hay animales que deben ser reparados en Londres, aunque esos son casos excepcionales como el del jabalí Pumba.
  • CARLOS PINA
    Todos los animales que trabajan en la obra parecen hechos de pesada madera, pero la realidad es otra. Hienas, jirafas, bisontes... están elaborados con fibra de carbono. Cuando no hay representación permanecen almacenados en los hombros (laterales) para que no ocupen demasiado espacio.
  • CARLOS PINA
    Antes de empezar la representación de El Rey León quienes trabajan sin descanso son los maquilladores. A las 19:00 horas empiezan a circular los intérpretes por esta sala. Los primeros en hacerlo son los niños y los actores que dan vida a Scar (en la imagen), Mufasa, Rafiki y Zazu, ya que ninguno de ellos tiene que hacer calentamiento físico.
  • CARLOS PINA
    Tras ellos van bajando el resto de actores hasta que una vez empezada la representación les toca el turno a Nala (Cristina Llorente) y Simba (Daniel Mejía), que al no aparecer en el primer acto tienen mucho más tiempo.
  • CARLOS PINA
    En la sala hay un total de cuatro maquilladores. Cada uno tiene sus personajes fijos, no varían de un día a otro. Cuanta más práctica tengan, mucho más rápida es el proceso de preparación. Cuando empezó la obra en 2011, el tiempo medio en esta sala era de 50 minutos por actor, ahora están listos en 35.
  • CARLOS PINA
    Y mientras unos se maquillan en el piso de abajo del escenario, en la parte superior se suceden los calentamientos. Cada día la preparación física es distinta, unas veces la organiza el coreógrafo y en otras ocasiones la lidera uno de los actores. El periodo de calentamiento transcurre exactamente de 19:00 a 19:30 horas.
  • CARLOS PINA
    En esta ocasión el calentamiento coincide con un ensayo del primer número del musical, otras veces son clases de zumba y en algunas ocasiones toca hacer abdominales. Antes de ir a maquillarse, los actores hacen un calentamiento de voz y repasan juntos las notas de la escala musical.
  • CARLOS PINA
    Pero los intérpretes no son los únicos que tienen que ensayar. Para que no haya problemas cuando se levante el telón, es necesario que se lleve a cabo la pasada técnica. Consiste en comprobar que todos los mecanismos funcionan: los lienzos que se van a desplegar, los cáctus que van a aparecer, la roca que se desplegará... Nada puede fallar.



Al final todos trabajan en que el público disfrute de la magia de la selva durante toda la representación. Lo hacen ahora con el mismo mimo y esmero con que trabajaron el primer día y siempre dispuestos a continuar. Porque la función no tiene fecha de fin. Mientras el público quiera, El ciclo de la vida seguirá sonando como ocurre en Broadway, en Nueva York, donde están a punto de cumplir dos décadas, o como pasa en Alemania, donde iban a estar tres años y llevan ya 12 en cartel.

Sin fecha de fin, el mensaje es claro: LARGA VIDA AL REY... LEÓN.

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