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Y la alta velocidad llegó para ahorrarnos tiempo, dinero... y CO2

El ferrocarril se ha proclamado como uno de los elementos fundamentales para una economía baja en carbono

18/09/2017 20:26 CEST | Actualizado 18/09/2017 20:26 CEST
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El 25 aniversario de la puesta en marcha del primer AVE Madrid-Sevilla de Renfe ha sido el momento, no solo de celebrarlo, también de hacer balance. Y este recuento arroja extraordinarias cifras que consolidan el tren de alta velocidad como el el principal medio de transporte colectivo elegido en España para largas distancias peninsulares.

Dos décadas de funcionamiento han supuesto claros beneficios, no solo para los viajeros —ahorro de tiempo, puntualidad, seguridad y fiabilidad—. Importantes sectores de nuestra economía, como el turismo y la industria ferroviaria, también se han beneficiado de las consecuencias de contar con una avanzada y moderna infraestructura de transportes ferroviarios. Pero además, hay un aspecto en el que tenemos que llamar la atención: el ferrocarril se ha proclamado como uno de los elementos fundamentales para una economía baja en carbono, ahora que el cambio climático, las emisiones de CO2 y la sostenibilidad se han convertido en temas fundamentales de debate e investigación en el mundo entero.

AVANZANDO POR VÍAS DE SOSTENIBILIDAD

El transporte es uno de los máximos responsables del alto nivel de emisiones de CO2 en los países desarrollados. Según datos del Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente, la energía consumida por el sector del transporte representa más de un 40% de la energía total nacional, es decir, éste es uno de los grandes 'culpables' del deterioro de la calidad del aire. Para instituciones medioambientales y ONG, reducirlas se ha convertido en una cuestión urgente.

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Prioridad al transporte público colectivo, integración de los objetivos ambientales en una adecuada planificación de infraestructuras, formación e información al ciudadano... son los nuevos conceptos que apoyan una movilidad más sostenible.

Y aunque el transporte ferroviario supone un porcentaje muy pequeño de esa contaminación, entre un 0,5 y un 2%, la irrupción de la alta velocidad lo ha convertido en uno de los motores centrales a la hora de tomar medidas. El impacto ambiental en estos 25 años, en los que se han mejorado las infraestructuras y se ha conseguido la electrificación del 89% del tráfico en tren, así lo demuestra: se han ahorrado más de 12,9 millones de toneladas de CO2 a nuestro aire y el incremento energético ha superado las 2,6 millones de toneladas equivalentes al petróleo.

Si lo traducimos a euros, desde aquel 21 de abril de 1992 hasta ahora, la alta velocidad de larga y media distancia, ha permitido un ahorro de 4.286 millones de euros, teniendo en cuenta el impacto sobre el cambio climático, la contaminación y la tasa de accidentes.

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