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La tribuna de Juan Marsé ante la crisis catalana que triunfa en las redes

El novelista escribe a su amigo Jaime Gil de Biedma, cuyo poema 'Noche triste de octubre' se ha hecho popular en las redes desde el 1-O.

12/10/2017 21:02 CEST | Actualizado 12/10/2017 21:06 CEST
EFE
El escritor Juan Marsé, en una imagen de archivo.

Juan Marsé, uno de los escritores más brillantes del último siglo en España, se ha visto en la diana en las últimas semanas. Sus libros han aparecido tirados por Barcelona, pintados con acusaciones de "botifler" y "renegado". Alguien también ha violado sus novelas en las bibliotecas públicas y cadenas de bookcrossing. Y todo porque dijo que el referéndum del 1 de octubre era "rigurosamente incompatible con un Estado de Derecho".

Pese a la polémica, el autor de Últimas tardes con Teresa, no ha querido entrar al trapo ni hacer nuevas declaraciones. Hasta hoy, cuando ha publicado una tribuna en el diario El País -inmediatamente viralizada en las redes sociales- en la que hace referencia a la crisis de su tierra. Otoño del 59, verano del 66 es el título del artículo, una especie de carta abierta a su amigo, el poeta Jaime Gil de Biedma, fallecido en 1990, ahora que sus versos se han rescatado en mitad del debate independentista.

"Querido Jaime. Me dicen que circula por la red tu poema Noche triste de octubre, 1959, publicado en Moralidades en 1966", arranca la tribuna. Y, a partir de ahí, un desahogo entre recuerdos en el que muestra su miedo y su angustia.

Este es el contenido completo del artículo, que se está multiplicando en esta tarde de jueves en redes como Twitter.

Querido Jaime. Me dicen que circula por la red tu poema Noche triste de octubre, 1959, publicado en Moralidades en 1966. Recordarás una conversación que mantuvimos acerca de algunas imágenes del poema, en la época que lo escribías, sobre todo esa tarde lluviosa que me leíste un primer esbozo. Me dijiste que me lo ibas a dedicar si conseguías terminarlo. Octubre siempre ha sido para mí un mes de malos augurios y resonancias dramáticas, y no puedes imaginarte hasta qué punto este octubre de 2017 ha superado tan nefastas aprensiones. Los problemas no son los mismos, el país ya no es el mismo, pero las cosas siguen viniendo mal dadas.

Quiero recordar ahora el día que, con un vaso de ginebra en la mano, en tu sótano ("más negro que mi reputación, que ya es decir", dejaste escrito) de la calle Muntaner, me leíste los versos del último bloque del poema:

Por todo el litoral de Cataluña llueve

con verdadera crueldad, con humo y nubes bajas,

ennegreciendo muros,

goteando fábricas, filtrándose

en los talleres mal iluminados.

Y el agua arrastra hacia la mar semillas

incipientes, mezcladas en el barro,

árboles, zapatos cojos, utensilios

abandonados y revuelto todo

con las primeras Letras protestadas.

Eran otros tiempos, otras lamentaciones. Quiero que sepas que este octubre no llueve en el litoral de Cataluña, al menos no lo ha hecho hasta el día 10 en que te escribo esto (sufrimos una larga sequía, no solo política) no hay humos ni nubes bajas ennegreciendo muros, no en el sentido de derrota anímica y miseria moral que tú veías en el paisaje urbano de entonces, en la desdichada ciudad gris de entonces, sumida en la humillación y el agravio, porque hoy vivimos en una democracia, en un Estado de derecho, pero aun así, todo y haber recuperado al fin las libertades y la autonomía, ya sabes que la cabra tira al monte, así que, si bien en este mes de octubre de 2017 no adelantaron

las lluvias, y el Gobierno

sigue reunido en consejo de ministros,

no se sabe si estudia a estas horas

el subsidio de paro o el derecho al despido,

o si sencillamente, aislado en un océano,

se limita a esperar que la tormenta pase

y llegue el día, el día en que, por fin,

las cosas dejen de venir mal dadas.

El caso es que las cosas, si bien estamos ya muy lejos de aquella dictadura, siguen viniendo mal dadas. Ahora vivimos un esperpéntico conflicto de identidades, de himnos y banderas y discursos papanatas que amenazan con amargarnos la existencia por mucho tiempo. Déjame decirlo a mi manera, lejos de cualquier pretensión lírica, para lo que tú sabes que no he sido dotado: estoy hasta el mismísimo gorro de esa gentuza que nos gobierna, los de aquí y los de allá.

Déjame recordar el arranque de tu Apología y petición, donde va esa terrible pregunta transmutada en poesía que me sigue estremeciendo:

¿Y qué decir de nuestra madre España,

este país de todos los demonios

en donde el mal gobierno, la pobreza

no son, sin más, pobreza y mal gobierno

sino un estado místico del hombre,

la absolución final de nuestra historia?

Siempre me costó aceptarlo. Pero más allá de todo pesimismo, ahora confío en que prevalecerá el Estado de derecho. La Constitución que nos dimos en 1978 puede que sea mejorable, pero ahora es ya la mejor de nuestra historia. Y estoy seguro de que tú piensas lo mismo. Mientras, Cataluña (no tu Cataluña, sino la Cataluña tontarrona y chapucera que pretenden imponer Puigdemont y Junqueras) sigue haciendo día tras día un ridículo descomunal y sin precedentes ante el mundo que nos contempla asombrado.

En fin, Jaime, veamos, ¿qué tal otra copa? Ahí afuera, de momento, solo hay acuerdo en el desacuerdo, pero seguro que vendrán tiempos mejores.

Las imágenes aéreas de la manifestación por la unidad de España en Barcelona