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La vivienda, de reclamo del 15-M al mayor problema del país: "La política le ha fallado a la sociedad, ahora estamos peor"

La vivienda, de reclamo del 15-M al mayor problema del país: "La política le ha fallado a la sociedad, ahora estamos peor"

Carlos Castillo lleva toda su vida implicado en el derecho a la vivienda. Ha formado parte de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) y, ahora, del Sindicato de Inquilinas. Presente en el Movimiento 15-M en 2011, ha presenciado toda la problemática.

Manifestación por la vivienda en Madrid.
Manifestación por la vivienda en Madrid.Francesco Militello Mirto

Conocí a Carlos Castillo durante el desahucio de Zohra, en Lavapiés (Madrid), allá por 2024. Representaba a una mujer migrante, en situación de vulnerabilidad y con un hijo de ocho años a su cargo. Sus circunstancias no fueron impedimento: ella y su familia acabaron siendo expulsadas de la vivienda y el propietario —dueño de numerosos pisos en el céntrico barrio madrileño— transformó los inmuebles en apartamentos turísticos apenas unas semanas después. No era, ni mucho menos, la primera escena dramática que presenciaba Castillo

Lleva años implicado en la lucha por el derecho a la vivienda: primero en asociaciones de Alcalá de Henares, después en la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) y, actualmente, en el Sindicato de Inquilinas. También formó parte del equipo de la Comisión Legal Sol-15M, que prestaba asistencia jurídica a los manifestantes durante las movilizaciones de 2011 para las multas o diferentes represalias que pudieran llevar a cabo la administración. Su perspectiva sobre el principal problema del país resulta, por ello, imprescindible.

Han pasado ya 15 años desde que las plazas de toda España comenzaran a llenarse de acampadas que canalizaban la indignación de una sociedad golpeada por la crisis. La explosión de la burbuja inmobiliaria estaba causando estragos entre la ciudadanía y la vivienda se convirtió rápidamente en una de las principales banderas de las protestas. "Debido a la crisis de 2008 muchas personas se enfrentaron a desahucios por no poder pagar las hipotecas en las que habían invertido todos sus ahorros. Era una situación muy grave porque, además, coincidía con bajos salarios, recortes y una enorme precariedad. La vivienda empezaba a situarse en el centro, pero también el resto de problemáticas económicas y laborales del momento", relata a El HuffPost Castillo, que se trasladó de Alcalá de Henares a Lavapiés ese mismo año y que se adentró en los movimientos de vivienda del barrio. "No se llamaba PAH como tal, pero vamos, era lo mismo", cuenta.

"Durante el 15-M se generó un consenso alrededor de la vivienda que ponía el foco en que no debía estar en manos de bancos o fondos de inversión, ni ser un simple instrumento para obtener rentabilidad económica. Se reivindicaba como un espacio para vivir y como un derecho", explica. Aquel consenso trascendió incluso los espacios militantes y alcanzó a amplias capas de la ciudadanía. "No solo lo defendían los activistas, también mucha gente corriente. Era algo que rara vez se había visto".

"Antes, que una familia fuese desahuciada se percibía como algo profundamente injusto; lo veía desde un militante hasta Ana Rosa Quintana"
Carlos Castillo

Con el paso de los años, sin embargo, ese consenso parece haberse erosionado. "Antes, que una familia fuese desahuciada se percibía como algo profundamente injusto; lo veía desde un militante hasta Ana Rosa Quintana. Ahora ya no lo tengo tan claro", apunta con ironía. Castillo recuerda además que el 15-M no sólo colocó la vivienda en el centro del debate, sino también los derechos democráticos y la necesidad de transformar un sistema político y económico que muchos percibían en descomposición. El modelo de negocio que habían construido entidades y gobiernos de toda índole estaba en entre dicho. "Se llegó a la conclusión de que mercantilizar un derecho básico como el de tener un techo para poder dormir era un despropósito; ese mercado lo habían potenciado —bueno, y ahora también— tanto Ejecutivos del Partido Popular como del Partido Socialista", recalca. 

"La vivienda es un derecho vertebrador: si careces de él, todo lo demás pasa a un segundo plano porque es la base sobre la que construir un proyecto de vida", sostiene. En aquellos años, además, existía una suerte de refugio para muchas familias vulnerables: la ocupación de viviendas vacías propiedad de bancos. "Con la crisis, había muchísimos pisos vacíos en manos de entidades financieras y, para muchas personas sin recursos, esa era la única manera de tener un techo", explica. "Incluso muchos vecinos preferían que esas viviendas estuvieran ocupadas antes que abandonadas". Ahora, las cosas también han cambiado en ese aspecto. 

El salto de parte del espíritu del 15-M a la política institucional tampoco logró reproducir lo que había sucedido en las plazas. "Las cosas cambiaron mucho con la entrada de nuevos partidos, eso es evidente. Pero el mensaje que se transmitía en las plazas, que tenía detrás una carga casi constituyente, distaba bastante de lo que después recogieron las formaciones políticas", afirma Castillo. "El 15-M era horizontal y transversal, mientras que los partidos acabaron funcionando bajo modelos organizativos mucho más convencionales, por mucho que intentaran diferenciarse".

Aun así, los movimientos sociales vinculados a la vivienda sí consiguieron algunas victorias parciales. Castillo las define como "tiritas" frente a un sistema profundamente injusto. "Hubo dos ejemplos claros: la normativa de 2013, que obligaba a tener en cuenta la situación de vulnerabilidad de las familias antes de ejecutar un desahucio, y las medidas aprobadas durante la pandemia del COVID-19 en 2020, que seguirán vigentes al menos hasta 2028", explica. Pese a ello, la crisis habitacional no ha dejado de agravarse en los últimos quince años, incluso con la entrada de nuevas fuerzas políticas en el Congreso y con "el Gobierno más progresista de la historia", como señala sarcástico Carlos Castillo. 

"Ya no afecta solo a personas desempleadas o en exclusión social, también a sectores de clase media"
Carlos Castillo

"Antes, quienes acudían a las asambleas o tenían problemas de vivienda eran sobre todo personas en situaciones de vulnerabilidad extrema, golpeadas por la crisis o incapaces de acceder al mercado laboral", explica. "Ahora, desde el Sindicato de Inquilinas vemos que el problema se ha extendido muchísimo. Ya no afecta solo a personas desempleadas o en exclusión social, también a sectores de clase media: parejas con dos salarios 'decentes' que no llegan a fin de mes, inquilinos atrapados en una espiral de alquileres que no dejan de subir y gente que no ve ninguna salida". No poder pagar la hipoteca fue un drama que sacudió drásticamente a miles de personas, pero el problema vigente de los alquileres afecta desde las rentas más mínimas hasta las más elevadas. "Un inquilino al final sabe que está en un inmueble con una inseguridad clara porque se le puede acabar el contrato, que también puede afectar a nivel psicológico, y que convive con la incertidumbre de que su casero le pueda subir el precio a porcentajes desorbitados al mes siguiente". 

Intento de desahucio de Mariano, en Madrid.
  Intento de desahucio de Mariano, en Madrid.Europa Press via Getty Images

"Fue muy diferente lo que se reivindicó en las plazas que lo que más adelante se trasladó a la política institucional". Tanto los partidos convencionales que conforman el bipartidismo, como aquellos que emergieron en la década pasada, no han logrado solucionar un problema que afecta desde hace años a millones de personas en España. Aunque Castillo lo tiene claro: "No es que lo puedan solucionar, es que no quieren". "La política ha fallado claramente a la ciudadanía, las medidas que han aplicado los diferentes gobiernos han agravado la situación, a las cifras me remito. Ahora con la situación del alquiler estamos mucho peor que entonces, aunque las circunstancias sean difícilmente equiparables por las diferencias que tienen tanto un año como otro, pero la gente afectada es mucho mayor", destaca. 

"La política ha fallado claramente a la ciudadanía, las medidas que han aplicado han agravado la situación"
Pablo Castillo

Las lecciones que extrae Castillo del 15-M no se refleja tanto en los cambios políticos o institucionales que se han podido ver desde 2011 hasta la actualidad, sino en la capacidad de la ciudadanía para agruparse y movilizarse. "Hay que construir la política desde los movimientos sociales. El 15-M es un ejemplo de que lo que se necesita es la organización popular para hacer cambios efectivos en la política. Lo que hace ahora el Sindicato de Inquilinas con las huelgas de alquiler, entro otras medidas, son organizar a las personas para que de forma masiva sí se pueden cambiar las cosas. Lo que tenemos que aprender es que se necesita organización, más allá de votar cada cuatro años porque lo estamos viendo ahora con el Gobierno más progresista de la historia que no tiene intención real de llevar a cabo reformas que afecten a la vida de la gente".

"No sé si volverá a haber una movilización como hubo entonces, pero tenemos que intentar que mucha más gente se acerque a los diferentes movimientos, tanto de vivienda como de otras materias, para que con la presión social sí se puedan conseguir cosas", concluye Castillo.

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Redactor de Política en El HuffPost. Graduado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, ha trabajado en elDiario.es, El Confidencial y Redacción Médica. Además de la actualidad política e informativa, ha cubierto efemérides como la DANA o la erupción del volcán de La Palma, realizado entrevistas a raperos o elaborado reportajes sociales, especialmente sobre migración y vivienda.

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