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Regreso a la catalítica: cuando la electricidad no para de subir

24/01/2017 07:24 CET | Actualizado 24/01/2017 07:24 CET

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Foto: EFE

De repente, las redes se llenaron de mensajes de alarma tipo oraciones a San Judas

Tadeo, aunque en este caso no se trataba de conseguir bendiciones y milagros anexos al reenvío de la plegaria..., sino de plantar cara a los monopolios eléctricos, que son una antigualla anacrónica en plena era de la economía sostenible. Una bombilla de filamento en el universo led. Era un llamamiento piramidal que llegó a miles, quizás cientos de miles, de usuarios. Esa tarde-noche del 18 de enero de 2017, la tarifa eléctrica iba a batir un récord histórico; y el día 19 también... y así sucesivamente.

El flamante ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital, Álvaro Nadal, ante el escándalo que había interrumpido los noticiarios, llenos de nieve, ventiscas y heladas, advirtió que lo más seguro es que, a lo largo del año, la factura eléctrica de cada hogar se encarezca unos 100 euros. En las casas fueron apagándose las bombillas y dejando, como mucho, la televisión. "Que vean que les podemos hacer daño donde más les duele", comentaba uno de los whatssap.

Pronto los expertos, y algún que otro palanganero, comenzaron a desgranar las explicaciones, que convertían en lo más natural del mundo un proceso absolutamente anormal: que si el frío polar hacía aumentar el consumo, que si la escasez de viento y de sol dejaba en solitario a los combustibles fósiles. ¿Y por qué no sensu contrario? Solo Donald Trump diría tantas majaderías por minuto. Mientras España bate récord de aumento del precio de la energía, Alemania los bate en sentido contrario: los abarata constantemente. Cientos de miles de usuarios de móviles tienen en su smartphone un vídeo que explica las razones.

La huelga de interruptores caídos tuvo su efecto: en miles de viviendas se apagaron las luces en señal de protesta "y de que estamos hartos", como decía el mensaje de un indignado. En muchas ciudades y lugares de Galicia, como en Santa Marta de Ortigueira, donde paso unos días, se acabaron las existencias de estufas catalíticas. A mal tiempo..., soluciones de emergencia y apropiadas a los esquilmados tiempos que vivimos. "Volvemos al gas", comentaba la dependienta de una tienda de electrodomésticos.

No. El problema no es tan sencillo como pretenden hacer creer los defensores del asalto con atraco a los bolsillos de los ciudadanos, aparte de que el IVA en España esté tres puntos por encima de la media de la UE, un 21% frente al 5% de Reino Unido, 6% de Bélgica, 10% de Italia, 18% de Francia y 19% de Alemania. Los tribunales europeos no se cansan de recordarle al gobierno español que el interés de los consumidores está por encima de cualquier otro interés. Esta advertencia se ha reiterado en, al menos, dos ocasiones recientes: la demoledora sentencia sobre las cláusulas suelo y la obligación de devolver lo indebidamente cobrado desde el inicio, y no desde una fecha tan aleatoria y caprichosa como la de una sentencia; y sobre todo, la recriminación por el entorpecimiento sistemático a través del Ministerio de Industria de la legalización y organización del autoconsumo.

Europa reconoce el derecho de los consumidores a abastecerse de su propia energía y a vender la sobrante. Lo que se hace en España, dificultar al fin y al cabo el libre mercado, recorta ilegítimamente derechos de los consumidores.

Los países que compiten con España en exportaciones industriales, Alemania, Francia, Reino Unido e Italia, tienen una ventaja: un precio de la tarifa eléctrica un 40% , como media, inferior al español; ahí no pesa tanto el IVA. En España se ha vuelto una misión imposible que un empresario hotelero, por ejemplo, utilice aerogeneradores para depurar o desalinizar sus aguas. En un mercado tan líquido, tan en continuo movimiento como el actual, la estrategia del gobierno -y de los hábiles retóricos y aprovechados de las puertas giratorias- consiste en dificultar la competencia y centrar la recuperación y la competitividad solamente en los contratos basura, el despido frenético y las indemnizaciones miserables; y en creer que los pensionistas van a aguantar porque la vejez no les deja otro camino que esperar la muerte con resignación.

Se ha ido montando un sistema perverso que ha ido aproximando la economía y la estructura social propia del Estado de bienestar a una situación de caos.

Sin embargo, los pensionistas de ahora ya no son los de antes. Viven más, y tienen más que defender. Incluidos sus hijos y nietos a los que el capitalismo que se ha saltado los controles quiere aislar de la clase media. Como a lo largo de la historia, la clase media es un estorbo que las clases altas tratan de colocar en su sitio: a un paso de la esclavitud.

Obviamente, de lo que parece tratarse es de proteger los intereses de las grandes eléctricas (y su universo financiero sanguijuela), y no los intereses generales del país. El ex ministro Soria explicó una vez las razones de su famoso impuesto al sol -dejando atónitos a los europeos normales- en la necesidad de evitar que el autoconsumo afectara a las cuentas de resultados de las grandes compañías, poniendo en peligro su estabilidad financiera. Pero hay decenas de miles de pymes que tienen que cesar en su actividad simplemente porque el negocio no les da para pagar el agua y la luz.

La culpa de que la tarifa se dispare, y se haya triplicado o cuadruplicado en la última década -cuentos, algoritmos, logaritmos y arabescos aparte-, mientras ha bajado el poder adquisitivo, y especialmente el de los pensionistas y las víctimas de la crisis, no la tiene el Polo Norte, ni Siberia ni la procreación de los pingüinos en la Antártida. La tiene el modelo de política económica y energética que se ha elegido (eso sí, fríamente) y que consiste en vaciar los bolsillos de los usuarios (consumidores, contribuyentes, ciudadanos, gente...) en beneficio de resultados indecentes de unos monopolios de facto, prohibidos o dificultados en teoría por organismos presuntamente independientes, pero amamantados por políticos dóciles y con frecuencia interesados.

Esta insensatez se ha llevado en España hasta el extremo: la necesidad de disminuir la dependencia de los combustibles fósiles, y por ello finitos y sometidos a especulación interminable (¡a futuro!), como el gas o el crudo, ha desaparecido incluso de las prioridades de la defensa nacional. En el peor momento, cuando resurge el fantasma de la 'guerra fría' con Rusia. Sensu contrario, Europa apuesta claramente, con Angela Merkel en cabeza, por la opción más sensata: la sostenibilidad y la independencia energética. Y al aumentar su independencia, también ha logrado contener y hasta abaratar el recibo de la luz.

Ante el escándalo, y tras la reacción cabreada en las redes sociales, que podría convertirse en una grave crisis en la calle, y en el río revuelto en el que quiere pescar Pablo Manuel Iglesias y su activismo callejero, el ministro de Fomento asegura que tiene un plan para aumentar la presencia del gas, y la Fiscalía ha manifestado su intención de hacer una investigación a ver si hay alguna motivación espúrea.

Pero la clave no está en el gas, ya no; la clave está en que se ha ido montando un sistema perverso que ha ido aproximando la economía y la estructura social propia del Estado de bienestar a una situación de caos. Cuando la gente, los pensionistas, que ya inundan internet - por ejemplo, con la denuncia de que las pensiones cotizan sobre un dinero que ya ha cotizado- o los trabajadores con salarios de quinientos euros, o los parados alternantes mediante los contratos temporales, a veces tan temporales que son diarios o semanales, y los pequeños y medianos empresarios no tengan otra alternativa tras los próximos 'picos' producidos por un sistema perverso en el que el precio lo marca la oferta más cara.... Ese día, se arma. Y volverá a comprobarse cómo el dicho de que la codicia rompe el saco es una verdad sin fecha de caducidad.

Volver a la catalítica no es sólo una metáfora de regresar a la España de la posguerra; tampoco es solamente la sensación de que nos descolgamos de Europa, a pesar de los pesares europeos... es la demostración de que los lobos no puedencuidar a los corderos.

Y en cuanto a las explicaciones doble logarítmicas dadas por los enterados en los más diversos asuntos fallidos, el Servicio Gallego de Salud (SERGAS) está demostrando a España cuál es la consecuencia de olvidar además de el rumbo algunas prioridades en el delirio de una gestión supuestamente 'eficiente': hacerlo como una empresa privada. Tantos han sido los recortes, tantas las necesidades sin cubrir, tanta la lista de espera, tanta la escasez del personal, que se llega alesperpento. Y un esperpento en este caso es, por propia naturaleza, mortal.

Titulaba el viernes 20 de enero La Voz de Galicia: "El SERGAS promete por carta agilizar un TAC solicitado hace15 años por un fenés que lleva muergo 14". Pero lo grave es que la carta es consecuencia de la reclamación del vecino de Fene, Pedro Rodríguez, cuando aún estaba vivo...