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Un 'regalo de Dios', con muchos efectos secundarios

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Manifestación en Estambul en contra del fracasado golpe de estado.

"Es un regalo de Dios", dijo Recep Tayit Erdogán poco después de que fracasara el golpe de Estado militar organizado por el sector kemalista del Ejército, con otros apoyos civiles. Eso mismo, un 'regalo del cielo', pensaron muchos políticos europeos cuando apareció Erdogán en la primera línea de la escena política turca a principios de los 2000. Las fuerzas armadas que velan, o velaban, por el legado de Mustafá Kemal 'Ataturk' -Padre de los Turcos-, eran celosos guardianes del laicismo. Pero en un mundo islámico convulso, sobre todo tras la contra-revolución islamista en Irán, que entronizó al imán Jomeini - en un trile parecido a la Primavera Árabe- y a un régimen integrista dedicado a la 'guerra santa' contra el infiel, la aparición de un islamismo democrático y moderado, así se vendía por los ilusionistas, parecía cuadrar el círculo imposible.

Una democracia islámica, como la democracia cristiana. Un gran invento. Justo en el momento en que la Unión Europea quería llevar sus fronteras a los confines del continente, ya en Asia Menor, a Ankara, y a Estambul. La antigua y mítica capital de Bizancio y del Imperio Turco-Otomano, hasta 1922. Donde estaba la Sublime Puerta.

Pero muchos estadistas, y millones de ciudadanos europeos, sospechaban. En primer lugar desconfiaban de que Turquía fuera el Estado 29, o el que le tocara, porque tiene tanta población como Alemania, en torno a los 80 millones de habitantes. En Alemania, por cierto, viven dos millones y medio de turcos, una comunidad que solo está parcialmente integrada. Angela Merkel no veía bien la integración; Sarkozy, tampoco; el Reino Unido, menos. El disurso de "ya se integrarán" tenía mucha rémoras.

Los musulmanes europeos no acaban de mezclarse; forman guetos. No hay una sola civilización europea. Hay guetos en la Unión Europea que de vez en cuando estallan, en Francia, en Alemania o en Gran Bretaña.

Los musulmanes europeos no acaban de mezclarse; forman guetos. No hay una sola civilización europea. Hay guetos en la Unión Europea que de vez en cuando estallan, en Francia, en Alemania, en Gran Bretaña.... Sinceramente, De Gaulle, el padre de la moderna Francia, representaba a muchos europeos cuando dijo en un famoso discurso que estaba bien que hubiera franceses negros, y morenos, y amarillos "... pero con la condición de que sean una pequeña minoría. Si no fuera así Francia no sería Francia. Somos todos, ante todo, un pueblo europeo, de raza blanca, de cultura griega y latina, y de religión cristiana. Basta de cuentos".

Hoy los partidos populistas y los integristas, como el húngaro y el polaco, la influencia de los independentistas padanos en Italia, el berluconismo, el histriónico cómico Beppe Grillo en Italia, es un reflejo de esa realidad no siempre en inmersión.

Muchos lo pensaban, y siguieron pensándolo cuando se planteó en serio la adhesión de Turquía, pero no se atrevían a decirlo. Merkel no puede olvidar que en la RFA viven dos millones y medio de turco-alemanes de religión musulmana. Bruselas tiene un problema en Molembeek. La verdad es que hay muchos Molembeek en los 28, ahora 27.

Para los reacios a la adhesión de Turquía el golpe de Estado también ha sido un regalo del cielo, porque Recep Tayip Erdogan se ha quitado la careta, que ya se le caía desde 1998 cuando militares y magistrados promovieron la ilegalización del Partido del Bienestar por su creciente deriva islamista: la enorme represión desplegada este mes, miles de maestros expulsados, y miles de militares y policías, y cientos de jueces separados de la carrera, cientos de periodistas y periódicos clausurados... Y la creciente islamización del país, que recuerda, salvando lo que haya que salvar, el fiasco de la revolución iraní. No alcanzó el futuro. Volvió al pasado. Al gobierno de la religión, y mutatis mutandis, del inevitable fanatismo que es siempre compañero de viaje de la fe ciega.

El giro de Ankara hacia el islamismo, con toda esta purga en marcha, ya no es lo que se esperaba de una 'democracia islámica' a la europea, sino un nuevo rumbo hacia un islamismo de Estado de imprevisible desenlace.

Están pasando en el mundo muchas cosas, y muy rápidamente. A poca distancia, Rusia confisca Crimea, mete soldados camuflados en Ucrania.... Putin vuelve, porque los añora, a los tiempos de la 'guerra fría', y hace maniobras de amedrentamiento en el Báltico, que ponen de los nervios a los países encerrados tras el Telón de Acero. España, por cierto, participa en las operaciones de la OTAN, con aviones y con barcos. La fragata 'Méndez Núñez' zarpa de Ferrol para incorporarse a las patrullas de la Alianza.

Turquía siempre ha sido una base fundamental para la OTAN. Vigilaba al gigante ruso por el sur; precisamente Kennedy ofreció a Kuschev, los días que estuvimos al borde de la Tercera (y última) Guerra Mundial, que la URSS retirara los misiles de Cuba a cambio de que EEUU desmantelara unas obsoletas unidades de medio alcance en una base turca. Pero el giro de Ankara hacia el islamismo, con toda esta purga en marcha, ya no es lo que se esperaba de una 'democracia islámica' a la europea, sino un nuevo rumbo hacia un islamismo de Estado de imprevisible desenlace.

Eso supone un alejamiento de la integración en Europa, en un momento en que una parte de Europa se enfrasca en el revisionismo; y es posible que la de Turquía sea la primera salida de un miembro de la OTAN de la Alianza... en el peor de los momentos imaginados. No hay que olvidar ni la 'teoría de la avalancha' ni esa ley que dice que todo lo que puede empeorar, empeora sin remedio. Y para colmo de males con un Trump, al que los norteamericanos pueden hacer presidente, que le pide al 'enemigo' Vladimir Putin que los espías herederos de la KGB espíen a la ex secretaria de Estado y candidata a la Presidencia por el 'Partido Demócrata' Hillary Clinton. Como decía Romanones cuando le fallaron todos sus 'amigos' para entrar en la Real Academia: "joder, qué tropa".