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Morir por ser

27/12/2015 10:00 CET | Actualizado 26/12/2016 11:12 CET

En la fecha del fun fun fun y del polvorón, de los buenos deseos y del frío en la cara, de creernos las luces y los Reyes, de creernos la magia y el abeto, en esta fecha, 'se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: "Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento: es aquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse porque ya no existen". Es Mateo, el evangelista, y se refiere a la matanza de los Inocentes.

Es también, es sobre todo, el llanto y lamento por Alan, sin que haya consuelo porque ya no existe. Así lo leí: "Alan, un adolescente transexual de la provincia de Barcelona, había conseguido este mes de diciembre que un magistrado le autorizara a cambiar el nombre en su DNI. Tenía el apoyo de toda su familia, pero le faltaba el del entorno escolar. Y este jueves se quitó la vida. Su madre daba el viernes -Navidad- la triste noticia a la Asociación de familias de menores transexuales Chrisallys: "Siento en el alma tener que dar esta terrible y triste noticia. Nuestro hijo Alan se quitó ayer jueves su corta vida de 17 años. No pudo con la presión de la sociedad y nos ha dejado para siempre. Muchas gracias por todo vuestro apoyo recibido".

Querido Alan, ¡qué dolor!, ¡qué día has escogido para decirnos que no podías más!... Mira que lo sabíamos y lo veníamos advirtiendo: que las cosas no se están haciendo bien, que hay que cambiar y que hay que hacerlo pronto; que la transfobia sigue campando a sus anchas por las aulas y sigue arrasando y acabando con la alegría de nuestros jóvenes, que la transfobia sigue machacando las ilusiones, cercenando la confianza en el futuro de nuestros adolescentes trans.

Mira que lo sabemos y lo estamos exigiendo: que hay que implicarse, tomar muy en serio la transfobia, cambiar las leyes, atender la realidad de las personas trans en todos los ámbitos. Que se necesita integración y respeto. Reconocimiento y amor. Que hay que mirar y ver los ojos de los adolescentes trans para adivinar su sufrimiento. (¡Qué ciega esta sociedad que no se atreve a ver!)

Tu dolor y tu muerte, Alan, me han vuelto a traer a la cabeza -si es que se me marcharon- los muchos daños soportados a duras penas por los Inocentes; tu muerte y tu dolor, querido niño, han de servir -qué lástima tan grande lo que estoy escribiendo- para llegar a tiempo, para evitar que el dolor del jueves de tu marcha se repita, para empujarnos a no dejar la lucha. Tu dolor y tu muerte tienen que abrir los ojos obcecados de la sociedad.

De entre las doloridas opiniones que desde el viernes vengo leyendo, Alan, destaco esta que seguro suscribes: 'un consejo, cuando creáis que sabéis lo que sentimos las personas transexuales, seguid más adentro porque es probable que no lo sepáis'.

Y termino este dolor impreso y te digo, como alguien también te ha dicho, Alan, "¿Qué te puedo hacer para que no me sufras?", inocente Alan, inocente.