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Pasar de alguien a quien le gustas es lo peor que le puedes hacer

A todos nos ha pasado. Piensas que la cita del martes fue guay, no paráis de chatear y habéis apalabrado otra cita. Y, de repente, esa persona desaparece.

03/10/2017 07:28 CEST | Actualizado 03/10/2017 11:20 CEST
dragana991 via Getty Images

A todos nos ha pasado. Piensas que la cita del pasado martes fue muy bien, no paráis de chatear y habéis apalabrado otra cita. Y, de repente, esa persona desaparece. Se esfuma como una bolsa de plástico a merced del viento. Y nunca sabrás por qué.

Quizás te entren ganas de escribirle: "¿Has muerto?" o "¿Qué pasa? ¿Me mandas una foto de la tortuga del novio de tu madre y al día siguiente desapareces?". Quizás no tuvieras un vínculo emocional demasiado estrecho con esa tortuga, pero el hecho de que desaparezca sin más te causa dos días de ansiedad irracional mirando el móvil cada dos minutos para ver la última hora de conexión en Whatsapp. Puede que haya perdido el teléfono. O puede que la tortuga esté enferma y haya tenido que ir a toda prisa a darle su apoyo emocional en unos momentos tan complicados. Pero seguramente no sea esa la explicación. La verdad es que no le importas y no quiere saber más de ti.

Todo el mundo debería tener el valor para decirle a alguien que no está interesado en seguir quedando o hablando.

Pero ya eres mayorcito y sabes que las cosas no siempre salen como a ti te gustaría. Sería más fácil asumir que te dijeran: "Ey, he cambiado de idea, te odio a ti y a tus pantalones de peto de rayas. No me vuelvas a hablar. ¡Gracias!". Quiero decir, sería una mierda que te lo dijeran, pero al menos ya sabrías algo.

Todo el mundo debería tener el valor para decirle a alguien que no está interesado en seguir quedando o hablando, o que se le ha muerto el perro y ya no tiene la ilusión de seguir mandando fotos de sus camisetas tejidas a mano a una persona a la que solo ha visto una vez. No pasa nada, de verdad. Las camisetas eran una mierda de todos modos.

La peor parte de que alguien pase de ti es que no hay ninguna forma de afrontarlo con dignidad salvo asumir que ahora le resultas abominable a esa persona y que deberías pirarte para buscar a otra persona que acabe pasando de ti también. No dudes que te volverá a pasar, porque los humanos modernos son seres estúpidos que ven series estúpidas y pasan más tiempo deslizando su dedo en Tinder que comunicándose en la realidad con la gente.

El miedo de que pasen de ti te agobia tanto como ese compañero de trabajo que no deja de pedirte que te unas a su club de lectura de Juego de Tronos. Les quita emoción a tus nuevas relaciones y cubre toda clase de chat con un aura oscura de ansiedad. Les arranca toda la diversión a las citas y te deja con un trastorno de la personalidad y con la obsesión de echarle un vistazo al móvil cada dos minutos.

La página Psychology Today explica que "el rechazo social activa los mismos mecanismos de dolor en el cerebro que el dolor físico" y que cuando alguien te ignora, repercute en tu autoestima, hace que te pongas en duda a ti mismo. Te culpas a ti mismo, a tus lóbulos de las orejas torcidos y a esos seis chistes a los que recurres cada vez que quedas con alguien nuevo. Te sientes como si fueras de usar y tirar, impotente e inútil.

En nuestra era de las redes sociales, las personas ya no son personas: son una foto de perfil o un emoticono sonriente.

La otra persona no tiene ni idea del martirio por el que te está haciendo pasar y encima se piensa que te ha salvado de una conversación incómoda. Siente que no te debe nada (solo habéis salido una vez, ¿por qué te preocupas tanto?), pero tú no lo ves así; eres una persona y tienes sentimientos, no eres un montón de palabras en una pantalla. Ese es el matiz que se le escapa a la otra persona.

En nuestra era de las redes sociales, las personas ya no son personas: son una foto de perfil o un emoticono sonriente. Es demasiado fácil olvidar que nuestras acciones tienen una influencia real en las personas y que su efecto puede ser mucho más duradero que el escozor inicial del rechazo. Sí, la persona a la que has ignorado lo superará. Es más, probablemente ni siquiera estabais hechos el uno para el otro, pero lo que nunca desaparece del todo es esa sensación de inseguridad cuando conozca a alguien nuevo. Al ignorar sus sentimientos, le ha dolido, por muy insignificante que te parezca lo que has hecho.

El hecho de que no puedas ver a la otra persona no significa que no exista. No puedes esperar que se esfume como un pedo en el viento.

O sea, si alguien entablara conversación contigo en persona, no le cruzarías la cara de un bofetón y te irías como si nada a no ser que fueras un capullo (si eres de esas personas que se esfuman para ignorar a alguien, probablemente sí que lo seas). Ese tipo de interacción se percibe tan real como la que se hace a través de los móviles. El hecho de que no puedas ver a la otra persona no significa que no exista. No puedes esperar que se esfume como un pedo en el viento.

No tiene lógica creer que desaparecer del mapa es una buena forma de afrontar la situación. Ya sé que, estrictamente, no le debes nada a nadie, pero todo el mundo se merece el reconocimiento de que realmente existe y un respeto, aunque sea fan de Justin Bieber. Quién iba a decir que esos chistes de mierda que te llegan al móvil proceden de una persona real, ¿eh?

Eres un cobarde sin sentimientos si pasas de quienes te buscan y tu estúpida tortuga también. Es una situación jodida, y tú eres un jodido capullo si eres de esas personas que lo hacen, tanto como el amigo idiota que te dice que si corres bajo la lluvia te mojas más.

Pero muchas gracias de todos modos, de verdad, porque prefiero pasar la noche del sábado viendo Netflix.

Este artículo fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Reino Unido y ha sido traducido del ingles por Daniel Templeman Sauco.

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