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La perla del lago Como

09/11/2012 08:10 CET | Actualizado 08/01/2013 11:12 CET

Siempre quise ir. No sé si porque, de pequeña, me dejé arrastrar por los arpegios de C. Galos mientras soñaba con los ojos abiertos que navegaba por él al ritmo de los sonidos que conseguía emitir mi viejo piano de madera caoba. O porque, algunos años después, todo me volvió al llevar a él mientras visitaba Las Vegas y me quedaba embelesada con el mágico espectáculo de agua en el hotel casino Bellagio, sede permanente del "O" del Circo del Sol, inspirado por la suma elegancia de su paisaje. Lo cierto es que la primera vez que me bajé del tren en la estación de Como era otoño, hacía frío y casi llovía. Y, sin embargo, fue uno de los paisajes otoñales más inolvidables que se han quedado grabados en mi retina.

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Paisaje otoñal en el lago de Como. Foto: DORIS CASARES.

Navegar por Como en otoño es una de esas experiencias que te hacen perder la noción del tiempo y viajar hacia el pasado. Solo volví a tener esa sensación unos años después, cruzando en un barquito de pescadores el Mar Interior de Japón y la verdad es que fue uno de esos momentos que no olvidas nunca. La diferencia es que Como está bastante más cerca y no tienes que volverte loco para traducir los yenes que debes abonar para realizar el trayecto completo en barco en un dialecto japonés incomprensible.

De Milán a Como

Menos de una hora en tren y un billete de 10 euros ida y vuelta separan Milán del pueblecito lacustre de Como, que cuenta con tres estaciones aunque la más próxima al lago es la última. Una vez allí, la forma más fácil de llegar al embarcadero es a pie, y en uno de sus muelles se venden los billetes que hacen un recorrido completo en zigzag por el lago, alrededor de 30 euros ida y vuelta que merecen la pena, sin lugar a dudas. Hay otro trayecto más corto y más económico, pero te quedas sin ver la esencia del lago. Decenas de pueblecitos medievales salpican sus orillas, todos rodeados de un encanto especial. Pero de todos ellos, mi preferido es Bellagio. No solo por su ubicación privilegiada en un pequeño fiordo donde los lagos Como y Lecco se juntan, sino por la pintoresca Basílica di San Giacomo, una pequeña iglesia románica que alberga en su interior increíbles frescos de Silverio Capparoni y Zucchi y ejemplo de arquitectura lombarda de final del siglo XI. Justo al salir de la iglesia, nos encontramos en la vía romana del Corso con una pequeña tiendecita de adornos navideños artesanales, cuya dueña todavía pinta a mano, delante de unos atónitos turistas que evocan soñadores las próximas Navidades en pleno mes de noviembre.

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Interior de la Basílica de San Giacomo, Bellagio. Foto: DORIS CASARES.

2012-11-06-pintora.JPG Tienda de adornos navideños en Bellagio. Foto: DORIS CASARES.

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Adornos navideños, detalle. Foto: DORIS CASARES.

Bellagio es uno de esos pueblos encantadores de callejuelas empedradas por las que perderse y conocer a sus bohemios habitantes, además de ser famoso también por sus jardines en primavera y por los parques de sus residencias como Villa Melzi, Villa Serbelloni y Villa Giulia.

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Pintor en las calles empedradas de Bellagio. Foto: DORIS CASARES.

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Paseando por Bellagio. Foto: DORIS CASARES.

Un lago de película

Como es además un destino fetiche para actores como George Clooney, que tiene dos villas en Laglio, o Robert de Niro, algunas de sus aldeas como Torno han sido también residencia e inspiración de artistas y músicos como Verdi, Stendhal, Byron, Goethe o Manzoni.

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Villa típica del lago de Como. Foto: DORIS CASARES.

Conocida como la perla del lago, Bellagio brilla dentro de su entorno con luz propia, e invita al viajero, caminante, buscador espiritual, turista, a que profundice un poco más en las maravillas de la naturaleza italiana, sin prisa pero sin pausa, y se pare a contemplar uno de sus lagos más espectaculares por el que parecen no haber pasado los últimos siglos.

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Bellagio, la perla de Como. Foto: DORIS CASARES.

DATOS PRÁCTICOS

Cómo llegar: hay trenes directos desde Milán Cadorna hasta el pueblo de Como. El trayecto dura alrededor de una hora y cuesta unos 16 euros ida y vuelta.

Mejor época: primavera y otoño, cuando empieza el cambio de hoja y el paisaje se vuelve espectacular.

Qué llevar: un chubasquero y algo de abrigo por si refresca. Cámara de fotos.

No te pierdas... la basílica de San Giacomo y la tienda artesanal de adornos navideños en Bellagio.

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