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1-O: hechos alternativos

02/10/2017 14:32 CEST | Actualizado 02/10/2017 14:32 CEST
EFE

En una época de sobreinformación como la que vivimos parece poco probable que se puedan construir hechos que se acepten como realidades palpables cuando realmente son falsos. Esta paradoja difícil de creer se da en el mundo actual todos los días. Un ejemplo de estas noticias falsas es cómo maneja la comunicación el propio presidente estadounidense, Donald Trump, al que no le importa demasiado contrastar la verdad, sino fabricar una a sabiendas de que sus votantes la van a creer sin necesidad de verificarla. Es de su consejera Kellyanne Conway de donde surge el término alternative facts al intentar justificar la declaración falsa sobre la asistencia de público a la investidura de Donald Trump como un hecho alternativo. A lo que el periodista que la entrevistaba le respondió 'los hechos alternativos no son hechos, son falsedades'.

Estamos asistiendo a una construcción de la realidad a través de hechos alternativos, es decir, falsedades que asumimos como hechos ciertos. Los datos y el debate de altura han dejado paso a la narración de historias que cada partido político relata a su audiencia. Si no fuera así sería difícil entender como El Parlament aprueba la ley del referéndum con 72 votos, pervirtiendo su propio estatuto de autonomía que exige una mayoría cualificada (90 votos). El hecho alternativo se consuma al prometer un referéndum oficial cuando realmente se ha teatralizado la democracia y secuestrado la voluntad de la mitad de representantes del hemiciclo catalán. Al otro lado de este esperpento, el del presidente de la nación, Mariano Rajoy, asegurando el hecho alternativo de que el 1-O no se votaría, y a pesar de la contundencia empleada por las fuerzas de seguridad se ha votado. Al final como expresaba Eduard Punset en Twitter 'la democracia es imparable'.

Entre tantas construcciones de hechos alternativos, tras el 1-O la administración del estado español ha perdido el pulso de la historia, cediendo el control del guion al Govern de cara al exterior y además, la desproporcionada carga policial, le ha otorgado cierta épica a la causa independentista.

Lo que no es un hecho alternativo es la gran movilización ciudadana acontecida en Cataluña durante el 1 de octubre y su repercusión en medios internacionales.

El ejecutivo de Rajoy ha olvidado a Europa en este asunto, tratando la situación catalana como un hecho de casa y despreciando la amplificación de los medios sociales, que han compartido al mundo imágenes vergonzantes de violencia institucional. Así, por primera vez, la causa independentista goza de cierto romanticismo de cara a la galería. ¿Quién no defendería la libertad de voto ante una desorbitada represión policial?

Esto ha provocado la reacción pública de políticos europeos, hasta ahora inédita en esta materia, como el primer ministro belga en su cuenta de Twitter: '¡La violencia nunca puede ser la respuesta! Condenamos todas las formas de violencia y reiterar nuestro llamamiento a diálogo político #CatalanReferendum #Spain'

Uno de los diarios de mayor repercusión en Francia, Libération, dedicaba un durísimo editorial a Mariano Rajoy. 'Las imágenes que circulan por las redes sociales y en los canales de noticias son desastrosas para Rajoy y para la "causa españolista" que defiende: policías que rompen las puertas de las escuelas, intentos de confiscar unas...'

Cataluña no es solo un asunto interno, sino que debería haber sido una cuestión de estado para el ministerio de Asuntos Exteriores, que ha descuidado su participación en la problemática.

La cadena americana CNN, una de las influyentes a nivel mundial, va más allá en su titular: 'La vergüenza de Europa'.

Cataluña no es solo un asunto interno, sino que debería haber sido una cuestión de estado para el ministerio de Asuntos Exteriores, que ha descuidado su participación en la problemática. No se ha llevado a cabo el trabajo de comunicación necesario en las diferentes cancillerías para explicar adecuadamente la actuación del ejecutivo central frente a la situación catalana. Todo se ha dejado en manos de la ley, que siendo básica, necesita la suma de bastante diplomacia a estas alturas del juego. El gobierno del Partido Popular únicamente se ha amparado en el artículo 4.2 del Tratado de la Unión Europea, y en ejecutar lo que dispone nuestra legislación en la Constitución Española para intentar detener el mal llamado referéndum del 1-O. Sin ninguna otra propuesta sobre la mesa ha mostrado al mundo su inoperancia y falta de perspectiva histórica en este asunto.

Volviendo a los hechos alternativos, como si se tratase de una narración de Valle-Inclán, los mozos de escuadra, durante el 1 de octubre, al desobedecer órdenes y enfrentarse a otros cuerpos de seguridad nacionales han sido elevados a los altares del independentismo. Hay que recordar que a los Mossos siempre les ha rodeado bastante controversia, y en los últimos años han estado en el ojo del huracán por algunas de sus violentas e injustificadas actuaciones. Hoy TV3 y los medios sociales han redefinido su estatus, coronándolos como héroes de guerra. Este nueva recreación de la realidad comenzó a gestarla el propio Govern hace meses para contar con una policía política a su servicio el 1-O.

Lo que tampoco es un hecho alternativo es la deplorable imagen dada por España al exterior, que nos alinea, por ejemplo, al nivel represivo que percibe Europa de Erdogan. Y lo peor es que actualmente los creadores de este contexto, el séquito de Rajoy y Puigdemont, han demostrado también ser interlocutores incapacitados para encontrar la solución al problema. Mientras, el mensaje a Europa es que en España parece más legítimo que un grupo de manifestantes entonen un himno antidemocrático como 'el Cara al Sol' que depositar una papeleta de manera pacífica en una urna.

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