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La tele bonita (según Elena)

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Siempre he pensado que los canales de televisión tienen el alma de las personas que trabajan en ella. No es una cuestión de línea editorial, de estrategia, de posicionamientos de laboratorio, de las consecuencias del éxito, o de la gloria. Lo intuí en aquella maravillosa televisión autonómica que fue Telemadrid dirigida por Ángeles Yagüe. Y años más tarde lo corroboré en Cuatro. Lo hice de la mano de Elena Sánchez Ramos.

Porque Cuatro fue Elena, su reflejo, su mirada, su forma de entender la vida, su inteligencia, su intuición, su valentía. Ella tenía un plan. Lo tenía todo en su cabeza, los demás solo le ayudamos a pasarlo a limpio. "Mira, Fernando, éste es nuestro decálogo":

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De todos los puntos, no hay ni uno solo que no coincidiera con su arrolladora personalidad. Decidí irme a su aventura, era difícil no ser seducido por ella. Mandó flores a mi casa con una nota que decía: "Somos pocos pero valientes. Que seamos muy felices. Elena". Y sí, lo que vivimos un grupo de privilegiados fue un disfrute. Porque trabajar en la tele, de la mano de la persona adecuada, puede ser una suerte. Hace falta todo lo que ella tenía: liderazgo sereno, efectivo, indiscutible, respetuoso.

Desde ese mágico noviembre de 2005 se empezaron a escribir páginas y páginas de la historia de nuestra tele. Elena fue la primera Callejera antes que Nacho, Jalis, Sonia, Alejandra. Y Lama, Carreño, Castaño y Nico saben muy bien que una mujer fue la primer Manolo antes que ellos. Trancas y Barrancas están a las nueve y media porque ella lo vio claro. Y España ganó. Y pudimos.



No sé medir cuánto empujó todo lo que Elena/Cuatro hizo en esa Eurocopa de 2008. Habló con Casillas, con Maradona, arrastró (literalmente) a Luis Aragonés a la Plaza de Colón para celebrar el título. Estuvo aquí, en Austria, nos movió de aquí para allá. Pensadlo dos veces: una mujer capitaneó el mayor y más bonito despliegue que se haya hecho de un evento futbolístico. Memorable.

Luego vinieron años duros, crisis, venta. Elena hizo su mejor trabajo con Daniel Gavela: sostener a un grupo hasta el final de una difícil transición. Y Cuatro dejó de ser Elena. Y se fue de la tele. Y la tele ha sido desde entonces un poquito distinta. Ni peor ni mejor. Lo digo desde el sincero respeto que ella nos enseñó a tener a todos los que la hacen día a día. Elena no tenía una bondad impostada. Era íntegra y honesta. Un día me contaba que no veía su hueco, que los que hacen la tele ahora lo saben hacer muy bien, que ella esperaba un proyecto en el que pudiera hacer lo que siempre hizo: innovar, aprender e ir por delante.

Ella se inventó ese canal que cambiaría para siempre la historia de la televisión de nuestro país. Lo estudiarán en facultades. Hay un antes y un después de Cuatro. Hay un antes y un después de Elena. También para mí.

P.D. Su adorado Doctor House decía: "No entiendo a la gente que es feliz y que todavía no me conoce, en verdad no la entiendo". Me vale para ella.