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Le Mans, esa carrera desconocida en España

17/06/2013 11:23 CEST | Actualizado 17/08/2013 11:12 CEST

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Las 24 Horas de Le Mans son, con gran diferencia, la carrera de resistencia más famosa del mundo. Vayas donde vayas, China, Estados Unidos o Australia, al citarle el nombre de la prueba francesa a un transeúnte, este sabrá de lo que hablas.

Pero en nuestro país no. Hasta hace unos años creía y pensaba que esto era por el mero hecho de que no teníamos a una superestrella ganando allí, y que, como en tantas otras ocasiones, tan pronto un piloto español ganara la prueba, los medios generalistas girarían su cabeza para prestar atención a una prueba que cumple noventa años este próximo fin de semana.

Pues no. Marc Gené, el actual piloto de pruebas de Ferrari, y también piloto de Audi en esta edición de Le Mans (sí, el pluriempleo ha llegado también al mundo de los pilotos), logró la victoria a bordo de un Peugeot (por marcas va a ser) en 2009.

Fue una victoria épica en una de las ediciones más apasionantes de la prueba francesa en la última década. Y es que el dominio aplastante de Audi se puso en entredicho por Peugeot, con un juego de estrategia, resistencia y control. Un trabajo en equipo. Una victoria inolvidable, prestigiosa, brillante...

Pero en España se miró hacia otro lado. Marc dio un festival con el 908 HDI, su coche ganador, por su ciudad natal, Sabadell, pero no ocupó enormes portadas en ningún periódico de tirada nacional.

Y no es Gené el único ganador de Le Mans que conocemos en España. Antonio García ha vencido en varias ocasiones en la categoría GT, y es, a nivel internacional, uno de los mejores pilotos de resistencia que se conocen, con un contrato como piloto oficial con Chevrolet, que le utilizará en su coche pata negra para la carrera de este año.

La gran cuestión es por qué no nos entusiasmamos con esta carrera. Desde 2008 llevo yo contándola en directo, de una manera u otra, en varios medios (fundamentalmente, en Autoblog, colaborador de El Huffington Post en la sección de motor).

Y lo que he descubierto en este periodo son dos cosas: al español medio sólo le interesa un deporte cuando este se cuenta de manera sensacionalista, y sólo puede engancharse a un deporte si es a base de forofismo, entendiendo lo que ocurre.

Entender la Fórmula 1 es una tarea para nada compleja, pero parece que sólo tenemos ojos para Alonso en el mundo del motor. Las gestas individuales del piloto de Ferrari hacen parte del trabajo para atraer la atención sobre sí mismo. El trabajo de las teles y del equipo de emisiones, creando ese todos con Alonso cumple con el resto. Si no es fútbol, cualquier otro deporte necesita un ídolo, para girar toda la narración sobre él y atrapar al público, que de otra manera no estaría dispuesto a pegarse a la televisión. Así hay y hubo legiones de seguidores para Nadal, para Indurain, para Alonso...

Pero ¿se pueden contar así las carreras de resistencia? No. No se puede. No se puede por muchos factores. El primero es porque la resistencia, a diferencia de otros muchos deportes de motor, no es una competición individual. La resistencia tiene un aspecto precioso, que es el trabajo en equipo.

Un trabajo en equipo que además mezcla a gente de muchos países distintos, luchando por un objetivo común. Una bonita muestra de cómo un interés común puede poner a trabajar a muchos individuos en una misma dirección. Y es que los pilotos son egocentristas por definición. Basta tratar con ellos para darse cuenta. Pero las carreras de resistencia no buscan al más rápido a una vuelta, buscan a pilotos capaces de sacrificarse, capaces de ser constantes, consistentes, elegantes... Gente que sepa asumir su rol. Porque en Le Mans, como en muchas otras carreras de resistencia, se expresa el auténtico deporte del motor.

Y ¿qué quiero decir con auténtico deporte del motor? Ese en el que el protagonista no es el piloto equis del país y griega. No, aquí se trata de encontrar la mejor combinación posible de ingenieros, mecánicos, coche, ingeniero de pista y pilotos. En un equipo de Le Mans cuenta tanto el que cambia ruedas como el que se encarga de sustituir las pastillas de frenos. Y cuentan tanto como los pilotos. Porque siempre se ha dicho que Le Mans se gana o se pierde en la calle de boxes.

Le Mans, como otras carreras de resistencia, mezcla estrategia con habilidades, mezcla cabeza con aptitudes. Saca lo mejor del ser humano: su capacidad de inventar una máquina, perfeccionarla, gestionarla, trabajar en equipo, emplear habilidades innatas, y buscar la victoria a través de ello.

Además, Le Mans tiene un espíritu mucho más agradable que el de las carreras de F1. En el paddock se respira una hermandad. Cada uno corre por sus intereses, pero no hay esos piques infantiles que tanto dan de sí a los que narran sensacionalismo, en lugar de épicas luchas por lograr la victoria. Porque en Le Mans no corren unos contra otros. Cada equipo corre contra el crono, para lograr correr más vueltas de las que nunca nadie ha dado en 24 horas al trazado francés.

¿Te pica la curiosidad?

Este próximo día 20 cojo un avión hacia París, antes de montarme allí en un TGV que me llevará a Le Mans para vivir la carrera de este año, que se disputará entre la tarde del sábado 22 y la del sábado 23.

¿Mi misión? Desde que tome el primer avión el día 20 hasta que vuelva a casa el día 24 trataré de narrarte, en forma de diario, cómo son unas 24 Horas de Le Mans, aquí, para que las descubras. Y si te pica mucho la curiosidad, podrás ampliar tus informaciones con todo tipo de detalles técnicos en la sección dedicada de Autoblog (pinchando aquí).

¿Te animas a acompañarme?