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Cómo pensar como un innovador: de Kerouac a Jobs pasando por los 'hippies'

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Foto: GETTYIMAGES

Quizá te suene la historia. Un buen día, a finales de los años 50, un escritor redactó sobre un larguísimo pergamino una novela de un tirón, sin apenas descanso. Una obra que se convertiría en el epicentro de la que probablemente fue una de las innovaciones culturales más impactantes de todo el siglo veinte. Aquel frenético escritor se llamaba Jack Kerouac y su novela, On the road.

Pese a su tremendo impacto, si la lees, o ya la has leído, estarás de acuerdo en que no cuenta mucho más ni mucho menos que las andanzas de un grupo de jóvenes embelesados por lo que el propio Kerouac llamaba la vida en la carretera: viajar constantemente y no detenerse nunca demasiado tiempo en el mismo sitio. En auto-stop, en coches alquilados, en tren, como fuera.

Sin embargo, fueron pioneros de tantas cosas que siempre me ha resultado llamativo que hayan podido pasar tan desapercibidos. Aquellos jóvenes beats estaban aburridos de la vida convencional y asqueados por el horror de la guerra. No les importaba no tener posesiones y ver el anochecer al aire libre con una cerveza en la mano les transmitía más sensaciones que cualquier otra experiencia en la ciudad.

Se relacionaban con cualquier persona sin importarles su raza o sexo y, desencantados de lo que las religiones oficiales ofrecían en los templos de la postguerra, buscaron valores en la espiritualidad oriental. Era una comunidad itinerante a la que unía como lazo invisible el deseo de vivir en paz.

Pensar como un auténtico innovador es subvertir el orden establecido, crear nuevos cánones, definir nuevos paisajes.

Años más tarde se reivindicaría la vida en la naturaleza, la conciencia de lo ecológico y la necesidad de experiencias auténticas para escapar de la alienación que inducen las grandes urbes. También comenzaría la lucha por la igualdad racial y de género. Y aparecería la búsqueda de formas alternativas de espiritualidad, la contracultura y el fenómeno hippie, provocando en conjunto una onda expansiva que afectaría a casi todos los movimientos culturales significativos hasta casi el siglo siguiente. Todo lo que suena a pensamiento alternativo, indie, hipster o fringe pertenecen a una genealogía semántica iniciada por los beats. Mucho antes de que muchas cosas importantes ocurrieran estaba Jack Kerouac, en la carretera.

Que el autor de On the road se anticipara a los hippies y que Steve Jobs fuera un poco hippie, y que ambos fueran innovadores disruptivos puede verse como casual o como causal. Sea como sea, lo cierto es que el arco que se extendió entre ellos unió a través del tiempo a mentes inquietas sin miedo a cuestionarse lo establecido, a personas seguras de sí mismas que confiaron en su instinto, y a verdaderos revolucionarios capaces de poner el mundo patas arriba.

La verdadera innovación no consiste en crear una app, de la misma manera que tampoco es novedad un grupo que hace covers de los Beatles, quienes a su vez bebieron de la generación beat. Porque pensar como un auténtico innovador es subvertir el orden establecido, crear nuevos cánones, definir nuevos paisajes y crear ecosistemas diferentes con generosidad para que muchas, muchas personas y organizaciones beban en nuevas fuentes, planten nuevas semillas y a su vez hagan crecer nuevas ideas y propuestas. La verdadera mente innovadora es disruptiva, ve lo que los demás no vemos, renuncia a acomodarse en los cimientos de la sociedad establecida y es capaz de imaginar futuros que, aún siendo posibles, son verdaderamente nuevos.