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Un cambio psicológico para un cambio social

03/09/2013 07:16 CEST | Actualizado 02/11/2013 10:12 CET

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Bahía de La Concha, San Sebastián/Donostia, España. Foto:MI/JJ.

En el entorno en que vivimos, podemos distinguir dos medios bien diferenciados: la naturaleza, nomotética, a la que pertenecemos y que estaba antes que nosotros llegáramos; y la sociedad o sociedades creadas por el hombre, ideográficas.

La naturaleza, la vida, es lo que el hombre no ha creado: los árboles, las plantas, las rocas, el agua, el aire, los animales y el propio ser humano. La sociedad es el sistema que el hombre teje y hace evolucionar a lo largo de la historia, para sobrevivir y convivir, y que incluye las relaciones de unos con otros, los sistemas de trabajo, la formación, distribución de bienes, los sistemas sanitarios, etc.

La situación actual de la naturaleza es crítica, pues la sobreexplotamos, contaminamos el aire, el agua, manipulamos genéticamente los alimentos, exterminamos los árboles y los animales..., en definitiva, ponemos en peligro nuestra propia existencia, (llegado el extremo, la naturaleza y la vida seguirían su curso sin nosotros).

Por otro lado, la sociedad, que debería servir para facilitar la supervivencia y el bienestar de todos, actualmente favorece la competencia y la alienación, la desigualdad y la inseguridad. Es un hecho con el que nos hemos acostumbrado a vivir, quizá porque no sabemos qué hacer. Es claro que el problema está en la sociedad, y no en la naturaleza. La situación de la sociedad (humana), no es hasta el momento saludable; la competitividad, la violencia psicológica, el aislamiento, los conflictos constantes entre familiares, entre compañeros de trabajo, entre colectivos, son la norma en las comunidades humanas.

La salud psicológica de las comunidades humanas

Cada comunidad tiene sus rasgos culturales particulares (vestido, costumbres, creencias...) que no son importantes a la hora de evaluar la salud de una sociedad. Sí son importantes en cambio los rasgos comunes a todos los pueblos, como el nivel de seguridad e integridad personal, el acceso a las necesidades básicas, el nivel de colaboración entre las personas, el afecto... Es decir, todo aquello que tiene que ver con el bienestar físico y psicológico de las personas.

La sociedad es un concepto abstracto, los individuos que la componen son reales. El corazón de la sociedad o comunidad, de un colectivo humano, es en realidad la suma de las relaciones entre los individuos que la componen, bien se trate de un grupo de amigos, una familia, una ciudad o el mundo entero.

Es claro que una sociedad sana favorecerá la salud psicológica individual, pero la salud psicológica de la sociedad también depende de cada una de las personas que la constituyen. Si queremos una sociedad sana, tenemos que empezar por nosotros mismos.

La relación conflictiva entre las personas, en realidad los conflictos individuales, que se manifiestan en la relación con los demás, son el origen de los conflictos sociales. ¿No tenemos ya la tecnología y la capacidad suficientes para cubrir las necesidades de cada habitante de este planeta? Parece claro que sí, y no sólo las más básicas. Sin embargo, no conseguimos vivir en paz unos con otros, fallamos en la capacidad de colaborar y compartir. Y aquí es donde solemos bloquearnos, pues cada uno suele culpar a otros del problema, o bien esperamos que otros den el primer paso para cambiarlo.

Solucionar los conflictos

Si la sociedad es el conjunto de interacciones o relaciones que se dan entre las personas, cada uno puede descubrir y solucionar su parte de responsabilidad en ello, poner fin a sus conflictos personales para sí mismo y para quienes le rodean.

Si queremos acabar con los problemas sociales, debemos acabar con los conflictos personales, pues aquellos no son más que un reflejo de estos.

Cuando uno mismo soluciona sus propios conflictos, está efectivamente mejorando las cosas. Mientras tanto, tratemos de actuar lo más correctamente posible, y aboguemos por una organización social y unas instituciones que favorezcan el bien común. No pongamos la responsabilidad de cambiar la sociedad sólo en manos de los dirigentes, cada uno de nosotros debe asumir su parte de responsabilidad y ser correcto, honesto, firme y afable.

La solución de los propios conflictos, como la competitividad, ira, codicia, agresividad, egocentrismo, tristeza, ansiedad, depresión, mala voluntad, hábitos perjudiciales, miedo..., de forma verdadera y definitiva es, aunque complejo, absolutamente factible.

En el próximo artículo hablaremos sobre cómo se logra el cambio personal.

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