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Vacaciones, ¿realmente estamos tan cansados?

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Durante los meses estivales, es muy común escuchar entre gente, conocidos o amigos: "Necesito desconectar, necesito vacaciones". ¿Es esto cierto?, ¿son las vacaciones una necesidad imperiosa? Para mí desde luego que no.

Es en estos momentos, con la situación que está atravesando el país, me resulta aún más necesario estar mucho más vinculado a mi empresa y a los problemas que ella conlleva. Aunque a muchos les pueda parecer una locura o incluso una "adicción", trabajar me hace estar tranquilo. Cuanto más trabajo, mejor me siento.

Cualquier empresario o empleado, debe intentar generar más en todos los sentidos, cumplir con los horarios no es suficiente, cumplir con las entregas tampoco. Ahora se necesita una unidad corporativa fuerte, tanto para empleados como para directivos, sentir que estamos juntos en el mismo barco. Solo así podrá empezarse a abrir un camino para dar una solución cuanto antes a esta situación tan penosa que estamos viviendo. Para mejorar el presente, no solo sirve la unidad, pero la ilusión y el esfuerzo común, sin duda es un buen comienzo.

Tengo la sensación de que los españoles aún no somos muy conscientes de la situación tan difícil en la que estamos inmersos, ni conscientes del terrible endeudamiento. O lo que es peor aún: de que las deudas hay que pagarlas...

La única solución posible a esto es dar más y trabajar más. Está muy bien pensar en la cultura del bienestar pero antes hay que pensar en la cultura del esfuerzo.

La cultura del bienestar ha hecho que estemos más preocupados por nuestro ocio que por nuestro trabajo, más preocupados por nuestras vacaciones que por el funcionamiento de la empresa donde uno trabaja. Tendríamos que empezar a pensar en términos de eficiencia y rentabilidad. La sociedad del bienestar es deseable sólo, si es eficiente y sostenible por lo que entre todos, tenemos que hacer que esto sea posible.

Hemos creado una España no sostenible. Por ello me sorprende cuando los funcionarios protestan porque les aumentan el número de horas laborables o les reducen el sueldo. Cierto es que las reducciones no son plato de buen gusto, pero entonces, ¿de dónde sacamos dinero para mantener a tanto funcionario con vacaciones, moscosos, días de asuntos propios, etc?

Ahora es el momento de dar más de nosotros mismos y pedir menos. Evidentemente tenemos que ser mucho más exigentes con nuestros políticos, con nuestros gestores, pero a su vez intentando también ser críticos con nuestras actitudes, con nuestras propias comodidades y con nuestros propios excesos.

Es hora de penalizar la cultura del "pelotazo", es hora de premiar los esfuerzos, las exigencias de uno mismo, el querer mejorar, el darnos más a los demás y no medir solo en términos materiales.

Hay que empezar a valorar el trabajo, la honradez y el esfuerzo. Nuestros políticos, gobernantes, representantes tienen que ser un ejemplo en un país donde todo vale y todo se justifica, donde se ha perdido la legitimidad de pedir mayor compromiso a sus habitantes.

Todos tenemos que reaccionar, y esta crisis es un magnífico momento para empezar. Es hora de arrimar el hombro y de que todos pongamos nuestro granito de arena, dar más para poder exigir luego más a nuestros dirigentes, a nuestros legisladores, para que el esfuerzo de todos sirva para algo.