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El agua: la mejor apuesta económica y social de América Latina

19/10/2017 07:30 CEST | Actualizado 19/10/2017 07:30 CEST
Getty Images
Reparto de agua en La Tortuga (Perú, 2015).

A día de hoy, 25 millones de latinoamericanos no cuentan con acceso básico a agua potable y 89 millones –el equivalente a la población total de Alemania– no tienen acceso a saneamiento.

Si a esto sumamos a aquellos que reciben un servicio deficiente, de poca calidad y no lo suficientemente seguro, habría que elevar estas cifras a 222 millones de personas en el caso del agua potable y a 495 millones en el caso de saneamiento.

No estamos hablando de lujos, sino de tener un grifo dentro del domicilio, de contar con al menos 12 horas de agua al día, de beber agua limpia (solo el 65% de los latinoamericanos recibe agua libre de contaminación microbiana y química) y de que el alcantarillado del hogar de cada familia reciba algún tipo de tratamiento antes de ser vertido (solo el 22% del agua residual de América Latina es tratada).

El derecho humano al agua y al saneamiento, reconocido explícitamente por la ONU como esencial para la realización de todos los derechos humanos, y acogido en gran parte de las constituciones y legislaciones de la región, sigue siendo lamentablemente una aspiración lejana para muchos latinoamericanos.

Para cambiar la situación, es importante atender la brecha de infraestructura hídrica. No es una tarea sencilla, pero es alcanzable. Según estimaciones de CAF –banco de desarrollo de América Latina-, con inversiones anuales del 0,3% del PIB regional hasta el 2030 se podría avanzar hacia la universalización de los servicios de agua potable y saneamiento y realizar progresos importantes en tratamientos de aguas residuales y drenaje urbano. No obstante, alcanzar estos montos supone triplicar la inversión histórica en el sector y requiere de un decidido compromiso político, institucional y presupuestario por parte de los gobiernos de la región.

El agua, por encima de sus problemáticas, también es una gran oportunidad: América Latina contiene una tercera parte del agua dulce del planeta. La hidroeléctrica es la principal fuente de energía de la región y se estima que solo ha desarrollado un 20% de su potencial. El caso de la agricultura es similar: las únicas dos regiones del mundo con posibilidades de ampliar su área cultivada y de riego de manera sostenible, son África Sub-Sahariana y América Latina, donde apenas se cuenta con irrigación en el 23% del área adecuada para riego.

Como hemos visto, son muchas las razones por las que el agua merece ocupar un lugar central en la agenda de desarrollo de la región. Pero conseguir una gestión del agua más integral y sostenible no es solo cuestión de técnicos y financieros. Es necesario, también, construir consensos sociales y políticos que superen las múltiples barreras sectoriales y territoriales que todavía condicionan el logro de los objetivos comunes.

De acuerdo con la OECD, el del agua es el desafío global más apremiante al que nos enfrentamos.

Desde el punto de vista sectorial, en la mayor parte de los países latinoamericanos las competencias vinculadas al agua están repartidas entre un enjambre de ministerios y secretarías entre los que no existe una coordinación efectiva y suficiente. No hay una visión de conjunto que cohesione las políticas públicas en saneamiento, vivienda, salud, energía, agricultura o ambiente, en torno a los recursos y oportunidades que atañen a todos ellos.

A nivel territorial, la multiplicidad de actores municipales, provinciales, nacionales e incluso internacionales, con capacidades técnicas muy dispares, hace aún más complejo alcanzar un reparto de funciones claro y eficiente, donde se eviten tanto los solapamientos y conflictos de competencias, como la desatención de temas relevantes.

De acuerdo con la OECD, el del agua es el desafío global más apremiante al que nos enfrentamos. Atender este reto en América Latina trasciende las responsabilidades de un solo sector y requiere de un pacto que aborde la gestión del agua en el marco de una agenda transversal que articule la política territorial, social, económica y ambiental.

Esto es justamente lo que pretenden los Diálogos América Latina – España, que por tercer año consecutivo organizan CAF y el Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente de España, y que se han convertido en un espacio de intercambio para identificar posibles sinergias y colaboraciones entre ambas orillas del Atlántico para mejorar la gestión de los recursos hídricos desde una perspectiva integrada. La edición de 2017, a celebrarse el 23 de octubre en Madrid, llevará por título Hacia un pacto político del agua y girará en torno a los desafíos que encuentran los países latinoamericanos para implementar políticas públicas alineadas a resolver la problemática del agua de manera sostenible, a fin de asegurar la seguridad hídrica y crear resiliencia ante los efectos del cambio climático.

Este tipo de encuentros, que reúnen a representantes de instituciones rectoras de recursos hídricos, responsables de su gestión al más alto nivel y expertos en la materia, América Latina y España, son vitales para lograr un pacto por el agua que potencie un crecimiento regional que incluya a todos los ciudadanos.

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