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Por la reforma '16 más 16' de igualación de los permisos de paternidad y maternidad

27/12/2016 07:21 CET | Actualizado 27/12/2016 07:22 CET

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Foto: IStock.

A partir del próximo 1 de enero se añadirán dos semanas más al permiso de paternidad (éste pasará a ser de 4 semanas). Esta ampliación del permiso de paternidad no es sino aplicar lo que la Ley de Igualdad de 2007 contemplaba que tenía que suceder desde el 1 de enero de 2011, y que se ha venido posponiendo sucesivamente "por razones presupuestarias" (como si dicha medida fuera un lujo). Además la ministra Báñez sostiene que impulsará el diálogo parlamentario para la elaboración de un Pacto Nacional para la conciliación y la racionalización de horarios (incluyendo el cambio de huso horario).

Pero la medida verdaderamente histórica -complementada con las mencionadas anteriormente- y que actuaría sobre el mismo núcleo de la desigualdad de género y de los problemas de conciliación es la equiparación del permiso de paternidad con el de maternidad. Este es el sentido de la proposición no de ley aprobada el pasado 18 de octubre de 2016 por el pleno del Congreso de los Diputados, que insta al Gobierno a estudiar dicha reforma.

La propuesta consiste en igualar gradualmente el permiso de paternidad (ahora mismo de 2 semanas) con el de maternidad (actualmente de 16 semanas). De esta manera se alcanzaría un sistema de permisos parentales "16+16", en donde cada uno de los progenitores dispondría de 16 semanas de permiso, no trasferibles al otro progenitor, bien remuneradas, y con un amplio margen de flexibilidad (en los plazos, etc.) en el uso de las mismas. Si saliera adelante esta reforma, la ampliación del permiso de paternidad a 4 semanas de 2017 habría constituido el primer paso en el proceso que conduciría a un permiso de paternidad de 16 semanas.

A veces como mejor se trasmite una idea es con un ejemplo. Consideremos el caso de una pareja heterosexual en donde ambos trabajan como asalariados estando ya en vigor el sistema 16+16. Esta pareja tiene un primer hijo, tras lo cual la madre utiliza su permiso de maternidad de 16 semanas, más 2 semanas más en concepto de permiso de lactancia acumulado, más 4 semanas más de vacaciones que utiliza para cuidar de su bebé. Al cabo de 5 meses y medio la madre se reincorpora a su trabajo.

Por su parte, el padre utiliza 2 de sus 16 semanas durante las dos primeras semanas inmediatamente posteriores al parto (un período crítico para el hogar y de recuperación física de la madre); sin embargo, se reserva las otras 14 semanas de su permiso de paternidad y las utiliza tras la reincorporación de la madre a su trabajo, una vez que el bebé tiene casi 6 meses (y quizás ha dejado de recibir la lactancia materna). De esta manera el padre de nuestro ejemplo, añadiendo también sus semanas de vacaciones, cuida en exclusiva del bebé durante varios meses (mientras la madre trabaja), con lo que este niño/niña habría sido cuidado consecutivamente por sus dos progenitores hasta prácticamente tener un año de edad (momento en el cual empezaría a ir a la guardería).

En realidad este ejemplo es muy parecido a lo que ya realizan la mayoría de parejas en Islandia, y que se podría hacer realidad aquí si se aprobara la reforma 16+16. Ahora bien, ¿y si otras parejas quisieran tomarse los permisos de manera simultánea? O si, por ejemplo, un padre (o una madre) no quisiera desligarse totalmente de su trabajo y prefiriera tomarse la baja a tiempo parcial (trabajando a media jornada) y doblando el periodo total de baja? Pues perfecto. La idea es que el sistema de permisos 16+16 debería ser totalmente flexible en plazos, secuencias y dedicación, de manera que se pudiera adaptar a las restricciones y a las preferencias de cada pareja.

El que el padre disponga y utilice sus 16 semanas de permiso facilita el retorno al trabajo de la madre y aumenta la corresponsabilidad madre-padre en los cuidados y las tareas del hogar.

¿Ventajas del sistema 16+16? En primer lugar, como se señalaba al principio, esta medida impactaría de lleno en el núcleo de la desigualdad de género. El que el padre disponga y utilice sus 16 semanas de permiso facilita el retorno al trabajo de la madre, hace posible una división del trabajo doméstico y del cuidado más igualitaria y, en definitiva, aumenta la corresponsabilidad madre-padre en los cuidados y en las tareas del hogar, lo cual reduce la penalización laboral por maternidad.

Además, en la medida en que se normalizara la plena participación del padre en el cuidado del bebé (y en el correspondiente uso de las medidas de conciliación que ofrecen las empresas), desaparecería el sesgo contra las madres o potenciales madres en la contratación y en la promoción por parte de los empleadores; es decir, desaparecería la denominada "discriminación estadística" (contratar a una madre o a una potencial madre dejaría de verse como un "factor de riesgo"). Y finalmente, la ley ejemplariza, de manera que la equiparación de los permisos eliminaría la situación actual en donde la ley devalúa el papel del padre como cuidador (le concede sólo dos semanas).

En segundo lugar, la igualación de los permisos mejoraría el bienestar de la infancia. Tras la equiparación de los permisos de paternidad y maternidad los bebés (y los niños y niñas adoptados) podrían estar más tiempo al cuidado de sus progenitores, con todas las consecuencias positivas sobre su desarrollo cognitivo y emocional que eso comporta. En este mismo sentido, los estudios muestran que cuando los padres (varones) se toman más tiempo de baja por paternidad acaban siendo padres más implicados en el cuidado de sus hijos una vez que el permiso se acaba (efectos a largo plazo). Y además cabe destacar que estas nuevas generaciones de niños y niñas que hayan convivido con padres más implicados en su cuidado (y en las tareas del hogar) es muy posible que desarrollen actitudes de género más igualitarias.

Y en tercer lugar, esta medida es buena para los propios hombres. El ideal hegemónico de masculinidad en las sociedades occidentales es bastante restrictivo -ser todo el día John Wayne...-. Sin embargo se puede estar produciendo en la actualidad una cierta transformación de ese ideal hacia uno más rico y avanzado que pondera aspectos como lo afectivo y los cuidados hacia los otros. Y uno de esos ámbitos enriquecedores de la vida de los hombres es la posibilidad de desarrollar una paternidad activa e implicada desde el principio (véase la charla TED de Michael Kimmel "Why gender equality is good for everyone -men included").

¿Y qué hay de los costes? En este ámbito las renuencias suelen provenir del gobierno y de los empleadores.

Empezando por el Gobierno, ¿es muy costoso en términos del presupuesto público añadir 14 semanas más de permiso de paternidad? En primer lugar convendría señalar que las 2 semanas adicionales del permiso de paternidad que se añadirán en 2017 supondrían un incremento del gasto público de unos 200 millones de euros (el equivalente a construir unos 14 km de vía del AVE). Pero, además, hay que tener en cuenta que la introducción de la reforma se haría gradualmente (a lo largo de varios años). Que en la medida en que los progenitores alargaran el tiempo que dedican a cuidar de sus hijos en exclusiva se produciría un menor uso de servicios de guarderías con financiación pública, con el correspondiente ahorro de fondos públicos. Y que a medio plazo esta medida reduce la penalización laboral por maternidad; es decir, aumenta el aprovechamiento productivo del talento femenino, aumentando el PIB y la base imponible, incrementando con ello la recaudación fiscal. E incluso a medio y largo plazo puede contribuir a aumentar la natalidad.

A largo plazo tenemos un grave problema demográfico como consecuencia de la baja natalidad. Y el principal agente que reduce la natalidad (respecto del número de hijos que se desearía tener en condiciones ideales) es la inseguridad económica y el factor de riesgo para sus carreras profesionales que para muchas mujeres representa la maternidad. Y eso se soluciona con corresponsabilidad mujer-hombre en las tareas domésticas y de cuidados (y con mejores políticas de conciliación que usen por igual mujeres y hombres). Y la equiparación de los permisos es una medida que apunta al núcleo del problema de la falta de corresponsabilidad.

La reforma del sistema de permisos parentales 16+16, y no otras versiones descafeinadas, nos brinda la posibilidad de generar un definitivo avance en la igualdad de género en España. No lo dejemos pasar.

Y respecto de las renuencias de las empresas, al hablar con directivos/as de recursos humanos nos parece detectar una cierta ambivalencia. Por un lado, desde una perspectiva individual, la mayoría de estos directivos/as se muestra claramente a favor del permiso de paternidad de 16 semanas; sin embargo, cuando actúan como directivos, la situación puede ser distinta, y surge una cierta resistencia...

Desde la perspectiva de los empleadores la maternidad se asocia con permisos más largos, posibles excedencias, reducciones de jornada, etc., con sus correspondientes costes organizativos (sustituciones, reorganización del trabajo entre los compañeros, etc.); mientras que no sucede lo mismo con la paternidad (recuérdese que es de aquí de donde surge la discriminación estadística). De esta manera para algunos empleadores la equiparación de los permisos significa que esos mayores "problemas" que antes se asociaban con la plantilla femenina ahora se asociarían también con la masculina. ¿Es realmente costoso para las empresas asumir que los padres (varones) usen permisos y medidas de conciliación similares a los que ya usan las madres? En una perspectiva de muy corto plazo puede que algunos empleadores tengan esta percepción. Pero yendo un poco más allá, lo que la evidencia empírica muestra es que unas buenas políticas de conciliación mejoran la satisfacción laboral de la plantilla y el clima laboral en la empresa, favoreciendo la retención del talento y el aumento de la productividad. Además, la necesidad de conciliar la vida laboral y familiar ya no es algo que demanda solo la plantilla femenina, sino también la masculina. Cada vez hay más "nuevos padres" que dan tanta o importancia, o más, a su papel de padre implicado que a su papel de trabajador o de profesional.

¿Hay riesgos en el proceso de formulación de esta reforma? Sí, existe un riesgo -o trampa-, que hay que evitar, que es la tentación de ceder parcialmente en la condición de intransferibilidad de los permisos.

Las 16 semanas del padre (y de la madre) tienen que ser intransferibles al otro progenitor, de manera que el padre no pueda trasferir a la madre las semanas que no use él; es decir, que si el padre (al igual que la madre), decide utilizar una cantidad inferior a las 16 semanas que le corresponden, éstas semanas no usadas se pierden. El hecho de no perder semanas de un permiso bien remunerado es un incentivo clave para que los padres varones se vayan animando a utilizar todas o la mayor parte de sus 16 semanas; es decir, constituye un factor clave para fomentar la corresponsabilidad en el cuidado infantil entre madres y padres (que, en última instancia, es lo que eliminará la brecha salarial de género).

El riesgo es que, en lugar de aprobarse la propuesta "optima", la 16+16, se acabe aprobando una propuesta "menos ambiciosa" ("segundo óptimo") que contenga un conjunto de semanas transferibles, como sucede con la propuesta de Ciudadanos. Ésta contempla 8 semanas de permiso para cada progenitor y 10 semanas a distribuirse como deseen entre los miembros de la pareja (transferibles). ¿Problema? Pues que la inercia y la presión de las normas de género tradicionales acabarían haciendo que fueran las madres quienes utilizaran estas 10 semanas transferibles; así, de hecho, las madres estarían de baja unas 18-20 semanas y los padres unas 8, perpetuando la idea de que son ellas quienes tienen que asumir en mayor medida el cuidado de los niños (y de que, por tanto, son un factor de riesgo para las empresas).

Estamos en la actualidad en un momento propicio para acometer una reforma del sistema de permisos parentales y no podemos quedarnos con un segundo óptimo que no va a la raíz del problema. El dilema es parecido a lo que sucedió con la introducción del matrimonio para las parejas del mismo sexo en España e Italia. En ambos casos, en el proceso de formación de la nueva ley hubo importantes presiones para descafeinarla; en el caso de España se resistió a esas presiones, y de ahí surgió una ley "óptima", ejemplar en términos de avance en los derechos civiles, y ampliamente aceptada a posteriori por la sociedad española. En el caso de Italia surgió una ley "segundo óptimo", descafeinada (las parejas del mismo sexo no pueden usar la expresión "matrimonio", tienen limitaciones en materia de adopciones...); es decir, en Italia se ha desaprovechado la oportunidad de igualar los derechos de las parejas del mismo sexo con los derechos del resto de parejas y, una vez introducida la nueva ley, esta situación puede durar otra generación...

En definitiva, la reforma del sistema de permisos parentales 16+16 (que además es una reforma liberal, al ligar el derecho de esta prestación al individuo y no a otros ámbitos, como la pareja), y no otras versiones descafeinadas, nos brinda la posibilidad de generar un definitivo avance en la igualdad de género en España; es decir, de seguir avanzando en nuestro progreso económico y social. No lo dejemos pasar.