España no es un país en el que la nieve y el hielo se instalen de manera permanente durante muchos meses. Digamos que son fenómenos episódicos en la mayor parte del territorio; y en muchas de las regiones, son circunstancias climatológicas casi desconocidas. Pero no por ello debemos de desconocer algunas de las condiciones en que estos fenómenos climatológicos inciden en la conducción.
En los países del norte de Europa y especialmente en los escandinavos, se conduce durante muchos meses al año sobre carreteras cubiertas de nieve y hielo. En ellos es obligatorio, desde hace ya algunos años, el uso de neumáticos especiales para circular durante los meses de invierno. Son ya 11 países con esta obligatoriedad, entre los que se encuentran Alemania, Chequia, Luxemburgo o Rumanía. Y desde luego, Suecia, Noruega, Finlandia, Letonia... los países donde los inviernos son extremadamente duros.
Son muchos los lectores que ya han oído hablar de estos neumáticos de invierno; incluso si se han molestado en leer el libro de mantenimiento de su coche, habrán visto muchas referencias a estos neumáticos.
Sin entrar en muchos tecnicismos, digamos que los neumáticos de invierno son unas cubiertas creadas para rodar sobre hielo y nieve en condiciones de mucha mayor seguridad que con neumáticos convencionales; incluso en mucho mejores condiciones que con las tradicionales cadenas, que ya han dejado de utilizarse en la mayoría de los países. Añadimos que, cuando se hace "obligatorio el uso de cadenas", los vehículos equipados con neumáticos de invierno están autorizados a circular.
Estos neumáticos aparecieron hace ya cerca de 40 años, aunque su popularización se produjo en los años 80 en Europa. Aunque su diseño tiene una complejidad muy notable, digamos que su eficacia se debe a dos factores: el uso de un dibujo especial, con innumerables "laminillas" que hacen que el neumático tenga el efecto "garra" sobre el hielo y la nieve; y la utilización de compuestos de goma que no pierden sus características de agarre y elasticidad por debajo de los 7 grados de temperatura. El caucho de los neumáticos convencionales, a bajas temperaturas se endurece y se vuelve rígido, por lo que nuestro coche difícilmente podrá mantener la trayectoria, frenar o acelerar sobre la nieve y el hielo. Además, si no tiene un dibujo adecuado para drenar la nieve y el agua, los efectos negativos se multiplican.
En los primeros años de existencia de estos neumáticos, apenas eran utilizados más que en países nórdicos, con nieves permanentes. Por una razón: al rodar por pavimentos secos, la duración de estos neumáticos era reducida. Un par de miles de kilómetros sobre asfalto seco, gastaba la banda de rodadura y desaparecían estas "laminillas". Por lo tanto, el neumático perdía sus propiedades para rodar de nuevo sobre nieve.
Sin embargo, las nuevas generaciones de neumáticos de invierno han dado un giro copernicano. Las nuevas cubiertas invernales de cualquiera de los grandes fabricantes (Michelin, Continental, Pirelli, Bridgestone...) pueden utilizarse sobre pavimento seco sin un desgaste acusado, manteniendo sus cualidades sobre agua, nieve y hielo.
No es fácil determinar cuánto más se desgasta un neumático invernal que uno convencional rodando sobre seco. Las distintas marcas, dimensiones y sobre todo, la utilización, va a condicionar su desgaste. Pero podemos afirmar sin equivocarnos que para una persona que no sobrepase los límites de velocidad y conduce de manera muy poco agresiva, estas cubiertas le van a durar por encima de los 50.000 kilómetros sin problemas.
Lo recomendable es instalar un juego de neumáticos de invierno entre noviembre y marzo; y cambiar a neumáticos convencionales el resto del año. Esto es lo que nos dictaría el sentido común. Pero ya no es tan descabellado pensar en utilizar las cubiertas de invierno durante todo el año si usamos el coche de manera tranquila y no hacemos un excesivo número de kilómetros. Cada día son más los conductores que eligen esta opción, por su mayor seguridad sobre pavimentos mojados, cualquiera que sea la estación del año. Así, además, se evitan el tener que montar y desmontar las ruedas y sobre todo, el guardarlas hasta la temporada siguiente.
Intentaremos responder ahora a las preguntas más usuales que se hacen los conductores y que a lo largo de estos años nos han ido planteado.
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En Alemania, si tienes una accidente en invierno y no llevas las ruedas de invierno (simbolo montañita y copo de nieve, o copo de nieve) EL SEGURO NO TE PAGA PORQUE ERES UN PELIGRO...
La direccionalidad y la distancia de frenada son mucho mejores... el cambio es espectacular... pero aqui la gente prefiere gastarse el dinero en figurar que en seguridad
"Esto con los neumáticos normales"
Pues "a poca velocidad", cuesta arriba o en linea recta, una marcha larga, evita patinar, pero todo lo contrario una marcha muy corta, desace la nieve o el hielo a base de panitar de forma que termina por encontar el asfalto (sin asfalto; undes el coche en el suelo y busca una grua) con lo cual agarra y subes o avanzas.
el problema es bajar;
1ºsi frenas bloqueas y patina. (por esto inventaron los frenos antibloqueo, pero no son la panacea pues pueden hacer el caso 2º).
2ºsi pierdes un instante el agarre; patinas, donde sin frenar el acelerar patina más y reza para que agarre y lo peor es que necesitas reducir la velocidad y no aumentarla.
Desde España nos puede sonar escandaloso que se active el control de frenada o el control de tracción, pero en Alemania es de lo mas normal y el coche permanece siempre bajo control... eso sí, no hacer el burro con la velocidad y ser muy prudente, sobre todo con las distancias de seguridad.
Para los alemanes es normal que cada dos por tres se active ese control sobre el vehículo, mientras que a lo mejor, en España puede sonar escandaloso ya que no estamos acostumbrados (recuerdo la cara de alucine que ponía alguno cuando decía que sobre la nieve se le había activado el control de tracción).
Bajar una cuesta no supone ningún problema con estos neumáticos, insisto, si respetas la velocidad y las distancias de seguridad de acuerdo a la climatología.
"los dos ríos de Granada bajan de la nieve al trigo ..."