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Del aula a la mina: el nacimiento del antifranquismo en la Universidad

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Anagrama del Servicio Universitario del Trabajo, creado por el padre Llanos en 1950.

Es casi seguro que solamente los que pasaron por la Universidad entre 1954 y 1967, y no todos ellos, sabrán lo que fue y significó en la lucha contra el franquismo el Servicio Universitario del Trabajo, conocido por su siglas, el SUT.

El SUT nació por iniciativa del jesuita José María Llanos en 1950, con una fuerte inspiración cristiana. Llanos llegó a escribir un texto titulado La oración del trabajo que incluía una serie de plegarias para ser recitadas por los jóvenes estudiantes del SUT. La idea vertebral de Llanos, cuya tutela dejó enseguida en manos del Sindicato Español Universitario (SEU), perseguía que los jóvenes universitarios convivieran con esos obreros de los que más tarde llegarían a ser sus jefes en las empresas.

La principal actividad del SUT fue precisamente la organización de campos de trabajo durante los veranos. En sus casi 20 años de actividad (1950-1968) recibió a unos 13.200 estudiantes en 480 campos de trabajo que fueron organizados por toda España en sectores como la pesca, la repoblación forestal, la agricultura, diversas industrias y, sobre todo, la minería.

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El padre Llanos paseando por el Pozo del Tío Raimundo (Madrid), 1956.

Pero la "cesión" de la tutela de esta iniciativa al organigrama del SEU hará que éste la absorba oficialmente en 1953 y le dé una vertiente falangista por el atractivo social que encerraba, y eso se advierte en la fraseología de los folletos de los primeros años del SUT. En un texto de 1953 puede leerse: "Los Campos de Trabajo (...) han nacido como un movimiento originado en el seno de la Universidad para dar una respuesta a las tremendas interrogantes que el mundo actual nos plantea (...). La unión de las clases, de los hombres y de los pueblos en una nacionalidad justa y en marcha, fin de nuestros anhelos revolucionarios, podrá lograrse mejor cuando los hombres pertenecientes a estamentos funcionalmente distintos salten las barreras que los separan".

A partir de 1958 se produce en el SUT un cambio ideológico como consecuencia de las repercusiones de los sucesos de 1956 en la Universidad de Madrid y de la entrada en el SUT de estudiantes que ya se han concienciado política y socialmente. La participación de los universitarios en las actividades SUT había resultado ser en muchos casos una espoleta en ese cambio de conciencia de muchos centenares de "sutistas" que participan en los campos de trabajo veraniegos o en el trabajo dominical que se realizaba en los poblados chabolistas de las principales capitales.

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Juan Anllo (en el centro) con otros sutistas realizando trabajos en Orcasitas (Madrid) en lo que se llamaba trabajo dominical.

Ramón Tamames, en un capítulo de sus memorias titulado Cineclub y campos de trabajo dice que "la segunda actividad preparatoria de los sucesos de 1956 no fue otra que el Servicio Universitario del Trabajo", que fue el que le llevó a un campo de trabajo en 1953 junto con Eduardo Zorita, Fernando Elena, José Luis de la Calle, Fermín Prieto Castro y otros más.

En el libro de homenaje a Javier Pradera, Camarada Javier Pradera(Santos Juliá, ed. Galaxia Gutemberg, 2012) se recoge una entrevista de Carlos Elordi a Pradera que contiene estas reflexiones: "La España de los cincuenta era una España terrible. Una España con unas desigualdades sociales brutales que yo viví y comprobé de una manera muy espectacular en un campo del Servicio Universitario del Trabajo (...). Yo estuve en un pantano, en el pantano de Gabriel y Galán que estaba en Plasencia. Luego estuve en Las Hurdes".

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Vecinos de un pueblo de Las Hurdes (Cáceres) observan el cartel que anuncia el inicio de las Campaña de Alfabetización y Educación Popular, 1963.

Por el SUT desfilaron universitarios que luego tuvieron un papel relevante en la lucha antifranquista en la Universidad: Jesús López Pacheco, que estuvo en un campo de pesca en Cudillero en 1953; Nicolás Sartorius, en la fábrica de DKW de Vitoria en 1958, junto con Jordi Borja; José Luis Leal en 1959 en la planta de CASA; Carlos París en la mina de Barruelo de Santullán, en 1955; Ricardo Gómez Muñoz en Portman, en 1957, Escatrón en 1958 o Jaén en 1961; José Torreblanca en Ribadelago; etc.

Jordi Borja confiesa en una encuesta preparada por un profesor de la Universidad de Zaragoza: "El SUT formó parte de mi proceso de incorporación a la actividad antifranquista y de izquierdas. Lo entendí como ámbito de 'politizar' a los estudiantes".

La participación en las actividades del SUT en Barcelona acabaría convocando a un grupo importante de universitarios, como Angels Maragall, su hermano Pascual, Dolors Reanu, Isidre Molas, Luis Avilés, Manuel Vázquez Montalbán, Josep Termes, Ramón Garraou, Miquel Izard, Herman Pesqueira y varios de la órbita de la revista El Ciervo, como Ignacio Urenda, Alfonso Carlos Comín, José Ramón Figuerol o José Antonio González Casanova.

Hablando de su experiencia en el SUT, Comín dirá lo siguiente en su obra Fe en la tierra: "Allí sometimos a revisión la historia explicada en términos de blancos y rojos, revisamos la guerra civil, comenzamos a hablar del proletariado, de estructura social y política. Rompimos con los planteamientos individuales y burgueses de las relaciones sociales".

El SUT contribuyó a esa toma de conciencia de la situación económica y social del país por parte de muchísimos estudiantes. En este sentido hay que destacar el ciclo de conferencias organizadas por el SUT, entre enero y marzo de 1958, en el Aula Magna de la facultad de Derecho de la Universidad de Madrid. La idea del ciclo partió de José Torreblanca y desde la jefatura nacional del SEU (que correspondía en ese momento a Jesús Aparicio-Bernal) no se pusieron objeciones.

El ciclo tuvo un impacto y éxito enormes, con el aula a rebosar de estudiantes. No era para menos, considerando los nombres de los conferenciantes, y teniendo en cuenta que apenas habían transcurrido dos años desde los sucesos universitarios de febrero del 56. Los conferenciantes, por este orden, fueron: José María Llanos, Ignacio Fernández de Castro, los curas Tomás Malagón y Antonio Jiménez Marañón, Julián Marías, Antonio de Luna, Manuel Jiménez de Parga, el padre Ricardo Alberdi, Pedro Laín Entralgo, José Luis López Aranguren y el padre José María Diez Alegría.

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López Aranguren interviniendo en el ciclo de Conferencias de la Universidad de Madrid en 1958.

Las conferencias de Llanos (sobre mundo universitario y mundo obrero), de Fernández de Castro (sobre propiedad y hambre), de Jiménez de Parga (sobre Estado español y sociedad española) y la de Diez Alegría (sobre la Universidad y el cambio de estructuras) tuvieron especial relevancia, sobre todo la de este último.

Durante la celebración del ciclo se produjo un incidente curioso, creo que fue entre la conferencia de Julián Marías y la de Antonio de Luna. La Agrupación Socialista Universitaria (ASU) y la Unión Democrática de Estudiantes (la demócrata-cristiana UDE) colaron una conferencia de Manuel Giménez Fernández (el que había sido ministro de Agricultura por la CEDA en el gobierno de Alejandro Lerroux en octubre de 1934) con gran asistencia de gente de la ACNP, la Asociación Católica Nacional de Propagandistas. Como yo me encargaba de grabar las conferencias del SUT, Gabriel Tortella, delegado de la facultad de Derecho, me pidió que grabara la de Giménez Fernández. Y cuando estaba preparando el magnetófono entraron en el Aula Magna Carlos Bustelo y Barros de Lis, de la UDE, y repartieron por los pupitres un panfleto que yo mismo recogí y retiré.

En esto entró al aula un grupo de primera línea del SEU, encabezado por un tal Enríquez de Salamanca, para preguntarme quién había colocado los panfletos y si habían sido los de Nueva Izquierda Universitaria (rama universitaria del FLP, el Frente de Liberación Popular, conocido como el Felipe), y muy concretamente si había sido José Manuel Arija. Supe por éste que le abordaron a la altura del campo de atletismo de la Ciudad Universitaria y estuvieron a punto de pegarle una paliza (ese mismo grupo ya había dado una soberana paliza a Luis Gómez Llorente). El caso es que esa misma mañana, al regresar a la sede del SUT, en el número 8 de la Plaza de Quevedo, me llamó el jefe del SEU, Aparicio-Bernal, para preguntarme directamente si el SUT había tenido algo que ver en la organización de la polémica conferencia de Giménez Fernández.

Pero volviendo a las conferencias que organizaba el SUT, en 1960 en Barcelona se celebró otro ciclo de charlas con la participación de Ignacio Fernández de Castro, José Aumente y Enrique Ruiz García, con igual éxito de asistencia. Entre febrero y marzo de 1961, el SUT de Madrid repetiría el ciclo con conferenciantes como Aumente, Manuel Sacristán, Carlos París y Joaquín Ruiz-Jiménez.

Otro hito importante del SUT fue la publicación a partir de marzo de 1960 de La Gaceta del SUT, impulsada desde la jefatura nacional, en cuya elaboración tuvo un papel destacado Manuel Vázquez Montalbán. Aún conservo 22 números, el último de fecha 16 de marzo de 1961. Llama la atención que, en una publicación surgida al fin y al cabo dentro de la estructura del SEU, aparecieran extractos de libros de autores, sobre todo extranjeros, que chocaban con la ortodoxia ideológica del SEU y del régimen franquista.

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Reunión de los jefes de Campos de Trabajo antes de dispersarse cada uno a su destino de trabajo estival.

Esto se debió fundamentalmente al ímpetu de Vázquez Montalbán, quien se había trasladado a Madrid tras ser expulsado de la Universidad de Barcelona. Debido en gran parte a su iniciativa, se publicaron textos de Emmanuel Mounier, Jean-Paul Sartre (en el número 4), Harold Laski, Arthur Koestler, monseñor Alfred Ancel (obispo auxiliar de Lyon), Simone Weil, André Gorz, etc. Pero también se incluyeron textos de José Aumente, Enrique Ruiz García, José María Jover, Miguel de Unamuno, Antonio Machado, Ignacio Fernández de Castro, José María Llanos... o de poetas como Ramón Garciasol, Blas de Otero, Gabriel Celaya, Eugenio de Nora o José Hierro.

La Gaceta sirvió además de ámbito de intercambio de opiniones entre "sutistas" de distintos distritos que dieron lugar a debates interesantes sobre lo que debería ser el SUT o la actitud del universitario ante las desigualdades sociales y la situación del obrero español.

Creo que los datos y hechos aquí aportados prueban que el SUT, ese invento del cura Llanos en 1950, jugó un papel bastante importante en la toma de conciencia y radicalización política de miles de universitarios españoles. Miguel Ángel Ruiz Carnicer, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, concluye una de sus investigaciones al respecto con esta afirmación: "El SUT será uno de los elementos que más influirán en la evolución mental y política de los universitarios españoles, o al menos de una importante minoría, hacia posturas de rechazo del franquismo y de apuesta por una izquierda transformadora". 