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Doñana, el gas y la política energética

06/02/2013 08:23 CET | Actualizado 07/04/2013 11:12 CEST

El anuncio del permiso para extraer gas y almacenarlo en Doñana, realizado la semana pasada por el Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente (MAGRAMA), es la confirmación de que nada se interpone en la decisión de este gobierno de llevar adelante una política energética de apoyo a los hidrocarburos. Tan intenso es ese apoyo, como grave es el abandono a las energías renovables. La Declaración de Impacto Ambiental positiva (DIA) emitida por las máximas autoridades ambientales de este país a la extracción y almacenamiento de gas en Doñana, es un golpe a la joya de la naturaleza española. Llama la atención que en un país en el que la fuente de energía más abundante es el sol, se esté desmontando paso a paso la industria de las energías renovables, para impulsar la perforación y búsqueda de gas y petróleo, aunque para ello tenga que sacrificar Doñana, la Costa del Sol y las Islas Canarias.

Es evidente que el gobierno no cree en las energías renovables. Su política energética se basa en los hidrocarburos y la nuclear. A pesar de que en el último año la factura de importación de gas y petróleo ascendió a 45.000 millones de euros, con un aumento del 13% con respecto al año anterior, la apuesta por las renovables decae, y se opta por el apoyo a la búsqueda de yacimientos de hidrocarburos por mar y tierra.

El primer aviso llegó con los permisos del Ministerio de Industria para realizar prospecciones en las costas de Canarias. Este anuncio levantó un fuerte movimiento opositor en Canarias, una Comunidad que tiene en el turismo la principal fuente de recursos, que podría verse amenazada por la posible extracción de crudo cerca de sus costas. Pero detrás de Canarias han venido otros permisos en las costas mediterráneas, que muestran una línea de actuación preocupante.

En la misma línea está la expansión del fracking en nuestro país. El fracking es una técnica de extracción del gas no convencional. Se trata de reservas de gas que no se encuentran en bolsas subterráneas, como las convencionales, sino que se encuentra en forma de pequeñas burbujas fuertemente adheridas a las rocas a gran profundidad. Para extraerlo se inyecta agua mezclada con componentes químicos a gran  presión, lo que consigue fracturar las rocas y liberar el gas para que pueda ser recogido en superficie. Se trata de una tecnología muy cuestionada por su gran impacto ambiental, y algunos países europeos como Francia, han dictado moratorias a su utilización.

Parece mentira que en el país del sol y del viento, estemos condenando a la marginación a las energías renovables, y desmantelando una industria que creó miles de empleos. El único camino para reducir nuestra dependencia energética del exterior no son dudosos y arriesgados proyectos de elevado impacto en el medio ambiente, sino una clara estrategia de fomento del aprovechamiento de las energías renovables como están haciendo paises como Alemania. Siendo todo esto tan obvio, cómo nuestro gobierno actúa de forma tan ciega. Quizás ya no debamos hablar de ceguera gubernamental, sino que tenemos que preguntarnos abiertamente si se trata más bien de atender a intereses económicos concretos, frente al interés general.

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