BLOGS

Animalistos

01/03/2017 07:21 CET | Actualizado 02/03/2017 11:07 CET

2017-02-27-1488201076-1947724-20170219_134749.jpg

Lo estamos consiguiendo. Poco a poco, pero lo estamos consiguiendo.

Proteger los derechos de los animales, incluso creando algunos nuevos, para poner fin al maltrato que muchos sufren a manos del ser humano. Los últimos beneficiados podrían ser los galgos, para quienes la Plataforma No a la Caza con Galgos llegó a convocar 25 manifestaciones simultáneas en 25 localidades distintas con el fin de exigir la prohibición de esta actividad y el uso de cualquier perro para cazar otros animales. Según su portavoz, David Zurdo, "cualquiera puede ver por las redes sociales cómo son maltratados, ahorcados y abandonados, sobre todo en el fin de la temporada de caza". Lo más atrevido y brillante del argumento, digna variante del Minority Report de Phillip K. Dick, es considerar criminales en potencia a todos los que participan en esta actividad. Y así, en lugar de perseguir y castigar el crimen, eliminar directamente la actividad...

- Pero si yo quiero mucho a mi perro. Yo nunca podría...

Y el crimen con ella.

- Eso dicen todos.

Los animales que se ven obligados a participar en espectáculos circenses llevan el mismo camino. En 2015, Cataluña fue la primera comunidad que prohibía las actuaciones con animales salvajes. Recientemente, Madrid se ha subido al carro, prohibiendo la instalación en su término municipal de circos que exhiban especies salvajes. En total, son ya 300 los municipios que lo prohíben en toda España. Y con igual argumento: dados los constantes casos de maltrato, sumado a las pésimas condiciones en que viven los animales, cómo se les alimenta, el modo en que son amaestrados y su degradante fin (¿un oso tocando la trompeta?), en lugar de perseguir el delito y castigar a los culpables, de nuevo todos lo son. Se prohíbe la actividad...

Y no puedo pensar más que "¡Bravo!"

Para que los siguientes en caer sean los zoos. Donde, encerrados en jaulas, quizá más grandes, pero siguen siendo jaulas, animales de todas las especies son exhibidos ante hordas de chavales que desean ver con sus propios ojos criaturas que viven en países lejanos que la mayoría no pisará en su vida (qué coño, que se compren un libro o miren fotos y videos en internet), y les tiran ganchitos y hogazas de pan duro a la cara para que se los coman.

Por eso espero que todos esos políticos que prohíben, y todas esas plataformas y asociaciones que exigen, no se queden en la superficie del problema y lo eliminen de raíz.

Porque si todo lo anterior es un crimen, también debería serlo, por mucho que nos hayamos acostumbrado, lo que vemos día a día en calles y parques: esos perros atados con una correa caminando sumisamente junto a su amo, tiritando de frío bajo una lluvia torrencial mientras éste, protegido por su paraguas, charla con un vecino. Amaestrado para que se aguante las ganas de mear y cagar hasta que decidan sacarle de paseo (o reviente). Y a alimentarse a base de pienso que dicen que sabe a ternera (sí, como los big mac). Según las estadísticas, un 26% de los españoles tiene un perro. Eliminando a los afortunados a quienes les tocó la bonoloto y viven en una finca donde poder correr y, sobre todo, mear y cagar cuando lo marca su reloj biológico, no el TagHeuer de su dueño, ¡rebeldes!, eso son muchos perros con el culo apretado condenados a vivir entre cuatro paredes. Que pueden ser más asfixiantes si hay visita...

- Cari, mételo en el dormitorio para que no moleste. Además, a Marc y Mar les da alergia...

Al menos ellos tienen suerte, conocen el mundo exterior y tienen la oportunidad de relacionarse con otros de su especie, no como los gatos, según las mismas estadísticas, el 19% de los españoles tiene uno, que deben conformarse con verlo (el mundo) y verlos (a los suyos) desde la ventana y, después de castrarlo, siempre por su bien, pobrecito, para que no sufra durante el celo, porque no va a echar un polvo en la vida, y tampoco marque toda casa con ese apestoso orín que lo corroe todo como ácido de batería, le obligamos a mear y cagar en un cajón sobre "algo" perfumado que tenemos los santos cojones de llamar arena.

Es posible que si, como otras tantas asociaciones y plataformas proclaman, las vacas no deberían ser dispuestas en filas interminables para ser ordeñadas por máquinas exprimidoras, las gallinas obligadas a poner huevos en naves industriales donde nunca anochece, los cerdos sacrificados y desangrados vivos para hacer longanizas..., perros y gatos no deberían ser condenados, también desde su nacimiento, a este tipo de esclavitud. De "actividad". Al fin y al cabo, en los primeros casos se trata de proporcionarnos alimento. Pero ellos... ¿Para qué los necesitamos? ¿Para entretenernos o no sentirnos solos? ¿Es para eso para lo que mamá naturaleza los trajo al mundo? ¿En serio?

Y no deberían ser los únicos liberados porque, ¿qué es eso de ser pez y tener que vivir en una pecera?

- Pero si no tiene memoria, cada dos minutos es como si estrenase una nueva...

¿Y papagayo en una pajarera?

- Al loro, que le he enseñado a decir "hijoputa"...

¿Qué es lo que realmente tratamos de defender? ¿Los derechos de los animales... o nuestro modo de vida?

El negocio de las mascotas, que genera en España más de 2.200 millones de euros al año debería, en consecuencia, desaparecer de inmediato. Porque fomenta el tipo de "actividad" que sufren en nuestro país más de 20 millones de mascotas. Y los centros veterinarios, sólo el 18% del total que hay en España factura al año más de 450.000 euros anuales, permite con sus cuidados que los pocos "rebeldes" se acaben acostumbrando mediante vacunas que "alargan" esa vida enclaustrada que les hemos proporcionado y obligado a aceptar generación tras generación, juguetes, más alimento industrial con sabor a "algo" y todo tipo de cuidados estéticos muy importantes para su supervivencia...

- Vamos a cortarle las uñas, que el muy travieso nos araña el sofá y las cortinas...

Pero al menos los veterinarios saben lo que hacen, que me han dicho que para serlo hay que estudiar. Pero ¿qué necesitas para tener una mascota? Dinero para comprarla o un amigo que te diga dónde adoptarla...

Es más, habría que perseguir y encerrar en reformatorios a todos esos adolescentes desalmados que se divierten quemando insectos con una lupa, atrapando lagartijas para cortarles el rabo y ver cómo éste continúa meneándose, o reventando ranas metiéndoles petardos por el culo. Y, por supuesto, instalar cámaras de seguridad en todas las viviendas para que no queden impunes esos asesinos en serie que gasean polillas cuando se cuelan en sus casas, o directamente las estampan de un zapatazo contra la pared.

Los desamados que arrancan una uva, ¡viva!, y la arrojan a una cuba con miles como ella para que la pisen y hagan vino, los psicópatas que encierran a un geranio en un tiesto y lo exhiben en el balcón, el hereje que corta una rosa para regalársela a su novia... El país que osó enviar a Laika al espacio, ¿qué culpa tendría la muy perra? El que prefirió un mono; aquéllos que investigan con cobayas para encontrar remedio a las enfermedades que padecemos... Joder, si mamá naturaleza las puso ahí, ¿quiénes somos nosotros para tratar de curarlas?

Me gustaría ser animalisto y saber dónde está el límite.

Quizá debería estudiar más, o tratar de estar más en contacto con la naturaleza...

Mientras tanto, cada día que voy al Parque de Berlín, da igual la hora del día, me cruzo con decenas de personas que llevan allí a sus perros para que corran, vean a sus amigos y meen y caguen... Alrededor de la olvidada placa que dice "PERROS NO" y absolutamente indiferentes al horario establecido por el Ayuntamiento para dicha "actividad". Jamás he visto a un agente de la autoridad persiguiendo o castigando su incumplimiento. Jamás. Eso sí, unas cuántas cagadas de perro me he llevado de recuerdo en la suela del zapato. Aunque para eso puede que haya solución. Que, por lo visto, hay un proyecto para crear un sistema que permita analizar las heces de los perros y, mediante su ADN y el chip que por ley deben llevar implantados, identificar a su dueño y sancionarle. Imagino que eso supondría muchos miles de euros de inversión en investigación y tecnología para la fabricación de los dispositivos y otros tantos en la contratación de personal para su manejo y todo tipo de recursos para tramitar y gestionar las denuncias, las multas...

Y digo yo, ¿qué tal si cada propietario de un perro pone en su casa un cajón como el de los gatos para que mee y cague dentro... aunque sea un poco más grande y haya que limpiarlo más a menudo?

Porque, ¿qué es lo que realmente tratamos de defender? ¿Los derechos de los animales... o nuestro modo de vida? ¿Estar en contacto con la naturaleza o buscar causas que nos permitan mantener limpia nuestra conciencia y nuestra casa al mismo tiempo? Con el estómago lleno, por supuesto...