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¿Que ocurriría si el voto fuera obligatorio?

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Foto: Reuters.

La caída de la participación política favorece el avance de ideologías extremas que de otra forma serían anecdóticas. ¿Sería conveniente adoptar el sufragio obligatorio?

El brexit, la imposibilidad de formar gobierno en España, el plebiscito en Colombia y el fantasma de una victoria de Trump tienen en común una cosa: la falta de participación ciudadana.

Todas las democracias favorecen la libertad de elección al depositar el voto en la urna pero no todas las democracias permiten la libertad de acudir a las urnas.

Aunque actualmente en España el voto es voluntario, en el periodo del reinado de Alfonso XIII y en particular durante los años 1907-1923 el voto era obligatorio. En Grecia, Bélgica, Chipre, Luxemburgo, Liechtenstein y Suiza (aunque sólo en el Cantón de Schaffhausen), en 14 países latinoamericanos, además de Australia, Turquía, Singapur, Líbano, etc... según el Institute for Democracy and Electoral Assistance, IDEA, el voto es obligatorio.

El debate no es pacífico. Mientras que el pasado mes de junio el diario The Telegraph abogaba por la introducción del voto obligatorio, en Bélgica se proponía su supresión como publicaba el Diario La Libré

En Australia los conservadores apoyan la obligatoriedad del voto y en Latinoamérica se hace desde el ámbito de la izquierda, mientras que en Europa son los laboristas del Reino Unido y Belgica quienes defienden el voto obligatorio a la vez que los liberales belgas abogan por su voluntariedad.
El voto como un deber cívico se defiende de izquierdas a derechas, con distinto argumentación según el país. La razón: la abstención influye en el resultado electoral, favoreciendo generalmente a las mayorías.

Pero, ¿qué argumentos defienden en un lado y otro? Quienes defienden la no obligatoriedad se sustentan en dos ideas fundamentales.

1) El voto obligatorio vulnera el principio de libertad intrínseca del voto: el derecho a votar incluye implícitamente el derecho a la abstención. En este caso, obligar a votar rompería el concepto de libertad que sustenta la democracia.

2) El voto obligatorio no actúa como garante de calidad democrática: se acudiría a votar por mera formalidad, con desinterés y sin una preocupación real por el significado de lo que se vota, dando lugar a lo que se conoce como voter fatigue, que según The Washington Post tambien se produce cuando se vota con demasiada frecuencia.

Contra lo anterior, quienes proponen el voto obligatorio argumentan que el sufragio obligatorio implicaría un cambio sociológico importante. Por un lado aumentaría el compromiso de la ciudadanía con los resultados electorales pero también incrementaría la percepción de legitimidad de dichos resultados. El voto como un deber cívico, equiparado a pagar impuestos, se defiende de izquierdas a derechas con distinto argumentación según el país. La razón, como sabemos bien en España, es que la abstención influye en el resultado electoral favoreciendo generalmente a las mayorías.

No hay dudas en que un aumento de la participación electoral es el resultado del ejercicio de una acción ciudadana responsable y que ello fortalece la representatividad de los gobiernos elegidos. Lo que no parece estar claro es cómo respondería la ciudadanía en cada país frente a la obligatoriedad del voto.

En realidad tenemos argumentos para todos los gustos pero si, como parece que decía Winston Churchill, "la democracia es el menos malo de los sistemas políticos", creo que la mayoría, ¡si tan sólo pudiésemos votar al respecto!, confirmaríamos que la obligatoriedad del voto sería la menos mala de las soluciones.