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Ni un minuto de silencio

24/11/2015 07:12 CET | Actualizado 23/11/2016 11:12 CET

Poner silencio al silencio es como cerrar los ojos en la oscuridad... Nada cambia, y de nada sirve.

La violencia de género ha sido amparada por el silencio de quien oía y callaba, por el dolor de quien la sufría y era silenciada, por la impotencia de quien hablaba y no era creída... Hay silencio en la voz y silencio en la escucha, conforme se desmorona la vida de las mujeres bajo los golpes de los violentos.

Quien posee autoridad, tiene el relato en una mano y el silencio en la otra para usarlos a su conveniencia, por eso el machismo y los agresores han podido contar sus historias y presumir de hombría con palabras que la sociedad ha integrado como parte de la normalidad. En cambio, las mujeres que las sufrían nunca han podido ir más allá del sonido del llanto ni de los barrotes hechos de lágrimas.

En la actualidad, el 21% de las mujeres que no denuncian no lo hacen por vergüenza, y el 27% por miedo (Macroencuesta 2015); porque el silencio es miedo, pasividad, distancia, vergüenza, concesión... y todo ello se traduce en más violencia. Si no hubiera silencio, tras cada uno de los golpes machistas que asesinan, sus autores no podrían cruzar la distancia que los separa de sus víctimas, entre la impunidad y la invisibilidad.

El silencio mata más que los golpes y no queremos que continúe, ni vamos a callar un minuto más... ¡Se acabaron los "minutos de silencio"!... Ahora se oirán nuestras voces, nuestra acción contra los violentos y el machismo que los mueve como marionetas.

Vamos a cambiar el silencio por palabras, la ausencia por presencia, la pasividad por acción, la distancia por cercanía. Sustituiremos la posibilidad por realidad, la injusticia por justicia, la soledad por compañía, la mentira por verdad. Haremos de la teoría, práctica, del guiño, mirada, de la renuncia, denuncia, de la pesadilla, sueño, y de la desigualdad, Igualdad.

Traeremos la paz y expulsaremos la violencia, devolveremos el calor robado y sacaremos la fría amenaza, pondremos luz y apagaremos las sombras, y será la ilusión quien sustituya a la tristeza de la desesperanza.

El silencio es el ruido de fondo del machismo y su violencia, y ahora lo vamos a callar con el "ruido" de la democracia y la convivencia, con el sonido de la acción frente a la injusticia sangrienta de las violencias machistas... No se trata de una iniciativa más, se trata de un posicionamiento firme y decidido para hacer de cada día, razón, y de cada razón, un motivo para la igualdad.

Desde la marcha del 7N contra las violencias machistas, el machismo y sus violentos han asesinado a siete mujeres y a un hombre (pareja de la exmujer del asesino). En tan sólo 24 horas, asesinaron a tres mujeres entre "minutos de silencio".

El machismo no se va a detener ni va a silenciar su lenguaje habitual de la violencia, pero la sociedad sí puede hacer que se calle gritando más fuerte que él los valores de la democracia. Por eso te necesitamos.

No podemos responder ante cada homicidio ni ante cada día de desigualdad con más silencio, ni tampoco esperar a cada homicidio para responder... Son ya demasiados siglos de silencio y pasividad.

Quien calla, otorga, y no le vamos a otorgar más días al machismo. Vamos a acabar con el cómplice de los violentos, con ese silencio que imponen a sus víctimas y con el que guarda la sociedad ante el drama de la violencia de género.

Necesitamos tu voz, tu palabra, tus gritos, tus sonidos, tu ruido, tu "no silencio"... Machismo es tiempo y silencio, y desde la Unidad de Igualdad de la Universidad de Granada, hemos decidido no darle ni un minuto de silencio más...

Yo no me callo, ¿tú que vas a hacer?

 

* El 25 de noviembre, a las 13.00 horas, en la Plaza de la Universidad (Plaza de la Facultad de Derecho), hemos convocado una primera concentración para guardar los minutos de silencio y sustituirlos por "minutos de ruido", de sonido democrático contra el machismo y su violencia. La intención es que todo el mundo se una y reproduzca la campaña allí donde considere que haya necesidad de posicionarse frente al silencio impuesto por los violentos.

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