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Las noticias falsas amenazan la democracia en Venezuela

08/07/2017 20:12 CEST | Actualizado 08/07/2017 20:46 CEST
Anadolu Agency via Getty Images

Era martes 27 de junio y el día llegaba a su fin en la capital de Venezuela cuando se produjo una escena muy llamativa. Los habitantes dijeron que habían visto un helicóptero haciendo círculos con un mensaje. Los funcionarios del Gobierno afirmaron que un helicóptero de la Policía robado había atacado el Tribunal Supremo y el Ministerio del Interior a tiros y con granadas. El asediado presidente Nicolás Maduro condenó el ataque y su vicepresidente —según informa Reuters— prometió que encontrarían al "terrorista extremista y fanático" responsable de ello.

Al día siguiente, las autoridades empezaron a buscar a Óscar Pérez, un piloto de las fuerzas especiales y actor de 36 años al que se acusa de haber planeado el ataque. Y a raíz de ello hubo otros sucesos del día que casi se pasaron por alto, entre ellos el asedio a políticos por parte de grupos afines al gobierno en la Asamblea Nacional, el órgano controlado por la oposición a Maduro. Los críticos al presidente afirman que es posible que esto se hubiera montado para justificar una mayor represión de sus oponentes o para distraer.

"Parece una película", contó a ReutersJulio Borges, líder del órgano controlado por la oposición, en referencia a la historia del helicóptero. "Unos dicen que es una trampa, otros dicen que es real".

'Parece una película. Unos dicen que es una trampa, otros dicen que es real'. Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, controlada por la oposición

Para los venezolanos de a pie, distinguir la verdad de los sucesos que se producen en un país tan polarizado se ha convertido en algo prácticamente imposible en medio de tanta contradicción, tantas fake news y, directamente, entre tantas mentiras. La exageración y la información selectiva —difundida por el Gobierno principalmente por los canales del Estado y los simpatizantes de la oposición, a través de redes sociales y de sus propias publicaciones— ha exacerbado el caos que acecha a Venezuela y lo ha llevado al límite.

En Caracas los manifestantes llevan meses ocupando las calles y exigen la salida del presidente Nicolás Maduro; poco más que una ilusión.

Olvidad casi todo lo que hayáis leído por ahí: Venezuela no está viviendo una "catástrofe humanitaria" debida a una carencia generalizada de alimentos, aunque sí hay una escasez de algunos bienes básicos; el Gobierno de Maduro no se irá mañana, como espera la oposición; y aunque la violencia de la Policía Nacional sí ha provocado muertes, lo que he vivido sobre el terreno indica que no son tantas como algunos afirman.

Y es igualmente incierto que todo vaya bien y que las manifestaciones las lleven a cabo "terroristas" armados, tal y como el Gobierno ha dicho.

Carlos Garcia Rawlins / Reuters
Simpatizantes del expresidente Hugo Chávez queman una bandera con el símbolo de un líder de la oposición durante una protesta de 2013 en Caracas.

Pero nada de esto es nuevo en Venezuela. Los cantos de "¡Calle, calle, calle!" han sido repetidos por diferentes líderes de la oposición, con diversos niveles de vehemencia, desde que se eligiera al expresidente Hugo Chávez en 1998.

Ha habido tantas protestas, boicots y bloqueos que cuesta mucho llevar la cuenta. Se dice que muchos de ellos han sido apoyados parcialmente por Estados Unidos a través de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, según los informes de WikiLeaks. Desde la muerte de Chávez en 2013, ha habido al menos tres movimientos de protesta masivos, que han seguido siempre el mismo guión.

Aun así, cuando hablas con los manifestantes, prometen que esta vez será diferente.

"Nadie en este país quiere seguir con este régimen", sostiene Alejandro Ferrero, de 23 años, con un casco de los colores de la bandera venezolana en una marcha de la oposición. Desde mayo han sido detenidos más de 2700 manifestantes, de los cuales muchos están en prisión, de acuerdo con Foro Penal, una organización de la sociedad civil.

'Nadie en este país quiere seguir con este régimen'. Alejandro Ferrero, asistente a las marchas venezolanas de la oposición

La ola actual de protestas empezó en marzo. La rabia se concentra en un edificio blanco adornado con columnas romanas del centro de Caracas, allí donde funciona (o debería funcionar) la Asamblea Nacional, el Parlamento del país.

El viernes 29 de marzo, el Tribunal Supremo —muy vinculado al Gobierno de Maduro— decidió que asumiría los poderes de la Asamblea Nacional y anuló todas las sentencias de dicha Cámara. Finalmente se echó para atrás ante el clamor internacional.

Anteriormente, en agosto de 2016, el Tribunal declaró a la Asamblea Nacional "en desacato" después de que los partidos da la oposición ganaran una mayoría de dos terceras partes de los escaños en las elecciones, dando a la oposición amplios poderes para hacer leyes de oposición al presidente, incluido el derecho a influir en el presupuesto federal. Estos acontecimientos son los que han llevado a la gente a las calles de forma masiva. Y a día de hoy siguen indignados.

"Es absurdo dar a entender que toda la institución está 'en desacato', como si fuera una persona", opina Julio Borges, presidente actual de la Asamblea Nacional."Maduro aprobó solo el presupuesto, en el Tribunal Supremo. Aprobó él solo la deuda federal, sin pasar por la Asamblea Nacional. Así que tenemos una Asamblea cerrada por un Gobierno al que no le preocupa el voto popular ni la democracia".

Ivan Alvarado/Reuters
La actual ola de protestas empezó en marzo y continúa hasta hoy.

RETAZOS DE CHÁVEZ

Aun así, queda un considerable número de venezolanos que siguen leales al Gobierno. En el centro de la capital, los ojos del difunto líder Hugo Chávez están en todas partes. Pintados en los muros de los edificios gubernamentales. En los grafitis de las escaleras del parque de El Calvario. Es un recordatorio de que Venezuela sigue siendo "territorio del chavismo", en palabras de los grafiteros.

Bajo la mirada de los retratos de Chávez, Elías Jaua —chavista— pide un esfuerzo al Gobierno para resolver esta crisis: la creación de una Asamblea Constituyente, propuesta por Nicolás Maduro en mayo.

Se supone que las elecciones para los miembros de esta Asamblea se celebrarán a finales de julio, y la Asamblea propuesta es de lo más controvertida. Si finalmente se inviste, suplantará todos los demás poderes y por tanto podría clausurar la Asamblea Nacional. También tendría el poder de reescribir la Constitución. Sólo al final del proceso podría producirse un referéndum sobre los cambios.

No obstante, Jaua no cree que esta medida sea suficiente para alejar a Venezuela del caos que la consume, del cual culpa a la oposición. Él está convencido de que el mayor problema del país es "la negativa injustificable de la oposición a sentarse y hablar con el Gobierno".

"No se trata de cambiar la Constitución", prosigue Jaua. "Es cuestión de apelar al principio de que la soberanía popular es la fuente suprema del destino de la nación".

'No se trata de cambiar la Constitución, [sino] de apelar al principio de que la soberanía popular es la fuente suprema del destino de la nación'. Elías Jaua, leal al Gobierno

Por desgracia, parece que su esfuerzo ha reducido la posibilidad de que ambos partidos se sienten y pongan el "destino de la nación" sobre la mesa. La propuesta de Maduro de una Asamblea Constituyente ha tenido un efecto explosivo en la política de Venezuela.

Desde marzo, esta ola de protestas ha provocado al menos 76 muertes. Una de las vidas que se llevó más recientemente fue la de David José Vallenilla, de 22 años, cuya muerte a manos de un soldado durante una marcha hacia la oficina del fiscal jefe fue captada claramente por un fotógrafo.

La ira alcanzó su punto máximo el 11 de mayo durante una manifestación en el este de Caracas. Las familias rezaron, cantaron y llevaron coronas de flores por Miguel Fernando Castillo Bracho, un joven de 27 años asesinado el día antes.

La cifra de muertes siempre se politiza, tanto por el Gobierno como por la oposición; los detalles se sensacionalizan o se dejan al margen en función de la fuente de información.

Por ejemplo, no suele decirse que de las 76 muertes registradas durante esta ola de protestas apenas 25 personas estaban participando en manifestaciones cuando fallecieron, o que entre las víctimas también hay cuatro chavistas, cuatro policías y ocho personas que murieron electrocutadas durante un saqueo a una panadería en Caracas.

Elyxandro Cegarra/Getty Images
Aunque se lleva la cuenta de fallecidos y heridos, las cifras se utilizan de forma sensacionalista tanto por la oposición como por el Gobierno.

LAS NOTICIAS FALSAS Y EL FUTURO DE LA DEMOCRACIA

Las noticias falsas adoptan muchas formas en Venezuela, desde las dudosas afirmaciones del Gobierno en canales oficiales de noticias hasta las afirmaciones no verificables de la oposición que se difunden en internet. Esto último ha permitido escuchar hablar de marchas que ni siquiera se han mencionado en los canales estatales, y ha contribuido a la distribución de vídeos como este, que pretende mostrar cómo la Policía nacional rompe y quema sus propias motos para incriminar a los manifestantes.

El Gobierno es culpable de lo mismo. Los canales estatales de televisión Telesur y VTV dedican horas y horas a programas de propaganda con acusaciones contra los opositores.

"Son webs que se dan la razón entre sí [y] contribuyen a difundir noticias exageradas o falsas", opina sobre las noticias de la oposición Ernesto Villegas, ministro venezolano de Comunicación e Información. Según Villegas, su propósito es transmitir la información de forma que atraiga la atención de fuera.

"El pretexto para la intervención extranjera son las violaciones de los derechos humanos", añade, en referencia a la ola de webs y canales sociales anti-Maduro. "Por tanto, este gigantesco aparato mediático se esfuerza por presentar al Gobierno de Maduro como un violador masivo de los derechos" con el fin de traer el cambio.

Las noticias falsas adoptan muchas formas en Venezuela, desde las dudosas afirmaciones del Gobierno en canales oficiales de noticias hasta las afirmaciones no verificables de la oposición que se difunden en internet.

No obstante, hay un hombre que piensa que la clave para que se produzca el cambio democrático no está necesariamente en las redes sociales, sino en las protestas en las calles.

Desde hace más de una década suele citarse a Henrique Capriles como el principal rostro de la oposición. Y, como consecuencia, el Gobierno ha tratado de impedir que su figura tenga repercusión. En 2013 fue derrotado por Maduro por sólo 224.000 votos. En abril se le prohibió presentarse a las elecciones durante 15 años. En mayo, se le confiscó el pasaporte cuando se dirigía a la sede de las Naciones Unidas para hablar sobre las violaciones de los derechos humanos.

"Si hubiera elecciones el próximo fin de semana, el Gobierno sabe que yo saldría elegido presidente", afirmó Capriles.

Por eso él considera que la transición tiene que ser política y, especialmente, democrática.

Carlos Barria/Reuters
El líder venezolano de la oposición Henrique Capriles se manifiesta en contra del presidente Nicolás Maduro en Caracas el 20 de mayo de 2017.

"Estoy convencido de que el cambio tiene que producirse por la vía electoral", afirma Capriles. "Porque tenemos que pensar en lo que venga después de Maduro. Un Gobierno que caiga, que termine, que venga de una insurrección militar o un golpe de Estado no va a traer la estabilidad a Venezuela".

Sin embargo, el grueso de la oposición se ha centrado en persuadir a las fuerzas armadas para que se unan a ellos en contra de lo que ven como una perversión de la democracia. En mayo los políticos me dijeron que la Asamblea Nacional propuso una amnistía para los que se cambien de bando.

"Si se detiene a alguien o se le despide de su trabajo por apoyar la lucha por la democracia, que sepa que aunque la dictadura le intimide, cuando llegue la democracia tendrá su recompensa", aseguró Freddy Guevara, un político de la oposición.

Pero la situación es mucho más complicada que esto.

'Aunque la dictadura los intimide [a los manifestantes], cuando llegue la democracia tendrán su recompensa'. Freddy Guevara, político opositor

Incluso en la izquierda, el chavismo, una ideología política de izquierdas basada en las políticas del expresidente Hugo Chávez, está profundamente arraigado en las fuerzas armadas, por lo cual sería difícil lograr que los soldados se pongan del lado de la oposición. Entre los 32 ministros de Maduro, 11 son militares y 11 de los 23 gobernadores estatales son soldados reformados. Las fuerzas armadas controlan empresas en sectores como la banca, la agricultura, la televisión, la construcción y el suministro de agua.

"Es un Gobierno militarista", apunta Rocío San Miguel, directora de la ONG Control Ciudadano para la Seguridad, la Defensa y la Fuerza Armada, una organización de defensa de los derechos humanos en el país. "Aunque esté gobernado por un civil, tiene todas las características de la militarización de la sociedad; todos los elementos de la vida diaria están dirigidos por las fuerzas armadas: la alimentación, los metros, las farmacias".

Además del amplio número de funcionarios del Gobierno que proceden del mundo militar, desde su investidura en 2013, Maduro ha abierto múltiples empresas dirigidas por las fuerzas armadas, desde un canal de televisión hasta la industria petrolera.

Las fuerzas militares también se están encargando de llevar a cabo el mayor esfuerzo para acabar con la crisis actual: importar y distribuir alimentos entre los ciudadanos más pobres. Aunque también ha traído sus problemas, la política de alimentos ha aliviado la escasez de productos básicos importados, que llegó a su pico en 2016. Un estudio realizado por tres universidades de Venezuela estimó que más del 70% de los venezolanos había adelgazado al menos 8,5 kilos. Anteriormente, los Gobiernos de Chávez y Maduro habían reducido la tasa de hambre del 14 al 5%, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación.

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"Es un país en el que nunca sabes qué es verdad, ni en los medios, ni en los discursos, los debates o las entrevistas", dice un analista de datos local.

DESCIFRANDO LA VERDAD

Es imposible encontrar una voz imparcial en Venezuela. Como mucho, puedes encontrar un interlocutor realista.

Luis Vicente León no es un hombre excepcional; todo apunta a que es un venezolano normal. Pero en muchos sentidos podría ser el hombre que ayude a sacar al país del borde del colapso.

León cree que el Gobierno de Maduro se está convirtiendo en abusivo y con trazas dictatoriales. Pero, como director de la empresa de sondeos Datanálisis, puede moderar sus convicciones con datos.

Por ejemplo, en un país con tal caos, el apoyo a Maduro es mucho mayor de lo que muchos pueden pensar. Durante la crisis de desabastecimiento de 2016, la popularidad de Maduro estaba en torno al 18%, antes de recuperar un 24% este año, según las investigaciones de León.

"Esto tiene que ver con que una importante parte de la población es independiente: el 35% de los venezolanos no se considera ni chavistas ni opositores", afirma León.

'En Venezuela hay escasez de leche, café y arroz, pero lo que más escasea es la verdad'. Luis Vicente León, analista de datos venezolano

Dicho esto, su investigación demuestra que más del 90% piensa que el país lo está haciendo mal o muy mal y aproximadamente el 70% culpa de ello a Maduro.

"En Venezuela hay escasez de leche, café y arroz, pero lo que más escasea es la verdad", dice León. "Y, aún más, la objetividad. Es un país en el que nunca sabes qué es verdad, ni en los medios, ni en los discursos, ni en los debates ni en las entrevistas. Todo el mundo miente y nunca se sabe qué es verdad y qué es mentira. Y, si pierdes la verdad, eres incapaz de separar el ruido de las señales".

Esto dificulta que la gente pueda tomar decisiones, apunta. De hecho, Venezuela fue el primer país en experimentar este tipo de polarización que ahora se ha infiltrado en gran parte de los países de Sudamérica, incluidos Brasil y Argentina. Y, según León, puede resultar letal para la democracia.

"Cuando estás en el clímax de la polarización", sostiene, "la verdad se ve como una traición".

Este artículo fue realizado por Agência Pública, una organización sin ánimo de lucro de periodismo de investigación con sede en Brasil. La versión original, en portugués, fue traducida y adaptada al inglés y esta, traducida al español por Marina Velasco Serrano.

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