Suiza esconde bajo 2.300 metros de roca el túnel ferroviario más largo del mundo bajo los Alpes: 57 kilómetros que conectan en 20 minutos el norte con el sur de Europa
La infraestructura forma parte de una estrategia nacional para reducir el tráfico de camiones y proteger el frágil ecosistema alpino.

Cuando un tren atraviesa Suiza, muchos viajeros apenas perciben el momento exacto en el que desaparece la luz del día. Durante unos minutos solo quedan el reflejo de las ventanas, el sonido constante de los raíles y la sensación de estar avanzando bajo una montaña gigantesca.
Lo que pocos imaginan es que, en ese instante, se encuentran dentro del túnel ferroviario más largo del mundo.
Se trata del túnel de base de Gotardo, una obra de ingeniería de 57 kilómetros de longitud que discurre bajo los Alpes suizos y que constituye una de las infraestructuras ferroviarias más ambiciosas construidas en Europa durante las últimas décadas.
En algunos puntos, los trenes circulan bajo más de 2.300 metros de roca, una profundidad difícil de imaginar incluso para quienes lo atraviesan a diario.
Un segundo país oculto bajo las montañas
Suiza es uno de los países con mayor densidad de infraestructuras subterráneas del planeta. La red nacional cuenta con más de 1.400 túneles, cuya longitud total supera los 2.000 kilómetros. Carreteras, ferrocarriles, galerías hidráulicas y sistemas energéticos forman una auténtica ciudad subterránea que se extiende bajo los Alpes.
La joya de este entramado es el llamado Nuevo Enlace Ferroviario a través de los Alpes (NRLA), un proyecto que integra los túneles de Lötschberg, Gotardo y Ceneri para crear un corredor ferroviario prácticamente llano bajo una de las cadenas montañosas más importantes de Europa.
Gracias a esta infraestructura, los trenes de pasajeros pueden atravesar el túnel de Gotardo en aproximadamente 20 minutos, reduciendo drásticamente los tiempos de viaje entre el norte y el sur del continente.
Una obra pensada para proteger los Alpes
Aunque el resultado más visible es la rapidez del transporte, el objetivo principal del proyecto nunca fue únicamente la comodidad de los pasajeros. La estrategia suiza perseguía una meta mucho más ambiciosa: reducir el impacto ambiental del transporte pesado en los valles alpinos.
Durante décadas, cientos de miles de camiones atravesaban cada año las carreteras de montaña transportando mercancías entre el norte y el sur de Europa. Esto provocaba contaminación atmosférica, ruido, congestión y un creciente deterioro de los ecosistemas alpinos.
Por ello, Suiza impulsó una política para trasladar buena parte de ese tráfico desde la carretera hacia el ferrocarril.
Más trenes y menos camiones
Los resultados han sido significativos. Actualmente, más del 72% del transporte de mercancías que cruza los Alpes suizos se realiza por ferrocarril, una proporción muy superior a la registrada en la mayoría de países europeos.
Las estadísticas oficiales muestran que el número de camiones que atraviesan los Alpes suizos ha disminuido notablemente respecto a comienzos de siglo. Los trenes de mercancías aprovechan la pendiente casi inexistente del túnel para transportar cargas más pesadas con menor consumo energético que las antiguas rutas de montaña.
Diversos estudios europeos estiman que el transporte ferroviario de mercancías consume aproximadamente una quinta parte de la energía necesaria para mover la misma carga por carretera y genera una fracción mucho menor de emisiones de gases de efecto invernadero.
Excavar una montaña sin destruirla
La construcción del túnel de Gotardo no estuvo exenta de impacto ambiental. La excavación generó alrededor de 28 millones de toneladas de roca, además de requerir enormes cantidades de hormigón y maquinaria pesada.
Sin embargo, las autoridades suizas intentaron reducir al máximo las afecciones locales. Gran parte de los materiales se transportó por ferrocarril o por vía fluvial, se instalaron sistemas de tratamiento de aguas residuales y se utilizaron filtros especiales para reducir las emisiones de las máquinas de obra.
Una vez concluidos los trabajos, numerosos espacios naturales fueron restaurados, incluyendo cauces fluviales, zonas de ribera y hábitats para reptiles y pequeños mamíferos.
Una infraestructura preparada para el futuro
Los beneficios de esta red subterránea van más allá del transporte. En un contexto marcado por el cambio climático, las infraestructuras bajo tierra ofrecen una mayor resistencia frente a fenómenos extremos como avalanchas, desprendimientos de rocas o inundaciones.
Mientras muchas carreteras alpinas pueden verse afectadas por temporales severos, los corredores ferroviarios protegidos bajo la montaña mantienen una elevada fiabilidad operativa.
El modelo que otros países observan
La construcción del túnel de Gotardo fue posible gracias a una planificación iniciada décadas atrás y respaldada por sucesivas votaciones populares. El proyecto se convirtió en una apuesta estratégica de largo plazo que combinó inversión ferroviaria, políticas medioambientales y medidas para reducir el transporte por carretera.
Hoy, mientras miles de pasajeros atraviesan los Alpes sin apenas pensar en ello, el túnel de Gotardo sigue funcionando como una de las mayores demostraciones de cómo una infraestructura puede transformar simultáneamente la movilidad, la economía y la protección del medio ambiente.
