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Cuando las cenas se convierten en grandes momentos...

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Un tema que se hizo recurrente en mis conversaciones cuando tuve familia fue, sin duda, el término "conciliación", que era algo así como hablar de cuando se realizaran viajes al espacio por vacaciones en agosto. Era algo lejano y casi de ciencia ficción.

No conozco a nadie que no le preocupe el hecho de no poder conciliar y, aunque tiene ciertos elementos comunes, sí me he dado cuenta a lo largo de todo este tiempo que para cada persona y familia "conciliar" es una cosa. Para mí es que los momentos que estemos juntos sean lo mejor posibles, intensos y de calidad.

Y en mi casa uno de esos momentos son las cenas.

No me gusta cocinar, lo reconozco sin pudor, a pesar de que desde que Masterchef apareció en nuestra vida me siento como un marciano cuando se habla de recetas y preparaciones en mi entorno. Afortunadamente, tengo alguien en casa al que sí le gusta y además disfruta con la tarea (un aplauso para aquellas personas que hacen cosas impensables para mi).

Las cenas en mi casa son esos momentos en los que hablamos y hablamos sin parar. La cocina es ese lugar que, con la excusa de preparar la comida, poner la mesa y comentar el día, se ha convertido en escenario de auténticas asambleas familiares en las que se participa con conversación y con las manos, porque todos hacemos algo ;).

La cocina es ese lugar que, con la excusa de preparar la comida, poner la mesa y comentar el día, se ha convertido en escenario de auténticas asambleas familiares

Antes no era así, las cenas pasaban sin pena ni gloria muchas noches. Hasta que llegó un día que, ante la imposibilidad de "conciliar" al uso, me di cuenta de que lo que nos quedaba era aprovechar aquellos momentos que sí teníamos.

Y como todo, cuando repites situaciones que te gustan y disfrutas, comienzas a perfeccionar el momento.

Y como momento perfeccionado hemos instaurado de manera oficial las "Cenas Especiales". Y no os confundáis, no son de elaborados menús (a veces una pizza con velas en la mesa), pero sí son algunas de las cenas que compartimos todos juntos (elemento importante ya que no es fácil) y en las que alguno propone: "¿Hoy hacemos cena especial?". Y cuando alguien hace esa pregunta, una especie de alegría nos invade a todos porque para que sea "especial" hay que hacer cosas diferentes e integrar elementos que no haya todos los días: velas, mantel distinto, decoración casera, alguien de los pequeños propone un plato y lo hace con la ayuda de algún mayor... (y yo tan contenta de esto último XD).

Dicen que todas las familias necesitan, al menos, una comida al día en la que se comparta lo que nos preocupa y cómo nos van las cosas a cada uno... A veces se discute, claro; pero también se propone, se ríe y, sobre todo, se comunica.

Y como momento perfeccionado hemos instaurado de manera oficial las "Cenas Especiales"

Y para terminar, os recomiendo además que aprovechéis la cena y hagáis el ejercicio "Lo mejor del día". Este juego consiste en hacer la pregunta: ¿Qué ha sido lo mejor que te ha pasado hoy? Y lo deben responder todas las personas sentadas a la mesa.

Se trata de focalizarse en aquellas cosas que nos hacen sentir bien en nuestro día a día y que suelen ser pequeñas situaciones, sin aparente importancia, pero que tienen mucho valor. Porque la vida, es una suma de esas pequeñas cosas. Y si aprendemos desde pequeños a valorar esos instantes, en el futuro seremos más agradecidos porque todos tenemos esos ratos y, lo único que tenemos que hacer, es recordarlos al final del día.

Bonito aprendizaje para toda la familia, ¿verdad?

Para hacer de ese momento del día especial, Ikea ha puesto en marcha su campaña #salvemoslascenas... Y para ello ha creado la Cenología, un método infalible para jugar, aprender y cenar todos juntos.