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¿Deberes? Por un final del día de risas y conversación

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En este verano que ya va terminando, no han sido pocas las conversaciones que he tenido con otros padres sobre los deberes estivales. Ha habido opiniones de todos los colores, a favor y en contra.

Afortunadamente para mí, los dos profesores de mis hijos mandaron las tareas para estos dos meses con un mensaje que decía algo así: "Se recomienda que terminen los cuadernillos de Lengua y Matemáticas, siempre que los padres lo consideren y que no interfiera en los planes familiares. El verano es momento de descanso, cargar pilas y disfrutar más de la familia".

Yo casi daba palmas con las orejas cuando los leí, y me felicitaba una y otra vez por esos profesores que habíamos tenido la suerte de tener este curso. Y es que cuando no es necesario, no es necesario. Cuando su tarea se convierte en la tuya y cuando el poco tiempo que tienes de descanso en común aparece esa "obligación" que empaña el necesario ocio, surge un ogro en tu interior que amenaza con romper en mil pedazos los dichosos cuadernillos.

¿En serio necesitan los niños estar todos los días de las vacaciones tres o cuatro horas sentados repasando y, en ocasiones, adelantando temario del curso siguiente?

Al respecto, recuerdo una conversación con un padre amigo en la que me comentaba lo siguiente: "Es que el verano es muy largo, no pueden estar tanto tiempo ociosos y, además, si no repasan, se les va a olvidar todo lo visto durante el curso". Lo miré fijamente eligiendo bien las palabras que iba a usar, acordándome de una prestigiosa psicóloga infantil, la gran Rosa Jové, y le dije: "Oye, dime una cosa, tú tienes tres semanas de vacaciones en agosto, ¿verdad?" "Uf, sí. He conseguido tenerlas, ya que con tres semanas sí que se desconecta de verdad" "Pues mira, yo creo que es mucho tiempo. ¿Qué tal si te llevas los informes y proyectos de tu empresa para no olvidarlos y darles un repasito todas las noches? Ya sabes, tres semanas es mucho y con la desconexión se te puede olvidar aquello tan importante que le presentaste a tu cliente". Me miró con asombro y soltó una carcajada: "Vale, te pillo. Ok, entiendo tu enfoque".

En realidad lo yo que defiendo a capa y espada, y que se traslada a los deberes durante el curso escolar, es que queremos adultos sanos mental y emocionalmente, que sepan desconectar y, sin embargo, les estamos haciendo que adquieran el hábito de NO hacerlo.

Cuando volvemos a casa después de nuestro trabajo necesitamos desconectar --sé que algunos de nosotros, a veces, no tenemos más remedio que trabajar algo en ese horario,-- y la mayor parte del tiempo queremos y necesitamos hacer un parón para rendir mejor al día siguiente. (Como curiosidad, el hashtag #desconexión tiene más de 110.000 entradas solo en Instagram y casi en su totalidad, relacionadas con los tiempos de ocio).

Richard Gerver, uno de los gurús mundiales en temas de educación, sostiene que los deberes no benefician a los niños. Y la investigadora en temas educativos, Catherine L'Ecuyer, afirma que en España se tienen demasiados y los niños deberían jugar más... y no sólo jugar, debemos pasar más tiempo en familia. Cuando son pequeños NO necesitan deberes, necesitan jugar más e interactuar más con su familia e iguales al terminar el colegio; y cuando son más mayores, los "deberes" deben ser de otro estilo. Ese es el enfoque que da el nuevo y revolucionario modelo pedagógico The Flipped Clasroom, que es otra manera de trabajar al terminar la jornada escolar que fomenta el desarrollo de muchas competencias.

En la mayoría de las casas, el final del día se convierte en el único momento compartido por todos los miembros de la familia. Un momento corto que es necesario aprovechar para hacer cosas todos juntos, para compartir y comunicarnos, y no para encerrarnos cada uno en una habitación a "seguir con la tarea". Al final somos todos como islas individuales que compartimos poco tiempo y de baja calidad, y eso a la larga es un riesgo. Un día, de esa "habitación isla", saldrá un adolescente con barba y con voz de hombre al que no conocerás y dirás: "¿Quién eres tú y qué has hecho con un niño que entró ayer en esa misma habitación?".

Y no os digo nada la taquicardia que me produce tener que explicar alguna temática que ni me acuerdo, ni quiero recordar o peor, que no tengo ni idea y me toca estudiar para explicársela a mi hijo...¡Sudores fríos me entran!

No, no y no. Reivindico momentos de calidad en casa al terminar el día con mi familia. Momentos en los que podamos hacer la cena juntos, contarnos qué tal nos ha ido el día, quejarnos un poco, reírnos un mucho y, sobre todo, que podamos comunicarnos y hacer equipo. El tiempo y la vida pasa. Nuestros hijos se marcharán y lo que nos quedará es el vínculo que hayamos establecido desde bien pequeños con esos momentos compartidos.

Porque en el fondo, lo que cuenta, son esos ratos alrededor de una mesa en los que, sin necesidad de grandes banquetes ni ceremonias, vivíamos los momentos más dichosos al acabar el día...

Y de todo esto, quien sabe mucho es Ikea. Pincha y descubre aquí lo que es la Cenología