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Adriana Lestido: imágenes que convulsionan al alma

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Pretender definir la obra de la fotógrafa Adriana Lestido podría considerarse un ejercicio de introspección; una interpelación que está en cada imagen y en cada enfoque. Toda su obra es una conjunción de blancos, negro, grises, luz y más luz.
Ahora bien, intentar delinear a Adriana Lestido, a ella, es algo así como la búsqueda de la mujer que se metió en verdaderos laberintos, con el único objetivo de dejar huellas en las experiencias que carecen de luz.

Lestido no solo es una artista de la fotografía, sino que es una antropóloga de la imagen, una buscadora que, en cada trabajo, se internó en diferentes realidades para recortarles un instante. Ningún disparo de su cámara es casual. Quizás por eso el martes pasado fue lo más parecido a una rock star en el Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires -MACBA-, donde se expuso una muestra de algunas de sus piezas.

Este año ,el MACBA propone un ambicioso calendario de 10 exhibiciones en las que participarán 37 artistas, curadoras y profesionales del arte, y cuyo eje curatorial
será: Ellas. Política - Ficción - Creación. En clave documental, es esencial el rescate del trabajo fotográfico de investigación que propone Adriana Lestido, quien inauguró el ciclo Focalizaciones con la exhibición Algunas Chicas. En esta exposición -que finalizó el 1 de mayo-, se exhibieron 32 piezas pertenecientes a las investigaciones más celebradas de Lestido, como las series Hospital Infanto Juvenil, Madres adolescentes, Mujeres presas y Madres e hijas, todas realizadas entre 1986 y 1998.

La sala reservada para que Lestido pudiera conversar con su público se completó a las seis de la tarde. Afuera quedaba una fila de fans que esperaban que se reconsidere su situación y que las puertas del moderno museo se abrieran para todos. Adentro, en la sala, se veía a Lestido con la cabeza gacha. A lo lejos, parecía una pequeña mujer enmarañada en luces laterales que le impedían levantar la mirada. Pero no; ella miraba su celular porque alguien le avisaba de que afuera había público que se habían quedado sin poder entrar porque la capacidad de la sala estaba repleta.

- Me dicen que hay gente afuera. Háganla pasar, por favor. Que pasen, sí.

La respuesta del auditorio fue un aplauso cálido. Finalmente, entraron (mos) apretados, pero entramos.

La fotografía es el arte que llegó a la vida de esta fotógrafa "con tanta fuerza" después de la desaparición de su compañero en 1978, durante los años dictatoriales. Un año después, descubrió que la fotografía era lo suyo. Pasó mucho tiempo antes de darse cuenta de que la desaparición de su compañero tuvo que ver en esa elección: "Fue mi medio de expresión en aquel momento", rememora.

Lestido es quien, en 1982 -ya casi al final de la dictadura militar-, captó la imagen de una mujer con su hija en brazos, ambas con pañuelos blancos en sus cabezas, ese pañuelo blanco y argentino, de las madres de la Plaza, que simboliza la ruptura inesperada de un vínculo. En la imagen, la niña y la mujer gritan por su desaparecido. Ese fue el momento para registrar, no había otro más profundo y doloroso, y ese fue el ojo de Lestido. "Es una de las imágenes que más quiero. Lo que más me conmueve es cómo fue creciendo con el tiempo. Mucha gente conoce la foto, pero no me conocen a mí, y eso es muy lindo que pase, porque significa que la gente se la apropió. Esa imagen -con el tiempo me di cuenta- fue la que fundó todo mi trabajo: una madre, una hija, un hombre ausente, el vínculo, la simbiosis y la cosa guerrera, luchadora. Y es eso lo que desarrollé en mis cuarenta años de trabajo".

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La obra de Lestido hilvana historias de vidas. Así ocurre también en las imágenes tomadas en Hospital Infanto juvenil, Madres adolescentes, Mujeres presas y Madres e Hijas. Todas son vidas, vínculos, asperezas, pero también "luz".

Como cuando transitó por la experiencia de fotografiar a las madres adolescentes en el Hogar Amparo, que alberga a mujeres con hijos en situación de calle. Su lente no sólo documentó madres e hijos, sino que evidenció una situación: "Son chicas sin familias y sin pareja. De alguna forma, lo que la mayoría de ellas necesita es una madre. Entonces, tienen un chico para no estar solas."

En los noventa inició su recorrido por una cárcel de mujeres, en la localidad de Los Hornos, cercana a la ciudad de La Plata. "En aquel momento, tenía una mirada mas romántica de lo que era la maternidad en cautiverio, y empecé con esa idea. A la cárcel de Los Hornos la llamaban la cárcel madre, porque era la que albergaba más mujeres con chicos. La realidad es mucho más dura, porque estar presa es un estado tan extremo que excede estar con un hijo. Estar preso/a es básicamente no poder decidir, y de alguna forma, el chico es lo único de ellas y sobre lo único que ellas tienen el poder de decisión", reflexiona Lestido.

También resume ese trabajo como un síntesis de todas sus otras fotografías y relata que cuando inició la serie había mostrado a las presas fotos del Hogar Amparo, y que muchas de ellas reconocían el Hogar porque habían estado antes allí. Y es que, según Lestido "habían estado presas antes de caer en prisión, condicionadas por una vida muy dura. El trabajo de la cárcel fue el más duro, el más áspero y el más desesperanzado que hice."

No caben dudas, la obra de Lestido interpela al alma y puede hacer convulsionar al ser.

Su rutina diaria empezaba a las 8 de la mañana, hasta la tarde, y como no obtuvo el permiso para internarse en la cárcel junto a las mujeres, con el fin de ahorrarse el trajín del viaje hasta Los Hornos, se fue a vivir a un hotel. "Terminé reloca, con todo lo que absorbía en la cárcel y luego sola en una habitación de un hotel. Entré en una crisis profunda. No podía revelar los rollos. Entonces, me propuse volver a casa y descargar la presión. Las últimas veces, el cuerpo se me revelada cada vez que llegaba a la cárcel. Cuando me di cuenta de que mi trabajo estaba terminado, fue un alivio".

Madres e hijas

"El vínculo humano más difícil". Así define la fotógrafa a la relación entre madres e hijas. Retratar ese vínculo fue otro de sus objetivos. Esa fue su primera experiencia fuera de una institución. De hecho, ella conocía previamente a todas las protagonistas de sus fotos.

En la colección Madres e Hijas, una de las imágenes que más impacta es el nacimiento. El cordón umbilical como metáfora de la separación. Lestido se detiene en esa separación como dolor y como necesidad vital para poder estar vivas. "Porque si no se corta el cordón, muere la madre y el bebe". En Madres e Hijas se evidencia la simbiosis y el juego de espejo, de identificación tan típica en las relaciones de las mujeres con sus progenitoras. Esa relación de "identificación que atenta tanto en el desarrollo de la hija como de la madre", enfatiza la fotógrafa.

"Siempre me llamó la atención ver a mujeres de 60 años que siguen enrolladas con sus madres de 90. (Para mí) fue muy liberador, porque cuando mi madre murió, estábamos en plena tensión. Tuvimos una relación de mucho amor y mucho odio. Esta obra me llevó a entender a mi madre como mujer, más allá del vínculo conmigo y a comprenderme a mí. Fue entender el inmenso amor que nos tuvimos y que estaba desdibujado por la tensión. Es el vinculo humano mas difícil. Una mujer no es hasta que no rompe el rollo con su madre".

No caben dudas, la obra de Lestido interpela al alma y puede hacer convulsionar al ser, para poder así entrelazar los vínculos, la separación, el cautiverio, las asperezas y también la luz para entender (nos) en nuestra humana situación.

Las imágenes han sido cedidas por Macba para este artículo