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La Detroit de Europa

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Madrid es la ciudad más sucia de Europa. Perdón quiero decir "una ciudad muy limpia" según Ana Botella. Pero yo no puedo dejar de preguntarme en qué ciudad vive nuestra alcaldesa. No debe vivir en la misma que yo. La ciudad en la que yo vivo huele a orines y a basura, especialmente las mañanas de los sábados y los domingos. La ciudad en la que yo vivo vive instalada en un nivel de suciedad que se ha convertido en una de sus señas de identidad más deplorables y denostables. Tengo perro y como es pequeño hay veces que tengo que llevarlo en brazos -sólo pesa tres kilos- para salvar peligrosos obstáculos como botellas rotas, restos del botellón de la noche anterior, muebles abandonados o bolsas de basura destrozadas y con su contenido desperdigado a lo largo de toda la calle.

La señora Botella debe vivir en uno de esos barrios de clase alta en los que barren las calles varias veces al día o quizás en una de esas urbanizaciones de lujo en las que para entrar te piden el DNI y en los que no entra nadie que no viva allí. Pero en mi barrio sucede justo lo contrario. El centro de Madrid está saturado porque casi todo lo importante de esta ciudad está y sucede en un pequeño espacio: el centro histórico o almendra central. En esta parte de la ciudad están la mayoría de los cines, teatros, embajadas, ministerios u oficinas de atención al ciudadano y no digamos ya galerías de arte, museos o monumentos. Por eso esta zona de Madrid necesita de unos especiales cuidados, que sin embargo hasta ahora ninguno de los sucesivos próceres le ha prodigado, abandonada a su suerte lucha sin embargo por sobrevivir pese al abandono en el que se encuentra.

Vivo en el centro de la ciudad de Madrid, un lugar maravilloso por su arquitectura pero maltratado sistemáticamente por esta alcaldesa y por su antecesor en el cargo, el señor Ruiz Gallardón. Pero claro, ellos no son responsables de nada. Por eso la alcaldesa dice que el conflicto de la limpieza deben resolverlo entre los sindicatos y las empresas concesionarias. Claro que si estas no viesen recortados sus presupuestos por el ayuntamiento no se verían obligadas a despedir a mil personas o a recortar hasta un 40% los sueldos de los empleados. Por eso nadie sino el consistorio mismo es el origen del actual conflicto que mantiene en huelga a los servicios de limpieza de las calles y que acabará convirtiendo la ciudad en un estercolero en pocas semanas, de no remediarlo alguien.

Es cierto que los responsables iniciales de la suciedad son quienes ensucian las calles. Y es cierto que los madrileños no somos especialmente cuidadosos con nuestra ciudad, pero no vale poner la misma excusa que respecto a los incendios de este verano en Galicia puso el presidente de la Comunidad gallega, el señor Nuñez Feijoo, quien dijo que la responsabilidad de los incendios era de los pirómanos. De nadie más. Y sí, tiene razón en parte, los incendios los inician pirómanos, pero se olvida que de la actuación de los políticos, que son quienes nos gobiernan, depende que estos incendios se extiendan y lleven la destrucción a lo largo de muchos kilómetros. Porque si no hay retenes que mantengan limpios los bosques, si no hay vigilantes, si no se construyen cortafuegos, si no se llevan a cabo campañas de concienciación y de prevención o si no se ponen los medios suficientes para sofocarlos una vez producidos, lo que podría ser un pequeño incendio acabará convirtiéndose en un incendio de gigantescas proporciones -como algunos de este verano- que provocarán la absoluta destrucción de bosques enteros con su flora y su fauna incluidas... porque si ellos no están ahí para solucionar y para prevenir problemas entonces para qué están, me pregunto yo.

Con la limpieza de la ciudad de Madrid sucede otro tanto. Es cierto que los madrileños tenemos parte de la culpa, pero no veo campañas de educación tanto para adultos como para niños o jóvenes que vayan en la dirección de concienciar para que los ciudadanos sientan el espacio público como propio y lo cuiden. Tampoco veo en mi barrio policía de proximidad que vaya a pie y se entere de primera mano de los problemas de los barrios y que incluso pueda llegar a castigar conductas incívicas o sobre todo que pueda educar in situ a la ciudadanía sobre sus responsabilidades. La policía, hasta donde yo veo, pasa en sus vehículos, pero no vive en los barrios, al menos no en el mío. Tampoco veo en las zonas sensibles, casi siempre aquellas que más visita el turismo, un servicio de limpieza adecuado para el mantenimiento de unas condiciones óptimas de higiene.

La alcaldesa del PP defiende que Madrid es una ciudad muy limpia basándose en que aquí la basura se recoge a diario, contra lo que sucede en muchas otras ciudades europeas. Pero olvida que Madrid es una ciudad en la que en una sola calle puede haber más bares que en toda una ciudad del norte de Europa y que los bares necesitan sacar sus residuos a diario para evitar problemas sanitarios y de malos olores porque en Madrid, por ejemplo en verano, superamos a diario los treinta grados de temperatura e incluso los cuarenta. Ella olvida que Madrid es una ciudad que vive del turismo y por esa misma razón el turismo se está olvidando de esta ciudad sucia y llena de carencias. El turismo está dejando de venir a una ciudad que se está convirtiendo poco a poco en un desierto cultural en el que las salas de teatro o de conciertos, cines y galerías de arte están cerrando al no poder soportar la crisis y la escasez de ayudas. Una ciudad que al paso que va acabará convirtiéndose en la Detroit de Europa.