Que los partidos de izquierdas y derecha logren acuerdos en determinados temas solo es posible en aquellos casos donde no hay un irrenunciable contenido ideológico, de lo contrario los planteamientos son tan distantes que no lo permitirán.
En el área de Justicia, la mayoría absoluta del PP sabe perfectamente a qué ha venido, a qué intereses sirve y qué es lo que está haciendo. Es bueno que todos los demás seamos conscientes también.
Si tuviéramos un presidente de Gobierno receptivo, atento a lo que dice la sociedad, y menos enrocado en eso que llama sentido común y que sólo tiene sentido para él mismo y su reducido entorno, pensaríamos que había llegado el momento de, al menos, un relevo en las carteras. Pero no cabe pedir peras al olmo.
La juventud es algo pacífico e inocente por naturaleza. Esto es lo que se dice a nivel teórico. Pero, entonces, ¿quiénes son los violentos que han tirado huevos a la policía pacífica durante las protestas celebradas desde septiembre pasado? Lástima, son también jóvenes, pero de los malos.
La persona más autorizada para opinar sobre economía no está a todas horas en televisión, no se lo rifan para entrevistarlo ni le invitan a las tertulias. ¿Por qué? Porque es aburrido. Tiene datos, argumentos y razones. Es culto y tiene mundo, pero aburre. No vende, no impacta, no emociona.
Nos llaman terroristas y analfabetas, y, mientras tanto, Gallardón nos muestra su cara más dura. Mientras nos quita nuestros derechos intenta convencernos de que nos hará un gran favor, y es que algunos aprendieron mucho de la Sección Femenina, aquello de que las mujeres debíamos "aguantar por nuestro bien".
Tres años después, Rajoy, ya como presidente del Gobierno, se agarra al mismo argumento que usó Zapatero para abandonar su programa: Evitar el rescate. La intervención sirve en ambos casos para justificarlo todo.
Más de seis millones de españoles en paro, seis de cada diez jóvenes no tienen un puesto de trabajo y el Gobierno, lejos de claudicar en su estrategia de recortes, seguirá cumpliendo, incluso más allá de lo que se le exige, con quienes insisten en mantener viva una política errónea de ajuste del gasto. ¿Cómo no insistir en la necesidad de que el Ejecutivo dé un paso atrás y abra, de una vez por todas, el camino que conduzca a un pacto social y político de Estado que explore las vías de crecimiento y prosperidad en una sociedad condenada a prolongar su frustración y empobrecimiento?
Alemania no es la responsable de la imposición de una política de austeridad a ultranza y palo seco que está devastando las esperanzas de millones de europeos. Hilemos un poco más fino: la autoría de tal política tiene nombres, que no son otros que Angela Merkel, la CDU y las clases dominantes del país.
Bajo la promesa de no citar nombres, un todopoderoso hombre del PP asegura que "un tesorero cabreado puede llevarse a varios presidentes por delante. Pero si alguien puede zafarse, ese es Rajoy".
¿Quién dice la verdad y quién miente? ¿El PP, que habla de más de 5.000 viviendas desocupadas, o la Junta, que habla de "casos puntuales"? A la vista de las cifras publicadas es muy probable que ambos estén exagerando sus argumentos.
Vivimos un período histórico reaccionario (con breves recesos progresistas) y hay que salir de este estado de cosas lo antes posible sino queremos que esto acabe muy mal, especialmente para colectivos como el LGTB o como las mujeres.
Tiene su gracia que el extesorero pueda dinamitar una carrera tan brillante. Al final, Cospedal puede acabar compartiendo con el exjuez Garzón más de lo que imaginaba. El silencio sepulcral del Gobierno es un síntoma de lo sola que se está quedando en esta batalla.
Para defender su fraude electoral (Rajoy está gobernando con un programa no legitimado por el voto) el presidente lleva empleando, desde que ocupó el poder, la falacia del falso dilema. Lo dijo bien claro, hace pocos días y lo ha reiterado en el debate del estado de la nación: "O cumplía con el programa electoral o cumplía con mi deber".
El debate deja tras de sí un presidente que ha salvado la cita parlamentaria más importante del año gracias a la debilidad de su principal oponente. En el PP respiran aliviados, pero saben que en la calle la contestación popular sigue siendo la misma que ayer.